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a hacia el altar. Desabrochó su pesado cinturón de
nder a respetar
desastre sangriento. Todo porque su amante, Sofía, me había
dudó. Solo quería castigar a la e
mi piel, no grité. Solo con
n se lanzó al lago congelad
ien recibió una navaja po
de Sofía, que ell
sangrado por él. Y a cambio, me marcó pe
etas, firmé los papeles del divorcio y juré
o las tablas del suelo. Leyó la verdad sobre quién lo salvó real
el concurrido vestíbulo de un hotel y me
re que me ro
amián -dije suavemente-. Porqu
ítu
e vista
a me atravesara el cráneo fue la voz de m
milia Villarreal -les dijo a mis s
línea s
tí el
ez años de amor no correspondido di
de un aire que olía a sándalo y whisky
e abrieron
na bodega atad
enda Villarreal, mirando el familiar techo
o descansaba s
con
n martilleando contra mis
arreal dorm
a. Era el segundo al mando del Cártel del Norte en Monterrey, un hombre que había ma
re que acababa de s
, dentro d
j digital en la mesita de noche.
s años en
a perfecta de un narco. Seis meses en los que intenté que me viera como algo
andíbula afilada, las pestañ
amor surgiera, p
cho. Ninguna urgencia
ío y hueco donde so
nté su pesado bra
en sueños. Su mano se disparó, agarrando mi
ra áspera por el s
Me habría acurrucado de nuevo junto a él
en mi muñeca como
año -
provista de la calide
la vuelta, ignor
ta con seguro, apoyándome en
en el
is ojos brillaban, aún no apagados por añ
de mármol hasta que mis n
ir en esa bo
gando afecto de un hombre que me cambiaría
, frotando para quitar la sen
con una blusa de seda negra y pantalones, una arm
ma, frotándose la cara. Miró m
na -dijo, con la voz pas
-d
spendida en el aire
había dic
ojos, el sueño desap
Otro berrinche porque a
-dije, tomando mi
n qu
icenciado
ecía de humor. -¿El consejero? ¿Por qué necesit
egir un er
ré su r
n, dejando la puerta
niebla de la madrugada reflejando l
fluorescentes. Había sido el consejero de mayor confianza del vi
ie cuando entré-. ¿Está todo
ije, cerrando la puerta-. Necesit
undido. -Por supuesto. ¿Qué necesitas? ¿Un ajuste
de separac
de Morales de
ojos desorbitados
abras con cuidado-. Eres una Villarreal. N
nterrumpí, mi voz afilada-. Y e
sto -advirtió Morales-.
su advertencia-. Deja claro que no quiero nada. Ni p
la voz a un susurro-, y Damián se ente
ad de esas palabras resonando en la silencios
na hora, el chasquido de las teclas
resora
tibio sobre el es
a? -preguntó
la
d
mi n
na G
illa
a oficina se abrió de golpe, rebotando con
allí, llenan
staba deshecha, su pecho subía y ba
abitación con una autoridad aterradora-. ¿Te vas de mi cam
o y me arrebató el pap
el tí
se volvie
usurró, el sonido bajo much
e* me miró, por pr
Esperaba ver una treta
uertos de una mujer que ya lo hab
o, Dami
, sus nudillos tensos-. ¿Crees que puedes s
storbo -respondí con calma-. Est
nvadiendo mi espacio personal con su abrumadora presencia-.
isando mi blusa-. Enmárcalo. Quémalo. No me importa. Pero me
lado hacia
re brutal, tratando de intim
o un juego pe
, luego sus
berando mi brazo con una fu
ndonando l
mirando una puerta vacía, sosteniendo un trozo de papel arrugado

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