img El Regreso del Alfa Perdido  /  Capítulo 1 Diez Años de Silencio | 2.78%
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Historia
El Regreso del Alfa Perdido

El Regreso del Alfa Perdido

Autor: Graxo
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Capítulo 1 Diez Años de Silencio

Palabras:1289    |    Actualizado en: 12/09/2026

sa de troncos, con una taza de té ya fría entre las manos, la mirada perdida en el bosque que bordeaba la propiedad. Diez años. D

el sur, el claro donde, en otros tiempos, toda la manada se reunía para celebrar nacimientos, uniones, noches de luna llena t

Ma

iete años, con el cabello tan oscuro como el de su padre, estaba de pie en

Solène-. El tío Broderick quiere que

ó, dejando la

e de que cada transformación transcurriera sin incidentes. El momento en que, en otros tiempos, Fadine se erguía en el centro del círculo, alfa ind

u voz calma atravesando el pánico que amenazaba con desbordarla. *No estás sola, Armande. Yo estoy aquí. Siempre e

e nunca había tenido la envergadura de un alfa. La manada lo sabía. Armande lo sabía. Y ella pagaba el precio cada

a Broderick reuniendo a los jóvenes lobos cerca del claro, dando instrucciones con esa voz un

iensas en

an, su cuñada, acababa de aparecer a su

hablas -resp

con aire fingidamente despreocupado-. Diez años, Armande. Diez años mirando ese bo

era enojo contra sí misma, contra esa parte de ella que nu

or fin, con voz baja-. Pensaba q

ostumbre-. Pero eso no le disculpa el habernos dejado solos durante diez a

que ya entrenaba para controlar su fuerza junto a los demás jóvenes de la manada, esqu

que tarareaba por las noches antes de que se durmiera. Armande había tenido que ser ambos padres a la vez: la que le enseñaba a su hija

as un momento-. Broderick

scamente hacia ella.

manada de Blackridge. Pi

viejo conflicto territorial que se remontaba generaciones atrás, exacerbado desde que su propia ma

a debilida

cruzó los brazos-. Broderick hace lo q

lfa al frente, eran vulnerables, y Blackridge probablemente solo esperaba el momen

namiento estaba en pleno apogeo. Solène, al verla acercarse, dejó escapar un gruñido de concentración esquivando el

sonrisa orgullosa a pesar de la inq

ándose el sudor de la frente. -

e lo acaba

o. -No sé cuánto tiempo más podré mantener unida a esta manada, Armande. Necesita

es, Broderick. Nad

en la que ella miraba cada mañana desde hacía diez años-

rizado ante la idea de volver a herir a quienes amaba? ¿Que su partida, por dolorosa que fue

ène terminar su entrenamiento bajo la vigilancia de Broderick. Cruzó la sala s

o

húmeda, lluvia, y algo más profundo, más animal, grabado en su memoria

e volvió lentamente hacia la puerta-ventana del jardín, entreabierta, la cortina ond

l límite entre la luz de la casa y las tinieblas del bosque -una postu

rave, la que había creíd

ientras diez años de dolor, ira y amor reprimido subían de golp

había r

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