al apartamen
ta con el mismo traje de diseñador que costaba
yra
lla-. Me has hecho v
ería p
as brotaron com
cho que no quería perderla como s
jamás revisaba las cuentas, que nunca se defendía, qu
arte -dijo-, ¿habrías seguid
o.
turnos dobles. Me dejaste creer que estábamos construyendo una vida juntos
no es
la cabeza,
empezó a guardar
ónde
es a otra mujer. ¿Po
¡
eca con fuerza suficient
Por favor, no te va
tirón y le cruzó la
abra cortaba-. ¿Y todavía tienes
n temblaban a ambos
ó haciendo
él cayó d
de que me abandonaras. Para entonces ya había cometido errores con ella. Sabía que no podría ocultarlo eternamente, que tarde o temp
Veyra quie
é demonios es
Aunque esos quinientos mil dólares la hubieran salvado, habría pasado el resto de su vida sin dign
vió a abo
s le corrían por el rostro y ape
i vivía o moría? ¿Y si hubiera sido la madre de Xiomara l
ormó las faccio
-ordenó ella
nuó arro
pu
uerta, pero Caspian la rodeó con lo
a, me tiraré por la
s le ardían-. A
levantó, se volvió hacia la
ete
de la garganta de Veyra ant
mado al vacío. Al volverse, la desesperac
erró lo
e de la
prisa. Seguía llorando; se notab
perdonado -advirtió Veyra
e en el labio. Parecía un niño que hubiera roto algo valioso
-. Haré lo que sea. S
a sentarse a la
ro. Comida para llevar del restaurante donde siempre olvidaban incluir la salsa. Una tarta po
ie frente a él, con
cuerdo posnupcial.
iado ansioso, como si creyera que una acepta
ves a en
ios, Veyra. Jamás volveré siq
-, nos divorciaremos de inmediato. Sin terapia ni segundas oportuni
arpa
mil mil
es la
dólares, pero había visto el diamante y había oído hablar a Xiomara de la vill
odistas de la ciudad y les pongo la grabación de tu
se quedó
lo h
e a p
rm
temblaba la mano al
atro horas cerca del apartamento. La entrega tardó cuarenta minutos. Durante ese tiempo, lo obligó a esper
umentos, Caspian firmó
iomara. Le cedió a Veyra el control de todos sus activos y prometió devol
no le
nservó los
ue Caspian había revelado sin querer aquella noche: el nombre de la cuenta corporativa, las últimas cuatro c
qué haría con aqu
ó a la mansión
man
asa, sino un monumento al dinero que jamás había visto. La manife
tiguo apartamento. Un dormitorio con un balcón orientado hacia un j
í misma y sin tocar nada, como un fant
almorzar, si podía prepararle un baño. Repetía su nombre sin cesar, como
penas r
aba un vaso de agua junto a su cama y una rosa sobre la almohada. Cada mañ
taba en la sala con el portátil y trabajaba desde allí, alzando l
prisionera en
se
lar suficiente ventaja antes de que llegara el momento de hacer valer el acuerdo. Necesitab
era la única estrategia que p
teléfono de Caspian vibró sobre la mesa de centro. Él se encon
ía haberlo
argo, s
re guardado, solo un
enos. ¿En el mismo
antalla se apagó y el silencio volvió a apoderar
léfono exactamen
itación de invitados, se
o no fuera una
la ya estuvi
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