os zapatos negros de suela barata. El aire en el interior del Oak Creek Country Club estaba viciado, espeso con el olor a pollo as
e frotó la sien derecha. La jaqueca amenazaba con instalarse detrás de sus ojos, pero se obligó a sonreír
sándole un pequeño plato con un trozo de pastel de chocolate a esc
a, alcanzando sus ojos oscuros y borrando
rtha. Eres u
aplastarla. Sienna tomó el plato y se dirigió hacia la pequeña sala de descanso del personal, ub
nquete de bodas, podría pagar la reparación del calentador de agua antes de que llegara el invierno y, con suerte, le sobraría lo suficiente para comprarle a Mila ese
partido en dos. Cinco años desde que había sido una joven e ingenua pasante en Nueva York, llena de su
n abismo de dolor que no se podía permitir. El recuerdo de esa semana de pasión devoradora en su ático, la forma en
e presidencia, solo para que la secretaria personal de Nikolai, una mujer con voz de víbora llamada Elena, la destrozara: "El señor Volkov no tiene interés en su patético intento de extorsión, señorita Moore.
ciado su pequeña cuenta de ahorros, había cambiado de número, se había mudado a tres estados de distancia y había enterrado
e descanso, empujó la
tha te ha... -Las palabr
taba cubierta de crayones,
era una niña obediente, pero también increíblemente curiosa y audaz. A veces,
plato sobre la mesa y sal
ador, comenzó a bombear adrenalina en su sangre. Aceleró el paso, sus tacones bajos repicando
una mesa auxiliar y se dirigió hacia los baños de la zona VIP. El pasillo estaba
, señor gigante.
na y salva, aunque mortificada por la fal
oblando la esquina-. ¡Por el amor de Dios, Mila,
ia si era necesario para no perder su empleo. Pero entonces, sus ojos se alzaron
reció del pasillo como si hubieran abi
cto contra el suelo de madera resonó con un estruendo ensorde
an
s rodillas amenazaron con c
estab
ai Vo
oscura, y su postura irradiaba una autoridad tan absoluta que hacía que las paredes del pasillo parecieran encogerse a su alrededor. Estaba más imponente que en sus recuerdos,
estaba
icrosegundo, Sienna vio la conmoción en el rostro del magnate. Vio cómo las piezas del rompecabezas encajaban en su mente letal. Vio c
ria pura, frí
do por cinco años de miedo, se apod
pronunciando su nombre como si fuera una maldición, un
adas desesperadas, se interpuso entre Nikolai y su hija. Se agachó en un movimiento fluido, agar
s! -se quejó la pe
e saltar sobre su presa. El hombre que la había desechado como basura, el hombre cuya gente la había amenaza
No te atrevas a m
enna, su voz temblando con
una de esas manos gigantescas. Giró sobre sus talones, abrazando a Mil
avesó la puerta batiente de la cocina empujándola con la espa
ué pasa? -gr
o de la noche de otoño la golpeó en el rostro, quemándole los pulmones. Atravesó el estacionamiento de grava, sus zap
radura. Abrió la puerta trasera, metió a Mila en su silla de seguridad con manos torpes pero rápidas, abroch
gir débilmente. Sienna pisó el acelerador, las llantas derraparon sobre la grav
curidad de la noche devoraba el estacionamiento del club, y por un segundo, creyó ver la figura alta y o
desbordaron de sus ojo
el volante con los nudillos blancos, Sienna Moore supo una ve
ma de Nikolai Volkov había regresado. Y esta vez, no

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