e vista
gmentos de vidrio de mi piel, una excavación ted
desde la muñeca hasta el codo; mi costado est
gó de la cuenta
trar a la fuerza
entrar, me arrancaría cada uno de los
los ojos y
, firmando los formularios de liber
o al estéril apartamento de la ciudad donde Damián
lo necesitaba mi pasap
como una pesada construcción
estuviera allí
sofá, bebiendo un vaso de wh
os estaban inyectados en sangre
-dijo, su
osas -respondí,
él hacia el estudio,
ntó, tambaleándose ligera
ada de qu
tamudeó, acercándose-. No quise empuj
a ella -terminé
o por su cabello desordenado-. No es como
uve en
l movimiento tirando
ceniza-. ¿Porque soporté los azotes? ¿Porque soporté
geló.
sestimando la revelació
familiar-. No te vas. Me necesitas. ¿Quién más te va a proteger?
n -dije suavemente-. Me
l de la narrativa-. Necesitas un hombre para sobrevivir en este m
ír
parpadeó detrás de sus ojos-. Volver
é eso con un
saporte y el fajo de dinero de emerg
a sala, el espac
abía
un murmullo baj
ace
estaba
imera de mármol, comiend
ba de pie ent
descansando contra la de e
mismos brazos que habí
yeron a
vé por un
na perfecta
scuro y su fr
ación en mi pecho, no
uido final d
en la
n salto como adol
el jugo del labio. Damián pareció culpab
te habías
mano en
separación que Mor
con una sola gota de mi
la encimera ju
y ahor
a D
os ojos, despojándolo de
derecha, la que
l Silencio -declaré, mi voz cortando
abrieron de horror.
digo era vinculante. E
avés de mí-. Que rompo mi lazo contigo. Y si alguna vez vuelvo a amarte... si a
uedó en un sile
do de electricidad, pes
la boca ligeramente abierta, e
papel, su mano temb
un cuchillo de pe
o, intentó
ededor de la hoja, cortan
nte, goteando sobre el impec
e in
ró el
e miró
aterro
tractarte de
ro hacer
la v
camente en el suelo, una cuen
cio, y hacia la cegadora luz
un
acional de Monterrey
é haci
graba en el suelo, mirando una puer
nalmente es
ro habí
e se quedó so

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