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Mi jefe, mi Alfa

Mi jefe, mi Alfa

5.0
19 Capítulo
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Clara Rojas, una joven con un pasado marcado por la tragedia, encuentra una nueva oportunidad en la empresa Wolf y Asociados. Pero su primer encuentro con el enigmático dueño de la compañía, Hernán Selton, despierta una conexión inexplicable y eléctrica. A medida que Clara se sumerge en su nuevo trabajo, lucha por desentrañar los misterios que rodean a Hernán, mientras lidia con las complicaciones de su pasado y las intrigas del presente. Sin embargo, lo que Clara no sabe es que Hernán oculta un secreto oscuro: es un hombre lobo atormentado por la creencia de que Clara, una humana aparentemente normal, es su pareja destinada. ¿Podrá Clara resistirse a la atracción magnética que siente por su enigmático jefe, o sucumbirá ante un destino que parece haber sido escrito en las estrellas?

Capítulo 1 Primer encuentro

POV HERNÁN

Sus zapatos hacen eco en la oficina ni bien entra. Sus labios, pintados de un rojo intenso bastante llamativo, tiemblan un poco en cuanto me ve. Su cabello oscuro, largo hasta la cintura, hace contraste con su tez pálida y sus ojos, de color pardo, me miran con una mezcla de interés y temor.

Le hago un gesto con la mano para que tome asiento frente a mí y alisa su camisa color verde agua antes de sentarse.

Me aclaro la voz antes de hablar.

—Bien, soy Hernán Selton, dueño de la compañía Wolf y asociados —me presento. Ella asiente con la cabeza—. Usted es Clara Rojas, ¿verdad?

—Así es —responde en un murmullo apenas audible.

Estiro mi mano para estrechársela y, en cuanto tengo contacto con su piel, una corriente eléctrica me invade de pies a cabeza, provocando que retire mi brazo con rapidez y brusquedad. Trago saliva con fuerza.

—¿Está bien, señor? —me pregunta, notando que quedé paralizado.

—Sí, perdón, voy a buscar algo de agua… —respondo levantándome con torpeza.

Me dirijo al dispenser de agua y lleno un vaso, el cual vacío de un trago.

¿Es posible que ella sea mi pareja? No, no puede ser, es humana. No huelo a su loba, y mucho menos tiene un aura reconocible.

Sacudo la cabeza, quizás es sensación mía, debe ser que solo me parece atractiva. Sí, seguro es eso.

Acomodo mi corbata antes de volver a sentarme frente a ella y dirijo mi atención a los papeles que tengo sobre el escritorio.

—Bueno, señorita Rojas, comience por explicarme porqué desea el puesto como mi asistente y porqué debo dárselo —exijo.

Ella se remueve en el asiento, está un instante en silencio y suelta un suspiro.

—Deseo el puesto porque necesito el trabajo y debe dármelo porque soy responsable, diligente, capaz y muy trabajadora. Puedo trabajar haciendo horas extras ya que no tengo cosas en mi vida personal que me roben el tiempo —replica con seguridad.

Anoto esas cosas en mi libreta y la miro con interés.

—¿A qué se refiere con “cosas que me roban el tiempo”? —quiero saber.

—No tengo hijos, no estoy casada ni en pareja, tengo mucho tiempo libre —contesta encogiéndose de hombros.

«Eso me interesa», pienso.

—¿Tiene algún título universitario? —inquiero.

—Tengo conocimiento en administración de empresas, pero no tengo el título… —Antes de que le pregunte el motivo, ella prosigue—. Tuve un accidente hace unos años, paralizó mi vida por completo y tuve que dedicarme a mi recuperación al cien por ciento, por lo que me hizo dejar los estudios de lado, y ahora no puedo volver ya que necesito trabajar para pagar los gastos médicos.

—Lamento mucho que haya pasado por eso, señorita Rojas… —digo con sinceridad.

