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Historia

Capítulo 4 EL RITUAL DE LA LUNA

Palabras:1287    |    Actualizado en: 06/09/2026

as de flores lunares, que solo florecen bajo la luz plateada y se marchitan al amanecer. Las cabañas de los omegas fueron li

ena a todo aquel movimiento. Para los omegas, la vida continuaba igual. Ellos no decoraban

ciana omega, arreglando su cabello canoso con dedos tembloro

es po

ogió los

que los vínculos están débiles, que la manada necesita

do en que asistiera, con una urgencia que no encajaba con su ca

o. Nadia se vistió con su túnica más limpia, una prenda de lino gris que había lavado tres veces

dea. Pasar d

stido con su uniforme de guardia. Su rostro estab

lista? -

go otra

ra circular, sin techo, abierto al cielo para que la luz de la luna pudiera bañar el altar de Aelynne. Las paredes estaban c

os al altar, protegidos por su linaje y su posición. Los betas se situaban en círculos in

xguerrero, podía ocupar un lugar entre los betas.

a verte -le dijo Da

o entendía por qué él

ñida llena de agua de luna, recolectada durante noches de plenilunio. Alrededor del altar, las runa

absoluto. Ellos eran la élite de Umbra, y lo sabían. Sus esposas, llamadas Lunas,

para ella. Nun

icen que el ritual va a revelar vínculos nuevos. Que los

historias -respondió N

lfa en un ritual. Fue un amor prohibi

dos. Creía en la supervivencia. En la independencia. En la posibilidad de abando

rra misma. Los ancianos de la manada, aquellos que recordaban las ceremonias de antañ

orría el cuerpo de todos los presentes. Las runas brillaron con más intensidad, el a

lor extraño en la

de ser

Trató de ignorarlo, de concentrarse en la ceremonia, pero el dolor era cada vez

ar nada. Las runas brillaban, el canto continuaba, y la

es, todo

e golpe. Un silencio absoluto, tan denso que ca

Bloodfa

ba las rodillas de los más débiles. Su bestia interior, ese susurro insignificante que siempre

de él era abrumadora, una fuerza que no necesitaba demostraciones de poder para imponerse. Los alfas

a capa negra que ondeaba con el viento, y su cabello oscuro caía sobre sus hombros como una cascada

nce el rit

cuerpo no le obedecía. La marca en su clavícula ardía cada vez más, y su loba inter

se susurró

no

No se detuvo en ella. No había razón para que lo hiciera. Era

asaron por su ubicación, Nadia

gundo. Un

n tanta intensida

os ojos dorados del Alfa parpadearon, su mandíbula se tensó,

és, s

ada hubie

podía oír el canto de los ancianos. Darian la observaba desde su p

tendía la intensidad de aquella sensac

nterior habí

berlo, acababa de notar su

observaba la escena con sus ojos verdes,

e nadie la escuchara-. La cur

tando su furia bajo un

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