img El Heredero y La Chica del Barrio  /  Capítulo 4 La amenaza que se esconde tras la fotografía | 40.00%
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Historia

Capítulo 4 La amenaza que se esconde tras la fotografía

Palabras:1791    |    Actualizado en: 24/10/2026

n llenas de gente que caminaba apresurada, ajena a las inquietudes que me acompañaban desde nuestra convers

ó a mi lado h

oche para que te lleve

edo ir e

Lo

e me llevaran en coche? Se metió las mano

quería of

ostrar que podía resolver mis problemas con dinero. Simplemente había hecho una oferta y estaba dis

an sencillo pudiera dejarme si

lo ne

- respondió.

l vez una parte de mí esperaba que demostrara un poco más d

des tan rápido? -

l volvió la cara

r que no necesit

ir que te importa - esas

a boca, pero ya era demasiado tarde. No entendía por qué me molestaba tanto su manera de comportarse. Hacía apenas unos días, a

una expresión que

ue no quiero que esto se convierta en otr

irada. No estaba acostumbrada a escuchar palabras semejan

as la preocupación con

as con

uedes aparecer cua

e no soy bienvenido - di

ro esa idea me asustó tanto que di un paso atrás. No podía permitirme semejan

eni

l - rep

e los dos

a la boca durante una fracción de segundo, y odié haberme dado cuenta. Más aún, odié la forma en que mi cuerpo pareció reacc

ndían a sonreír para sobrevivir. Y yo no era una adolescente que descubría ese sentimiento por prime

no me obligaba a ha

emoción repentina decidiera por mí. Mi familia dependía de mi fortaleza, y no podía

ue irme -

el as

¿N

det

¿Q

e envíe la constructora sin consultar antes a un abogado inde

me recordó que, por mucho que intentara ignorarlo, seguíamos

ué me di

iero que salga

milia? Me mi

r de mi

ría impedir que me marchara. Su actitud me desconcertaba. Si de verdad estaba dispuesto a enfrentarse a

uda. Y, cuando tenga alguna información

lta que haga

esté haciend

esta me

signifi

e que estaba sopesando cuidadosamente sus palabras, como si revelar

también tengo pregu

r, Gabriel se alejó y se sub

ehículo desaparecía entre los demás coches. Solo entonces me di cuenta de

verlo. Me molestaba reconocerlo, porque había aprendido a desconfiar de las personas que aparecían e

mi padre, proteger a mi madre e impedir que nos quitaran nuestra casa. Incluso podía soportar las provocaciones de Gabriel. Sin em

ía muy bien el precio que había que pagar por cruzar la frontera entre ambos. En m

a oído pasos en el pasillo ni el ruido de alguien alejándose. Me quedé inmóvil dura

e no tenía

erradura estuviera bien asegurada. Mi primera reacción fue llamar a mi madre para preguntarle si algui

i padre junto a Otávio Medeiros. Los dos es

. Llevaba una camisa clara y tenía una mano apoyada en el hombro de Otávio. No había nada en sus expresiones que revelara de

qué mi padre nunca había mencionado su relación con el hombre

en había escrito una

hijo por qué

ces. Y eso que mi padre l

es, había aceptado su muerte como una de esas desgracias que dejan preguntas sin re

de su muerte. Todos aquellos recuerdos que había guardado durante años empezaron a parecerme incompletos. ¿Qué había he

brí la aplicación de mensajes par

algo sobre aquella fotografía. Tal vez pudiera ayudarme a entender por qué dos hombres que par

no quería buscarlo. No quería necesitarlo. Sin embargo,

ntrarme frente a aquel misterio. No sabía si eso se debía a que confiaba en él o a que,

cribir, llegó un nuevo mensaje de un núm

a Gabriel Medeiros, a

de nuevo la fotografía y después la pantalla del teléfono, esperando encontrar algu

a mis movimientos y, lo que era aún peor, parecía saber al

e nuestros mundos. Al parecer, alguien estaba dispuesto a hacer cualqu

menaza bastaría para hacerme retroce

enciones. Pero no iba a permitir que nadie utilizara l

, estaba decidida a descubrirlo. Aunque, para hacerlo, tuviera

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