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envolviendo las farolas de gas en un halo amarillo y enfermo. Para Eleanor Vance, el frío calando sus hu
de bronce. Cualquier oficial de la ley habría visto eso como evidencia suficiente para acusarla de brujería. Pero Elea
ordomo de rostro pétreo al ab
ondió, manteniendo la mirada fija en el hombre. No mencionó que el anuncio le había sid
uelta en un silencio antinatural. No había música, ni risas, ni el tintineo de la porcelana que solía acompañar a las c
nte una puerta doble reforzada con bandas de hierro, un detalle
nit y el tiempo apremia -susurró el sirviente con un destello de compasión e
espuesta, abr
estaban echadas, bloqueando cualquier rayo de luz vespertina. En el centro
gida. Pero cuando Eleanor se acercó, el olor la golpeó: no era el aroma de lavanda y tabaco que esperaría de un caball
llón con tal fuerza que la madera crujía. Sus nudillos estaban pálid
subyacente que hizo que el vello de la nuca de Eleanor se erizara-. No quiero a una chica asustadiza que s
na mesa auxiliar y comenzó a sacar sus instrumentos. El sonido, milord -dijo con firmeza mientras preparaba un mechero de alcohol-. He visto la muerte de cerca tantas veces
o, estaban inyectados en sangre, con las pupilas tan dilatadas que apenas dejaban ver e
e. En menos de tres horas, mi columna vertebral se partirá en dos, mi piel se rasgará y lo que quede de mí qu
ía como electricidad estática. Extendió la mano, y por un momento,
la licantropía, Lord Al
al azul cobalto. Dentro, un líq
cambio, pero adormecerá sus nervios. Su mente permanecerá en la superficie mientras el lobo i
e instante, la bestia retrocedi
l, su voz apenas un susurro-. Ninguna cant
o bajo la tenue luz de las velas. Se arrodilló ante él, una posición d
dió ella, buscando una vena en el antebrazo tenso del conde-. Usted es un hombre que
la jeringa con su sangre provocó un siseo, como agua sobre carbón caliente. Una línea
la muñeca de Eleanor. Su agarre era como una trampa
a los ojos con una intensidad desesperada-... si el venen
íg
. No intente salvarme. Corte mi garganta
ropia palma. Era un ritmo salvaje, rápido como el de
ficiente plata para calmar a un regimiento. Y me quedaré aquí toda la noche para ase
tano de la mansión Thorne, Lord Alistair soltó un grito que comenzó como humano
e Eleanor ha

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