a cuando los caballos de la guardia oscura
solemnidad gélida que helaba la sangre antes de cruzar el umbral. Los guardias humanos que custodiaban la propiedad se enderezaron de inmediato, tensos, con los dedos aferrados a las empuñaduras de sus espadas y el nerviosis
poderara del exterior. Su sola presencia bastaba para imponer una autori
o de su voz era un filo de acero oculto
n ese lugar necesitó escucharlo para saber a quién pertenecía
resa. El sonido seco del vidrio al estrellarse contra el suelo de madera resonó como un disparo en la estancia. Su esposa, a su lad
dose una mano temblorosa al pecho, como si sintiera el
habla a los tropezones, con el sudor empezando a brotar en su frente-.
Elara descendió las escaleras con paso medido, luciendo un vestido de tonos claros impecable, el cabello rubio cuidadosamente cepillado y el rostr
i a los rostros desencajados que lo observaban; su presencia simplemente llenó todo el espacio
, plantándose en el centro de la habi
te, haciendo una reverencia torp
casa, mi señor -balbueció, frotándose las manos-
ya es demasiado tarde para huir -interrumpió Rhevan con absoluta calma, deteniendo el dis
propuesta
invitació
guna clase d
pida en piedra por la voluntad d
ndo sus ojos oscuros en el patriarca- y ha elegido a una de sus hij
e tan absoluto que se podía escuchar el c
ero no impulsado por el miedo a lo desconocido, sino por una re
a Elara para exhibirla como el mejor trofeo de su propiedad- es fuerte, sana, educada en las mejores
do una postura de falsa modestia que ensa
mirarla. Su expresión se man
nado de habl
ultad, sintiendo que el terreno baj
ontinuó Rhevan, pronunciando cada síla
nmediata y visceral, rompien
oder ocultar el horror y la repulsión en su voz-. Eso
el padre con rapidez, desesperado por corregir el rumbo-. Mi s
a, interrogante, con un destell
much
débil, enfermiza, una criatura incompleta. Su lobo interno jamás despertó para reclamar su herencia de sangre. No pued
oncierto y la vanidad herida que por un autén
ctada, intentando encauzar la atención de nuevo hacia su persona-. Carece del temple necesario. En camb
radamente, pesando sobre los hombros de los tres
ni un catálogo de virtudes -dijo al fin, con un
frente, sudoroso, con las ma
a esa hija a semejante destino. Pero estamos más que dispuestos a ofre
ó entonces con
a puerta, posó sus ojos en ellos
eguntó con voz baja, casi un susurro mortal-.
furia contenida, incapaz de e
jornadas de trabajo. Pasa los días enteros limpiando los establos y cargando agua como
l terremoto político que sacudía los cimientos de su hogar, **Aylén**
do, tierra y estiércol se le había impregnado profundamente en la ropa vieja y remendada. Cada respiración profunda le dolía en el pecho debido al es
Nadie le había dicho que se prep
e la casa principal, pero ni siquiera levantó la vista para indagar. Jamás hablaban de ella para algo b
scupiendo las palabras con desprecio-. El Alfa se ofen
la sola energía que desprendió hizo
n tono de advertencia que no admitía réplica-. Está
n par, totalmente incrédula a
lbuceó, perdiendo por u
letra-. Su hija menor. La misma a la que ustedes
otra vez, desesperado, acorralado po
insiste en tomar una esposa de esta casa, entonces exi
y tenso instante, evaluando la mez
dándoles la espalda para dirigirse hacia la salida-. Pero les dejo un consejo de amigo, si e
golpe sordo, el silencio volvió a caer sobre la sala prin
omperlo, estallando en una f
ia el exterior con los ojos encendidos de rabia-. ¡
dillos blancos mientras pensaba frenéticam
nación en la mirada-. El Alfa cambiará de opinión en cuanto me
ones de su familia y a la sombra que se cierne sobre su vida, Aylén se arr
ía sido sellado para siempre e
cio que pagarían aquellos que se atrevieron a despre

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