ilencio sepulcral que se había formado. Valentina se quedó paralizada
agachándose instintivament
a imponente se detuvo justo frente a ella, bloqueando la luz de las lá
sastre. No parecía molesto por el desorden; de hecho, ni siquiera miraba el suelo. Su mirada e
grito, sino un rugido bajo que vibró e
io cuenta de lo pequeño que era su mundo frente a
lo limpiaré de inmediat
rumpió él, ignora
ban tan dilatadas que casi borraban el iris, y un brillo dorado, salvaje e irracional, bailaba en las profund
untó, inhalando profund
hoguera ardiendo bajo la piel. Valentina sintió una chispa eléctrica recorr
ina Ferrer -susurró
como si fuera una sentencia-. Hueles a dest
mpresa y las modelos de alta sociedad observaban con confusión y envidia cómo el
rozó la mejilla de ella con el dorso de sus nudillos. Valentina se estremeció. No e
rso... -intervino un asiste
e cerró con firmeza, pero sin lastima
resonando en todo el salón-. Esta noche he encon
ar hacia la salida privada, a
-protestó ella, intentando zafarse, pero era
hacia ella y, frente a las cámaras
da, Valentina. Desde e

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