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Historia
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La Búsqueda del Guardián
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Capítulo 1 : Ángela Arístides
Palabras:2205    |    Actualizado en:30/04/2022

LIBRO UNO: UN NUEVO CAMINO.

La historia que voy a narrar, se remonta en la Antigua Grecia, siglo V antes de Cristo, para ser más precisos, en la ciudad de Tebas, donde me críe toda mi vida y la actual vencedora en la guerra del Peloponeso. Lo sé, un nombre bastante gracioso.

A una distancia prolongada de mi ciudad, se encuentra el Santuario de Delfos, hogar de la Pitonisa, una mujer que es intermediaria entre los mensajes de los Dioses a ciertos humanos y viajeros, que se atreven a desobedecer al destino o el oráculo, sin darse cuenta, a pesar de su lucha perseverante, que nunca salieron de el y que la profecía iba a cumplirse hicieran lo que hicieran.

Les cuento esto, porque mi trabajo consiste en atender a aquellos viajeros, cebándoles alguna infusión, brindándoles algún alimento y preparándolos para ella.

También, soy hechicera. Asisto a una academia de magia desde que tengo memoria. En este momento, tengo diez y nueve años y poseo un nivel bastante considerable, a pesar de mis torpezas, las cuales ya son un tema difícil de arreglar.

Ah, además de todo, soy un ángel. El único visto por aquellos alrededores. Había olvidado comentarlo.

Adoro vestir túnicas blancas o celestes, joyería de todo tipo sobre mi cabello dorado y alas, y delinear mis ojos celestes de manera sutil.

¿Qué más...? Ah, de acuerdo a un relato de mis padres, fui encontrada por ellos en un bosque, en una expedición o paseo, aún no estoy muy al tanto sobre ello, que estaban realizando juntos. Los dos se alegraron mucho al encontrarme, no solo porque era una criatura mágica, sino también, porque mi madre, Berenice, no podía concebir, por lo tanto, había sido, literalmente, un regalo del cielo.

Sin embargo, al poco tiempo de vivir con ellos, ella falleció. No sé la razón. Mi padre dice que fue culpa de una enfermedad, pero siempre cambia de tema cuando le pregunto. Aunque, lo cierto es que, sé que ella era una persona bella y bondadosa. Lo primero, por un cuadro pintado por un artista que está colgado en mi casa, y lo segundo, por las maravillosas historias de mi padre, Bastiaan.

Él, es un artesano reconocido en la zona. Si bien, lo es, aun así somos bastantes humildes, pero vivimos bien.

Bien, como lo dije anteriormente, asisto a una Academia de magia y a pesar de que me encuentro en el último año y ayudo a mi profesora predilecta, aún no eh tenido la oportunidad de participar en ninguna competencia, siendo este mi mayor deseo.

Sin embargo, la última visión de la Pitonisa decía que algo grande estaba por pasarme y puedo decir, que lo presentía.

La mañana comenzó tranquila, casi como siempre diría. Desayuné, ayudé a mi padre con las artesanías y me dirigí al establo improvisado con tablas de madera, pero establo al fin, en donde se encontraba mi yegua de crin rubia y pelo marrón claro Penélope, nombre que le puse en honor a la mujer de Ulises.

Me monté en ella y salí al galope, dirigiéndome hacia la Academia para comenzar con mis clases de magia y luego ayudar en una clase especial para niños. Sin embargo, me encontré con mi profesora, Ariadna y por la expresión de su cara me decía que se alegraba de verme.

-Hola-la saludé enarcando una ceja. Por lo general, era extraño que ella no estuviera en la Academia y más, cuando debía dar clases.

Ariadna, con sus ojos oscuros y su cabello marrón cayendo por sus hombros en cascada por su espalda, se acercó y me sonrió. Con esas sonrisas que a veces le dedican las madres a sus hijas, que en este caso, ella representaría a una madre postiza para mí.

-Tengo una gran noticia-anunció sin dejar de sonreír.

La miré expectante y me bajé de Penélope.

-¿Cuál es?-pregunté comenzando a ponerme ansiosa. Esperaba que fuera algo interesante y no alguna situación normal que había emocionado a mi profesora.

-Sobre una prueba.

-¿Había que estudiar?-pregunté confundida. Que yo recordara, la época de exámenes había pasado hacía unas semanas de nuestro calendario.

Ariadna negó con la cabeza.

-No, Ángel-exclamó con dulzura la abreviación de mi nombre y puso sus manos sobre mis hombros-¿Te encuentras bien de salud? ¿Y tú padre?-preguntó de repente.

Suspiré.

-Sí, los dos estamos bien, pero no entiendo a que vienen tantas preguntas-típico de Ariadna, dar vueltas antes de ir al punto principal y encima me estaba entrando la curiosidad.

