Mi vida era un completo desastre, no sabía como solucionar esto, no encontraba la salida, o quizá si pero realmente no quiero escapar.
¿De verdad me estoy haciendo esta pregunta?
¿De verdad llegue a pensar que saldria de aqui?
Yo no pedi esto, yo no pedi esta vida.
El sueño que tenia no debia materializarse de este modo, yo debia cumplir mi sueño, pero pudiendo tener decisiones sobre mi, sobre lo que pienso, lo que siento, lo que hay en mi, no esto, no viviendo una vida que no me corresponde.
Esto no es lo que realmente queria.
Deseo poder irme, acabar con todo esto. Tener la suficiente fuerza para gritar que no, decir que no quiero hacer estas cosas, vestirme asi o algo por el estilo.
Yo solo soy un producto, su producto. Un producto que han estado explotando desde que soy una jovencita, puedo fingir que tengo energias, que estoy contenta con lo que tengo, pero siento que ya no puedo mas, ya no puedo con todo esto que estoy cargando.
El laberinto al que entre no tiene salida alguna.
La unica salida es terminar con esto, pero soy demasiado cobarde para tan siquiera intentarlo.
Tengo miedo.
Prólogo 2:
Las luces de neón siempre habían sido más brillantes que su propia voluntad. Desde el centro del escenario, el mundo parecía una marea de flashes y gritos que coreaban un nombre que ya no sentía como propio. Para su público, ella era la "Princesa del Pop"; para la junta directiva de Aura Management, era simplemente la joya más valiosa de su portafolio de inversiones.
Detrás de las cortinas de seda y las suites de cinco estrellas, la realidad era un contrato de quinientas páginas que dictaba cuándo debía sonreír, qué debía comer y a quién debía amar frente a las cámaras. Su vida no era una carrera, era una coreografía milimétrica donde cualquier paso en falso se pagaba con el aislamiento. La soledad, irónicamente era lo único que el dinero no podía comprar... Ni ocultar.
Todo cambió la noche del incidente en el Madison Square Garden. Un descuido en la seguridad, un fanático demasiado obsesionado y el frío metal de una navaja rozando su garganta antes de que las luces se apagaran. El pánico fue el único sentimiento genuino que experimentó en años.
La respuesta de la agencia fue inmediata: no más errores. A la mañana siguiente, dos hombres que parecían esculpidos en granito y silencio la esperaban en su sala de estar. No eran simples empleados; eran sombras expertas contratadas para ser su barrera contra el mundo. Lo que la empresa no previó fue que, en el intento de proteger su cuerpo, acabarían desarmando su corazón. Entre la disciplina de uno y la intensidad del otro, la estrella descubriría que la verdadera libertad no estaba en los escenarios, sino en los brazos de quienes estaban allí para cuidarla.