a cascada de luz dorada sobre la élite de la ciudad. El murmullo refinado de las conversaciones se mezclaba con las notas de un cuarteto de cuerdas que tocaba
a no era la misma
como una muñeca de porcelana frágil y manejable. Llevaba el vestido rojo sangre. La seda carmesí se adhería a sus curvas con una elegancia letal, y la espalda al descubierto desafiaba las normas conse
uvo la barbilla en alto, sus ojos avellana recorriendo el salón con
a primera en acercarse f
ar" el vestido durazno que Camila supuestamente iba a usar. El objetivo original de Valeria era lucir como el ángel protector junto a la tierna y sosa heredera. Al ver a Camila irradi
acia ella con los brazos abiertos-. ¡Estás... estás diferente! ¿Qué pasó c
to. El perfume floral de Valeria le trajo un recuerdo fugaz de su lecho de muerte,
lo suficientemente alto para que los curiosos alrededor escucharan-. Me di cuenta de que el
Valeria, aunque su mirada se desvió rápidame
esa mirada de
li
án, pero su atención estaba clavada en Camila. En la línea temporal original, él había estado observándola como un lobo evalúa a un cordero descarriado
as -dijo Valeria, tocándole el brazo con esa familiaridad que ante
ue estaba por suceder. Valeria no iba a buscar un
ocidos de sus padres, hasta que el mesero había tropezado "torpemente", derramando un
spejo barroco en la pared opuesta, vio al joven mesero acercarse. Llevaba una bandeja plateada con cuatro copas de vino tinto llena
no... contó
gemido exagerado de sorpresa y la bandeja se inclinó hacia adelante, proyecta
y elegante, como si estuviera ejecutando un paso de vals, girando sobre sus tacones justo en el
as
manchando los zapatos y el borde del vestido color perla de una mujer que estaba detrá
un silencio sepulc
o horrorizada las manchas oscuras que
amila con genuino pánico. Ella lo observó desde arriba, intac
autoridad en el salón silencioso-. Pudo haber sido un desastre. Afortunadamente, me moví a tiemp
las miradas de lástima de la alta sociedad se posaban sobre ella. El plan maestro de
leria, retirándose a paso apresurado, olvida
nte. Primera victoria.
ra al balcón trasero, donde ocurriría el encuentro planeado. Como el accidente no ocurrió, la lógica dictaba que ella se quedaría en el sa
piró, tomó una copa de champán de una bandeja cercana y se dirigió del
piedra blanca, y estaba tenuemente iluminado. Tal como lo recordaba, estaba vacío. Apoy
s cuando escuchó los pes
lmente con el evento. En su vida pasada, el olor a alcohol barato y sus sonrisas lascivas la habían paralizado de terror. La habían aco
la oscuridad? -dijo el más alto de los tres, dando u
oyando su cadera contra la piedra, y le dio un sorbo a su champá
gélida que el hombre parpadeó, desconcertado-. O quizá esperando a que el cobard
nerviosas. Ese no era el guion. La chica
emos hacerte compañía -insistió otro, intent
a copa. Su mi
ional y sé que el hombre del esmoquin negro que espera detrás de esas cortinas los mandó aquí. Si no dan la vuelta y desaparecen de este hotel en los próximo
al que emanaba de Camila no dejaba lugar a d
D
eron hacia las escaleras laterales del jardín trasero
chón de cabello detrás
as dobles del salón se abrieron
a usted bien? Vi a unos
ulpida en el rostro. Pero las palabras se le murieron en la boca cuando vio el balcón completamen
fecta-. Creo que el exceso de champán le está haciendo ver aluc
ia de sus cómplices y la fría actitud de la mujer. Se aclaró la garganta y forz
eí escuchar voces y me preocupé por su seguridad. Una
encendido un rubor en sus mejilla
u encanto estaba funcionando a pesar de los contratiempos. Pero Camila no se detuvo a coqu
cortante, sin mirarlo-. Pero detesto a los salvadores que llegan tarde. Especia
balcón, con la sonrisa petrifi
ante y poderoso. La primera trampa había sido desmantelada, y el cazad
en la zona VIP elevada. Allí, sentado en un sofá de cuero oscuro, rodeado por un aura de intimidaci
nt
oponerle un pa

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