-Solo algunas cosas de las que debo cerciorarme-hizo un ademán con la mano quitándole importancia-Por cierto ¿Has escuchado alguna vez sobre la búsqueda del Guardián?

Abrí mis ojos y sonreí de oreja a oreja.

-¡Por supuesto!-exclamé emocionada ¿Cómo no iba a conocer la competencia por la cual se elige al protector de todas las criaturas terrenales?-Soy una completa seguidora de los Guardianes y sus historias de vida. Como nuestro actual Guardián, Angus el licántropo. Él siempre luchó por su familia, la cual era muy pobre y siempre estaban en peligro. Desde entonces, se convirtió en un gran guerrero y un excelente Guardián-inquirí casi de memoria.

-Exacto. Veo que te entusiasmas por estas cosas y eso le da otro punto más de apoyo a lo que viene relacionado a esto.

-¿Entonces?

-El actual Guardián, Angus como tú lo mencionaste, se retira del cargo, por lo tanto se abre la competencia para elegir al nuevo Guardián y tú Angélica, competirás por el puesto-anunció con entusiasmo.

Me la quedé mirando y me pellizqué disimuladamente el brazo para saber si aquello era un sueño. Cuando sentí el pinchazo y que aún estaba allí parada, no pude evitar sonreír pegando una especie de gritito histérico que luego me dio algo de vergüenza.

-¡Esto es increíble!-manifesté pensando que una criatura normal, bueno casi normal sin contar que era un ángel, pero una artesana humilde y una hechicera como cualquier otra pudiera entrar en la competencia era como-Pero espere ¿Cómo es que?

-Yo te recomendé al comité selectivo de candidatos-respondió Ariadna.

-Eso lo entiendo, pues sé que algún superior debe recomendar al candidato siempre y cuando este no tenga experiencia. Sin embargo, aquel que lo recomienda debe tener algún puesto importante o ser alguien aclamado, y no me juzgue mal profesora pero usted ¿Qué tipo de influencia puede tener?

Ariadna asintió entendiendo la pregunta y me señaló un banco de piedra a unos metros. Tomé a Penélope de las riendas y nos dirigimos a sentarnos. Luego, ella me miró con nostalgia, como si estuviera recordando situaciones y momentos.

-Mi querida Angéla, a una edad un poco más avanzada que la tuya, cuando tenía algunos reconocimientos por mis habilidades decidí proponerme competir cuando la aptitud fue abierta y gané. Ángel, yo fui Guardiana-concluyó.

Abrí mis ojos y quise decir algo, pero de la sorpresa casi me atraganto con mis propias palabras.

¿¡Ariadna había sido Guardiana!?

-Disculpa mi sorpresa-dije reaccionando-¿Pero, cómo no me enteré?

-Cosas de la vida. Eso fue hace mucho tiempo y decidí, luego de dejar mi puesto no mirar atrás. No gusta vivir del pasado y a pesar de haber sido Guardiana también tuve que formarme como profesora y seguir con mi vida.

-Vaya, son muchas cosas de las que me estoy enterando-dije mirando el piso, intentando procesar la información-¿Por qué se retiró?-pregunté después comenzando a seguir el hilo de la conversación.

-¿Por qué? Pues, por ser un ser vivo mortal y porque mis huesos con el correr del tiempo, dejaron de ser tan fuertes como antes. Los músculos no responden de la misma manera y la vista se cansa, a pesar de la mirada se fortalezca. Y debí retirarme.

-¿Y usted quiso?

-Si me lo preguntas por mi deseo personal, lo cierto es que no. El poder, la gloria, la belleza y el conocimiento que se gana siendo Guardián es tan maravilloso que puede volverse adictivo. Sin embargo, tuve que pensar en mi función como líder y por qué era Guardiana, tuve que aceptar la decisión de los demás concejales, por lo tanto caí en la cuenta de que si debía protegerlos así como estaba no sería suficiente y lo hice.

Miré a Ariadna y tragué saliva. Era extraño saber que una persona, que si bien sabía que era poderosa, pudiera esconder tal faceta y estando a su lado, me sentí una nimiedad. No creía que yo pudiera convertirme en alguien así, aunque esperaba y trataría de conseguir ser Guardiana.

-Esto es muy interesante-murmuré apabullada de información. En cualquier momento, debería echarme un hechizo de liberación. Mi cabeza necesitaba un respiro.

-Lo sé, pero me gustaría en algún momento charlarlo contigo con más serenidad. Pero, como no tenemos mucho tiempo, quiero advertirte que no estaré contigo en el transcurso de la competencia. Deberás estar acompañada de otras personas, pero-exclamó poniendo un dedo frente a mi nariz y mirándome con seriedad-No te confíes de nadie. Te lo digo porque sé lo ingenua que puedes ser a veces, por esto ten cuidado.

