ana
taba en silenci
temente s
adura, lo que significaba que aún n
arrog
ándome, así que ¿para qué g
nte a la recá
estaba d
s enre
empalagosamente dulce, com
parté el cuadro que ocultaba
caja fuerte esta
mago se
a
parcidos. El efe
de terciopelo
lo de m
de diamantes, tallado a
que me qued
cabas
vuelta br
marco de la puerta, envuelta
daba h
una cadena de oro barata, c
dena a través de la banda,
e. Mi voz era b
era -dijo, sonriendo-. Dijo que dejaste t
madre. No es propiedad
aso hac
, sus ojos se desvia
ó-. ¡Damián, me
esuradamente del baño, con una toalla env
onios est
queó Jimena, agarrando el anillo-.
n -dije, señalando el pecho de J
el anillo,
a. A Jimena le gustó. Te
tiene ochenta años. Es l
de hombros, completamente indi
ám
ncé sobr
imarla. Solo q
hilló y tiró
llo y arrojó el anill
ra
o fue re
do de la montura y ro
e dobló por la fu
s pedazos rotos del
ro de mí
a Jimena. Estaba sonr
bofe
ento calculado.
on su mejilla con
na g
s el mu
ía agarrado p
e ap
emp
jó con
, mis pies enredánd
a
ra la esquina de la pesada
alló detrás
uego se desvaneció en un
l suelo,
Mis dedos volviero
pie sobre mí, con
do, vi horro
menzó, dando u
s Jimen
n, el estrés! ¡Me
e detuvo
angrando e
miró a
la es
rrulló, rodeándola con sus brazo
ncor
ción se i
a el tocador y e
banda de o
pie, tamb
el costado de mi car
ián
Estaba acariciando
n Cast
ima del homb
. Antes de que l
mi puño hasta que el me
termina
ya no t
la cabeza. Y acabas de romper e
-dijo, agitando l
momento, Damián. Porque este es e
a
é la sangre
ortero l
as del elevad
mundo viera có
rré a las puertas del elevador q

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