e vista
en mi mesita de noche duran
diez años de
a habría quemado hasta
o era la esposa decorativa de un hombre que me despreciaba, una m
stido que costaba más que el c
a italiana, y cubría cada centímetr
a rec
decir
s que apenas reconocía. Eran mayores, más suaves, sus vidas es
un agua mineral, sintiéndome como u
ena
g
ara y
Miguel parecía cansado, su línea de cabello retrocediendo,
-corregí automáticame
e par en par al registrar el nombre-. La fa
pregunté, m
rca, el olor a vino barato en su aliento
ceño. -¿Un
u cerveza-. Todo el mundo conoce la historia. Segu
gre se
sado en esa
ablando -dije, volvié
que el director las borrara. Recibiste una navaja en el brazo por Damián Villarreal. L
a que mis nudillos
La pistola de Damián se cayó a través del hielo. Te zambulliste. Todos pensamos que estabas muerta. Salist
con el aliento atrap
e nadie
sido invisible
o a colación? -preg
soñadores-. Lo amabas incluso entonces. Y ahora
nto de
e el final estaba escri
-dije suavemente
llamas a sal
no de det
ra. Aterradora
n de baile pareció
vuelta. No t
sen
Villa
. Balbucearon excusas y desaparec
é lent
e negro que le quedaba
s civiles. Un lobo acechan
ón que no pude leer, algo
ste en el
una p
uve
ó la pistola -dijo, su voz baja
muchas cos
o mi oxígeno-. Tenía el brazo roto. Estaba conmocionado. Recuerdo que al
era ella -te
ntira en mi rostro, dese
-preguntó. Su voz era áspera, c
mportado?
ra responder, pe
or ti, Damián. Si hubieras sabido que fui yo
ó en si
emente me habrías odiado por
stre
o, pero lo vi. Una griet
dijo, agarra
mi prop
l coche
aile, a través del vestíbulo y h
trajo s
coche depo
l asiento d
e un portazo, el sonido r
ndió el
volante, sus nu
ntó, mirando por el
z hueca-. ¿Deshace los latigazo
ió para
emolinándose con una turbulencia que
ena
léfon
ñicos el momento en fr
la pa
fí
u
ndo la mirada-. Probabl
nó el
a través de los altavoces-. ¡Ayud
e Damián se
ecieron, reemplazados instantáneamente por
estás?
ge -sollozó-. ¡Por favo
ea se
l motor rugió como una best
me
untó si qu
ntrada, con los neumáticos chirriando, cor
a ciudad desdibujarse, dándome cuenta de que ni siquiera la verd

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