—Gracias, pero, de todos modos, no quiero el trabajo por lástima, sino porque realmente estoy capacitada para el puesto —agrega con tono seguro. No se parece en nada a la mujer tímida de hace unos minutos, lo cual me deja sin palabras.

—Bueno, en ese caso, voy a leer nuevamente su currículum y recursos humanos la estará llamando en el transcurso de los días para avisarle si queda en el puesto o no —contesto.

Ella asiente y nos ponemos de pie al mismo tiempo.

Evito darle la mano, pero ella la extiende y no puedo ser descortés.

Ahí está de nuevo, la maldita corriente eléctrica.

—Hasta luego, señor Selton —expresa, dando media vuelta.

No puedo evitar mirar las curvas que su falda lápiz deja a la vista. Sin dudas, tiene un cuerpo perfecto.

Ni bien desaparece por la puerta, suelto toda mi respiración en una exhalación pesada, y masajeo mis ojos para calmar mi estrés.

¿Qué mierda es esa corriente eléctrica que sentí al tocarla? Según dicen, esa sensación es la que el lobo tiene cuando encuentra a su pareja, ¡pero ella es humana! ¿Cómo la diosa me va a emparejar con una humana? Imposible, no hay casos así en el mundo sobrenatural.

Además, decidí alejarme de la manada y vivir en el mundo real para no tener pareja, ni compromisos, y mucho menos dejar un legado.

Me recuesto en mi silla, tratando de ordenar mis pensamientos. No puedo permitir que una simple entrevista de trabajo me perturbe de esta manera. Pero esa sensación, esa extraña corriente eléctrica al tocar a Clara, sigue retumbando en mi mente, desafiando toda lógica.

Me obligo a concentrarme en los documentos frente a mí. Reviso el currículum de Clara, pero mi mente sigue divagando. ¿Qué está pasando? ¿Por qué reacciono así ante ella? Es solo una humana, una empleada potencial, nada más. Aunque algo en su presencia me perturba profundamente.

Decido que necesito respuestas. Me levanto de mi escritorio y camino hacia la ventana, mirando hacia el bullicioso paisaje urbano más allá. Mis pensamientos están en un torbellino, tratando de encontrar alguna explicación lógica para lo que acaba de suceder.

¿Y si… y si ella no es solo humana? ¿Podría ser posible que haya algo más en ella, algo que no puedo percibir de inmediato? Mi mente se llena de dudas y preguntas sin respuesta, pero antes de que pueda profundizar en mis pensamientos, mi teléfono suena, interrumpiendo mis reflexiones.

Es mi asistente, la cual está embarazada y por eso necesita un reemplazo, recordándome mi próxima reunión. Respiro profundamente, tratando de despejar mi mente de pensamientos intrusivos. No puedo permitir que esta situación interfiera con mi trabajo. Debo mantenerme enfocado en los negocios, en el éxito de mi empresa.

Con un esfuerzo, vuelvo a mi escritorio y me sumerjo en la preparación para mi próxima reunión. Pero a pesar de mis mejores esfuerzos, la imagen de Clara Rojas y esa inexplicable corriente eléctrica persisten en mi mente, como un enigma sin resolver que se niega a desaparecer.

Necesito más información. Tal vez haya algo en el historial de Clara que arroje luz sobre esta situación. Abro mi computadora y comienzo a buscar su perfil en línea, revisando sus perfiles en redes sociales y cualquier otra información disponible.

Sin embargo, mientras navego por las páginas web, una voz en mi mente me advierte que estoy cruzando una línea. ¿Qué derecho tengo de investigar la vida personal de alguien de esta manera? Pero a pesar de mis reservas, no puedo evitar sentir una urgencia desesperada por comprender lo que está sucediendo.

Finalmente, después de una hora de búsqueda que no dio frutos, cierro la computadora con frustración. No he encontrado ninguna respuesta, esta mujer ni siquiera tiene perfil en redes.

Me siento agotado y confundido, pero también determinado a descubrir la verdad detrás de esta misteriosa conexión con Clara Rojas.

Y es por eso que la voy a contratar.

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