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ra proteger a mi frágil hermanastra Clara, aceptó
me prometieron que era algo temporal. Me juraron que me esperarían, que se e
con un aire frío y vacío. No habían venido. Estaban todos en una fiesta, celebrando el cumpleaños de C
vida mientras yo no estaba. Julián, el hombre que había jurado amarme, había caído en la trampa de "fragilida
eron que volvería a ceder por e
scubrir cuán fatalmen
ítu
fuera. Un año es suficiente para qu
o de fraude financiero que debería haber arruinado su vida. Mi prometido, Julián de la Torre, y mis padres, los Cantú, me asegur
er, un prometido que me amaba. Estaba a salvo. M
ompió el día de
de pie bajo el viento frío de la mañana, pero no vi ninguna cara conocid
para tomar un taxi y fui directo a la empresa de Julián, el Grupo de
ú, el señor De la Torre n
usado una vez cuando lo perdió en un estacionamiento gigante. El punto brillante en la pantalla de mi teléfono no estaba cerca de su
, apretándose con cada kilómetro. La dirección me llevó a una enorme mansión moderna, con las lu
piso al techo, vi una escena que no tenía sentido. Y entonces, lo vi a él. Mi prometid
unos cuatro o cinco años. El niño se reía, sus m
estaba a su lado, con la mano
a Ca
como una madre feliz y la señora de la casa. Se rio, un sonido que recordé con un escalofrío, y se inclinó para besar
mbaleó. Retrocedí hacia las sombras de un
de la puerta del patio, que
Clara, su voz goteando satisfacc
con un afecto que ahora me daba cuenta de que nunca había recib
nada? -preguntó Clara, su tono cambiando li
n casual que me robó el aliento-. Está tan agradecida de tener
vía piensa que te vas a casar con ella. Todavía cree q
No fue un son
. Todos te la debemos. Esta casa, esta vida... es lo meno
a su historia de un colapso nervioso fue una act
en esto. El dinero para esta vida de lujos, para esta familia secreta
ncontrado después de una infancia en orfanatos- era un escenario cuidadosamente construido. Y yo era la t
cuerpo temblaba tanto que apenas podía girar la llave en el encendid
unta. Agotador. Te extr
verdadera familia, fue el golpe final. El mundo no s
ellos no podían controlar. El dolor era un peso físico que me aplastaba el pecho
atética. Pensaron
descubrir lo equi

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