Asentí encogiéndome de hombros y aceptando sus palabras. A pesar de que no me gustara admitirlo, era demasiado ingenua e idiota, y me dejaba llevar por el cariño. Por desgracia, me encariñaba fácilmente con las personas.

-Lo sé-suspiré-Mi papá siempre lo dice.

-Hum, tu padre siempre te cuida de cerca.

-Ni me lo diga. Creo que aún no sabe que soy mayor de edad, a pesar de ser mujer.

-Sí te escuchara en este momento.

-Si me escuchara, empezaría a gritar-bromeé y sonreí.

Ariadna asintió y se levantó.

-Se nos acabó el tiempo-anunció moviendo su dedo en círculos justo cuando la luz del Sol se proyectó en un reloj mágico sobre el piso.

-Debemos trabajar-exclamé levantándome yo también.

-Mañana será al gran día-me miró Ariadna-Temprano, justo al amanecer.

Plegué mi boca y sentí nervios. Al otro día comenzaría la aventura. Sonreí.

-Sí-acepté feliz.

Llegué a casa luego de un día ajetreado en la Academia y me metí dentro con la intención de contarle la noticia a papá. Sin embargo, él estaba un poco ocupado con unos clientes de Atenas en el puesto de artesanos anexado a la casa, y por su cara pude notar que estaba haciendo un buen negocio.

Después de unos minutos entró en la casa con una sonrisa poco disimulada y una bolsa de tela llena de, al parecer, monedas.

-Hola, tengo una noticia-exclamé metiendo mi mano dentro de un cuenco con hilos de colores y al momento, me pinché el dedo con una aguja. Saqué la mano y miré la gota roja de sangre.

Mi padre puso los ojos en blanco y creo que se preguntó qué estaba haciendo con su vida cuando me lo curé al instante con un hechizo.

-¿Qué sucedió?-acomodó la bolsa arriba de la mesa y la abrió para mostrarme el contenido-¿Es más emocionante que esto?-preguntó señalando las monedas y yo sonreí de oreja a oreja.

-Lo es-plegué mi boca intentando contener la emoción. Podía ponerme demasiado idiota cuando me encontraba así-Participaré en la Búsqueda del Guardián-solté.

Papá se quedó estupefacto al escucharme y con expresión de sorpresa se giró hacia mí.

-¿Es eso cierto?

Asentí, esta vez, poniendo cara de superación.

-Claro ¿No crees que tu hija pueda competir en algo así?-le repliqué con una sonrisa.

-Sí, así lo creo. Pero, me has tomado por sorpresa, Ángel-luego sonrió de oreja a oreja y se acercó para abrazarme, rodeando la mesa-Me alegro mucho mi amor.

Recibí su abrazo con ganas.

-Gracias.

Después me lanzó hacia atrás y me estudió con la mirada.

-En es este tipo de situaciones me doy cuenta del pasar del tiempo-suspiró-Esa competencia será muy peligrosa ¿Lo sabes, no es así?

Asentí con seriedad.

-Algo sé. Lo cierto es que sé mucho sobre los Guardianes, pero no tanto sobre la competencia, ya que tratan que siempre que se realiza de filtrar la menor información posible para evitar diversos fraudes o peligros. Aun así-tomé aire-Estoy dispuesta a enfrentar lo que sea con tal de ser Guardiana.

Bastiaan me miró otra vez con sorpresa, pero alivio que pocas veces veía, se apoderó de su rostro.

-Lo entiendo, ya eres mayor y sabes lo que haces-constató.

-Gracias por entenderlo, papá-volví a abrazarlo, sabiendo que al otro día me iría y él se quedaría solo allí.

Nunca antes me había ido en un viaje extenso, y menos saliendo de Grecia, ya que como los Imperios viven en guerras generalmente solo en situaciones así las personas comunes transitan por las fronteras. Aunque, por lo general las criaturas mágicas y los hechiceros poderosos se movilizan fácilmente enfrentando cualquier peligro.

-Bueno-exclamó un minuto después cortando con el momento emotivo-Debes prepararte ¿No es así? ¿Cuándo te vas?

-Me voy mañana cuando salga el Sol-inquirí encogiéndome de hombros. Sabía que las cosas tan sorpresivas a mi padre no le gustaban, pero Ariadna había tardado en darme la noticia.

-Creo que no hay nada que hacer-suspiró y me dio unas palmadas en el hombro-Sé que podrás Angéla. Siempre lo haces-exclamó con aquel sentimiento paternal que tanto amaba de él y asentí feliz.

Luego de cenar y preparar todo lo que creía, me serviría para el viaje y la competencia, me acosté temprano para tener energía al siguiente, día sin embargo, no preví que estaría despierta toda la noche esperando para comenzar con la aventura.

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