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Historia
EL RECLAMO DEL ALFA DESTERRADO

EL RECLAMO DEL ALFA DESTERRADO

Autor: S. Mejia
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Capítulo 1 La Entrega Sangrienta

Palabras:1101    |    Actualizado en: 13/08/2026

os, recordándome a cada segundo que ya no

l viejo camión militar hacía que los eslabones tintinearan, un sonido monótono que competía con el violento latido de mi corazón. Fuera, la

los ojos del camino-. Deberías estar agradecida. Una omega defectuosa como tú, que ni siquie

loba permaneció en un silencio sepulcral, incapaz de emitir el canto de nuestra especie. Para ellos, yo era basura. Una

aciéndome avanzar hacia del

con un hilo de voz que

ga de viento helado que olía a tierra mojada, pino y... algo más. Un olor es

suelo cubierto de hojarasca. Caí de rodillas, el dolor punzó en mis

contra la penumbra, aguardaban media docena de siluetas imponentes. Lobos de la manada

do con pesadas ropas oscuras que apenas contenían la musculatura de un guerrero que vivía para la batalla. Su rostro era una obra de arte brutal: facciones duras, una mandí

sido desterrado y que había regresado para masacrar a sus

rás, temblando visib

tributo de Luna de Sangre. Lyra Vance. Con esto, nuestra deuda de gu

riñó como un depredador evalúa a una presa herida que no merece el esfuerzo de la caza. La humillación y el terror abso

un barítono áspero, rasposo, que hizo vibrar la tierra bajo mis rodillas-. Una omega desnutrida,

cir Caleb, ansioso por huir-. Puede servirle

Kaelen, sin apar

risa y el vehículo dio un giro violento, dejándome atrás en

me gritó que retrocediera, que suplicara, pero mi orgullo herido y los años de

Se inclinó lentamente, y el aroma a madera quemada, tormenta in

me -o

la vista fija en sus

ayó como un mazo sobre mi mente, obligándome po

osa de Kaelen se cerró alrededor de mi mandíbula, aprisionando mi ro

el mundo

e una explosión. El calor barrió mis venas como fuego líquido, quemando las cadenas invisibles de mi cuerpo. En lo más profundo de mi ser, en ese r

ro de Kaelen se tran

sesperada. Sus pupilas se dilataron al límite, devorando el gris de sus ojos hasta dejarlos casi negros, inyectados en un fulgor dorad

Sus labios se abrieron ligeramente, el pecho le subía y bajaba con violencia, y su mirada recorrió mis ojos,

a sola palabra, posesiva, atronadora y cargada de un de

ía

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