img Elegida por el Alfa Bestial  /  Capítulo 5 Cinco | 2.50%
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Historia

Capítulo 5 Cinco

Palabras:1713    |    Actualizado en: 05/11/2026

e vista

ue no sentir miedo. Ni siquiera al verlo transformado, con los ojos carmesí, los

o cont

taba emb

so, y me ardían los dedos de ganas de recorrerlos. Apenas asimi

spera volvió a r

telo o

n que entré en el territorio de la Manada

de encaje negro. El aire frío me mordió la piel. Se me erizó el vello y los pezones se endurecieron bajo la fina

indiferencia, como si yo no fuer

gué a su altura, me envolvió su olor: masculinidad pura y un ligero rastro de t

apretando los muslos contra la dureza de sus músculos. Se pu

n tono sombrío-. Las mujeres que se acercan

uve la

s. Simplemente... me

demasiado fugaz para qu

areció la clavícula. Con el segundo, quedó a la vista la curva del pecho.

palmas sobre él, el calor casi

do... -murmur

ivos, inquietos. Una presión me cerró el pecho. El puls

denó en un mu

aba mucho

o. El corazón le palpitaba a un ritmo firme, pero acelerado. Tenía la palma l

la mirada

, saqué la lengua con timidez y recorrí su labio inferior. Su sabor me mareó. Sin pens

un pescado muerto. Lame,

espiración se hizo más pesada. Mi cuerpo se inclinó por voluntad propia, y mis pechos, todavía cubiertos de e

c... -m

nó suave, extrañ

vió el beso con una fuerza brutal. Me abrió los labios con la len

a dejar escapar gemidos débiles y entrecortados. El beso era demasiado intenso. Demasiado brusco. Sentía

ado brusco... -logré jad

ortunidad de

e hinchados. La vista se me había nublado y el pecho s

loco...

n tanto por el beso que

ora saca la lengu

mezclado con el calor de su piel, me provocó otro espasmo en el vientre. Las bragas estaban innegab

abaco... -admití

otra

bula y alzó dos d

ejarlos limpios.

oco, centímetro a centímetro, curvando la lengua sobre cada nudi

mis labios. Oía los tenues sonidos húmedo

-pregunté con la voz

pero la presión inflexible de

ue aprend

ada en mi cintura ardía. Sus dedos se hundieron un

portado bien

dad entre mis muslos y pr

prender también a recibir

pera

fuerza mis labios bajo el encaje, y una oleada de deseo se

engua se deslizó entre mis muslos. Las yemas ásperas presionaron el fino encaje que

piernas... no

me atravesó en oleadas eléctricas; mis paredes internas se contrajeron

nadas breves. Aun así, las caderas se arquearon hacia

ma -ordenó sin dejar de mo

ubir el dobladillo poco a poco. Primero quedaron al descubierto los muslos. Des

da y me hizo estremecer. Un hilo de hu

ie

e había oído. Apartó el encaje con los dedos y

es lo

encia contra mi muslo. Caliente. Gruesa. Su respiración se había

sab

duro

des

nte... -supliqué a

cia su mano. Cada caricia amenazaba con hacerme

presó la muñeca

me arranc

s se congeló y fue sustituido po

as

eándome hasta chocar contra la pared fría, donde tuve que ap

o abrochar, el pecho todavía agitado y un bulto

como si nada hu

isión lenta y metódica. Cada movimiento

voz glacial, afilada como una esquirla de hielo-. ¿Creías que i

imponente silla, como si contemplarm

Recuerda cuál es tu tarea: estás aquí para cumplir los términos de n

murmuré, ape

palpitaba de dolor, y avancé con

huella de humillación y angustia

desbocado, pero ya

entido. No

n me habí

había decidi

rosa hasta qué punto ansiaba a aquel hombre. Muc

r había sido una imprudencia descomunal. Sin embargo, yo no me había derrumb

davía ansiaba sus caricias. El fantasma de ese placer eléctrico seguía cosquilleándome

de mi propio ju

exc

o, jamás me había

r q

e en el territorio de la Manada Luna de

a era darles l

h

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