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La Segunda Oportunidad Dulce
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Capítulo 1 Segundo aniversario
1255    |    20/01/2022

Shane Hayes y yo llevábamos casi dos años de casados, aunque él nunca me demostró tener demasiado apetito sexual.

Por si fuera poco, a principios de este año me enteré de que estaba embarazada, así que mi marido se mudó al estudio y no volvió a ponerme un dedo encima con el pretexto de que tenía miedo de lastimar al bebé.

Tenía veintiséis años, estaba casada, esperando a mi primer hijo, y todas las noches tenía que dormir sola... ¡me sentía tan miserable!

Un día, aburrida de conversar conmigo misma, tomé mi teléfono y me metí a un foro en Internet, donde un comentario en particular llamó mi atención: alguien decía que tal vez la falta de interés de mi esposo se debía a que ya había visto muchos cuerpos femeninos.

Esto tenía sentido ya que Shane era obstetra de profesión, no obstante, había un pequeño detalle que no podía dejar de atormentarme.

Todas las noches, al entrar en su estudio, él se aseguraba de cerrar perfectamente la puerta. Éramos las únicas personas en esta casa, ¿por qué diablos tendría que encerrarse con llave? ¿Me estaba ocultando algo?

Desde esa vez, no podía dejar de pensar en eso, e incluso se convirtió en algo tan molesto que comenzó a torturar mi vida diaria.

Finalmente, en nuestro aniversario de bodas, no pude soportarlo más y decidí colarme a su estudio cuando él se fue a trabajar.

Eché un vistazo a mi alrededor y noté que el cuarto era sencillo y estaba decorado en tonos claros. Todo parecía ser muy normal a excepción del gran cajón en su escritorio, el cual estaba cerrado con llave.

Por suerte y sin que Shane lo supiera, yo tenía una copia de repuesto.

No era que quisiera invadir su privacidad, sino que había sacado una llave de repuesto por si él llegaba a extraviarla.

Decidida, respiré hondo y abrí el cajón rápidamente, aunque solo encontré algunos artículos de oficina y objetos que cualquier persona tendría. Sintiéndome aliviada, lo cerré de nuevo y mis labios se curvaron en una leve sonrisa.

Pero cuando pasé junto a su cama de camino a la puerta, mis ojos recorrieron inconscientemente la almohada. Fue entonces que me topé con algo que me hizo detenerme en seco.

¡Eran dos hebras de cabello rojo y rizado!

Yo era castaña y rara vez entraba en su estudio, ¡así que era imposible que fueran mías!

Pronto, mis ojos se clavaron en el bote de basura; un inconfundible olor a sexo emanaba de él y miré hacia abajo para ver que contenía varios pañuelos de papel arrugados.

¿Shane estaba escondiendo a otra mujer en casa?

Una vez que esta idea apareció en mi cabeza, sentí claramente que mi cuerpo comenzó a sudar frío.

Examiné cada rincón del estudio pero no había espacio para que ninguna adulta se escondiera aquí.

¡Tal vez estaba pensando demasiado en las cosas!

Además, lo más lógico era que si Shane me estuviera engañando, ciertamente lo haría en otro lado, ¿no? ¡Nadie podía ser tan estúpido como para llevar a su amante a su propia casa!

Quizás esos pelos eran de alguna colega o una paciente y eso era todo. En cuanto a lo que había en el bote de basura... definitivamente se había masturbado. Al final de cuentas, Shane era un hombre y tenía necesidades como cualquier otro.

Lo triste de este asunto era que prefiriera acariciarse a sí mismo en lugar de simplemente tener sexo conmigo...

Por la tarde, tomé mi bolso y me dirigí al supermercado como de costumbre, y aunque yo no podía beber, hoy era una ocasión especial, así que compré una botella de vino tinto.

Caminé feliz de regreso a casa y preparé todo para sorprender a Shane. Sin embargo, a medida que pasaban las horas, se hizo

dolorosamente claro que él había olvidado qué día era, pues llegó más tarde de lo normal.

Con una tormenta de emociones arremolinándose dentro de mi pecho, traté de respirar profundamente para calmarme cuando mis ojos se posaron en la botella frente a mí. Mientras la decepción y el enojo se hacían presentes, estiré la mano y abrí el vino sin pensarlo dos veces.

Eran más de las diez de la noche cuando Shane cruzó la puerta principal.

Me puse de pie de un salto y lo abracé con fuerza en el momento en que entró en el vestíbulo. Él me devolvió el gesto, pero enseguida frunció el ceño y preguntó:

"¿Estuviste bebiendo?".

Yo envolví su cuello con dulzura y respondí: "Solo un poco".

"Estás embarazada", Shane me reprendió en tono de desaprobación mientras luchaba por soportar mi peso y agregó, "¿Por qué bebiste en tu condición?".

Cerrando los ojos, puse la cabeza en su hombro y expliqué:

"Quería que cenáramos juntos. Estuve esperándote por horas, pero como no llegabas, decidí comer yo sola y tomé un par de copas. Relájate, solo fue un poco de vino, ¡no afectará al bebé en absoluto! Además, hoy es nuestro segundo aniversario de boda, así que es una ocasión especial".

"Podrás decir lo que quieras pero sé que estás ebria. Déjame llevarte a la habitación".

Cuando me acostó en la cama, Shane se inclinó sobre mí y yo aproveché la oportunidad para acercar mis labios a los suyos.

"Cariño, bésame", susurré.

Mi esposo me complació con un beso a medias, pero varios segundos después se apartó y me miró a los ojos.

"Deberías ser más cuidadosa, Eveline Stone. Piensa en el bebé que estás esperando, no puedes comportarte como si fueras una adolescente impetuosa".

Aún con mis brazos en su cuello, me arriesgué a intentarlo una vez más, pues lo único que deseaba era hacer el amor con él.

"Tú eres médico y debes saber que es seguro tener relaciones sexuales pasado el primero trimestre de embarazo, solo tenemos que tomarlo con calma y no pasará nada. Por favor quédate conmigo, aunque sea esta noche...".

Pero a pesar de mi súplica, Shane me empujó a un lado, se enderezó y dijo mientras se quitaba la corbata: "Iré a tomar una ducha".

La verdad era que no bebí una sola gota de alcohol, estaba embarazada y sabía que era perjudicial para mí. Todo lo que hice fue echarme unas gotas de vino tinto en el cuello y convertirlo en mi perfume de esta noche pero nada más.

Luego de unos diez minutos, Shane abrió la puerta del baño y pasó por delante del dormitorio sin siquiera detenerse.

Entonces escuché que entraba al estudio y se encerraba como lo hacía habitualmente.

Me metí debajo de las sábanas por un buen rato hasta que reuní el coraje suficiente para ponerme los auriculares y sacar mi teléfono. Lo desbloqueé e hice clic en una aplicación que estaba vinculada al aparato que había comprado esa tarde.

De hecho, fue en el mismo supermercado donde adquirí el vino y la comida para nuestra cena de aniversario.

El estudio estaba insonorizado y nunca tuve reparos al respecto, ¡Shane jamás sospecharía que había un micrófono instalado debajo de su pequeña cama!

Cuando al fin tuve acceso a la aplicación, el sonido inconfundible de jadeos y gemidos llegó a mis oídos. Como resultado, un nudo se formó instantáneamente en mi garganta y mis ojos se llenaron de lágrimas.

Era bastante claro que no era que mi esposo careciera de deseo sexual, de hecho, parecía que estaba rebosante de libido en un grado casi incontrolable. Era solo que... él no quería estar conmigo.

No obstante, fue lo que escuché a continuación lo que me dejó sin aliento...

            
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