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Capítulo 1 No.1
Palabras:1901    |    Actualizado en:30/04/2022

Brutal

Miércoles

6:15 am

Despertarse antes de las seis de la mañana para ir al colegio, sentarse por casi seis horas en sillas de lo más incómodas, viendo clases con profesores que no ganan más del salario mínimo, y que por eso ni siquiera tienen la motivación para enseñar cómo se debería (y como ellos quisieran), aunque no se les puede culpar mucho por eso. Imagínense tener título universitario, maestrías y posgrados, para que hoy en día, el país que les dio todo eso en su momento, haga ver que eso ya no sirve para nada porque tal vez no haya trabajo y si lo hay, no te pagarán lo suficiente ¿quién no se sentiría desmotivado?

Imposible no sentirse así casi todos los días, cada vez que prendes la televisión o escuchas las noticias y siempre pasa algo malo, porque en este sitio lo único que llueven son las desgracias, y nadie se termina salvando de ellas (al menos no por completo).

—Ale, Ale... Ale, despierta.

—¿Qué pasa? ¿No ves la hora?

Alexandria se levantó y revisó su celular, aún seguía bastante oscuro, después se dio cuenta de que esto era así porque eran las tres de la mañana.

— Son las tres de la mañana, Agustín. TRES de la mañana.

—Es que mamá se ha vuelto a ir al trabajo y ha dejado la puerta abierta. —avisó.

Alexandria no podía creer que su mamá había vuelto a hacer eso, a veces sentía que su mamá lo hacía a propósito solo para que los roben y secuestren.

—¿Y no la puedes cerrar tú?

—Es que hace mucho frío.

Joanna Rey es la madre de Alexandria y Agustín Rey, tiene treinta y seis años, y es empleada de una empresa de limpieza, básicamente otras personas la pueden contratar a ella y a otras empleadas domésticas para limpiar casas, colegios, centros comerciales; donde haya algo que limpiar, ahí está la mamá de Alexandria. Lo que le molestaba era realmente su mamá no tiene la necesidad de salir de la casa a las tres de la mañana por muy lejos que quede el sitio donde trabaja, ya eso lo hace por gusto, le gusta desaparecerse a veces y tener su tiempo para ella sola.

A cualquier joven le gusta que sus padres estén afuera de vez en cuando para tener su tiempo solos. En el caso de Alexandria, estar sola en su casa implica que tiene que hacerse cargo de ella, y cuidar de su hermano menor.

Así que no es la experiencia más divertida del mundo, al menos para ella.

De vez en cuando sería bueno que no hiciera eso de desaparecerse, la última vez que lo hizo duró tres semanas fuera de la casa, sin llamar o siquiera escribirle a Alexandria, fueron las peores tres semanas de toda su vida.

—Ale, levántate. —ordenó Agustín, su hermano no se levantaba, así que agarró una almohada y le dio un golpe con ella en la cabeza— ¡Ale!

—¿Por qué no me dejas dormir, ah? —le dio un pequeño empujón, quería que la dejara tranquila— Ve a dormir un ratico más, anda.

—Es que ya vamos tarde al colegio.

—¿Qué es, Agustín? Aún es demasiado temprano...

Revisó la hora en su teléfono, su muy pequeño e inservible teléfono que comparado a los de sus compañeros del colegio ya no era nada, aunque al menos daba bien la hora y decía que eran exactamente las 6:15 de la mañana.

—¡No puede ser! Vamos tarde, vamos súper tarde. ¿No te puedes ir arreglando tú solo acaso? ¿Todo lo debo hacer yo? Mierda, mierda, mierda.

—Deja de decir groserías.

—Agustín, hazme el favor de cepillarte los dientes y echarte un baño, que nos vamos a retrasar para tomar el autobús y después no van a pasar más en todo el día. —sacó rápido el uniforme escolar de su closet, apenas quitándose el pijama— Ya tienes siete años, Agustín, debes aprender a hacer las cosas tú solo.

—Pero, es que solo tengo siete añitos. —respondió.

—Pues con siete años ya deberías saber que cuando son las seis de la mañana, en día escolar, debes levantarte tú solo y empezar a arreglarte tú. No te voy a durar toda la vida.

El tener que escucharse hablar le molestaba de vez en cuando, se sentía más como una mujer de treinta años a una chica de diecisiete.

Tener que ir al baño y darse cuenta de que no había agua corriente era lo peor, porque tenía que sacar el agua de varias botellas que recolectaban cada fin de semana, cuando por fin llegaba el agua a la zona donde vivía, pero bañarse así no le gustaba, como desearía poder bañarse en su ducha como una persona normal. Y ahora, ni siquiera le da tiempo de calentar un poco de agua para que no esté tan fría.

Nada mejor que bañarse con agua fría para empezar bien el día. Espero que no crean que lo estoy diciendo en serio. Hay artículos en internet que explican lo bueno que es bañarse con agua fría, Alexandria espera que sea verdad y que en serio le esté dando algún tipo de beneficio.

Esta es su rutina diaria, y la rutina de sus vecinos, y la rutina de todo el mundo aquí. No le gusta decir que ya se han acostumbrado a esto, porque en ningún país nadie debería estar acostumbrado a tener que soportar todas estas cosas, pero, ¿qué más puede hacer ella? Realmente no puede hacer nada al respecto, solo sobrellevar la situación.

Salir de aquí es lo que más desea, llevarse a su hermano lejos de ese lugar y no volver a pisar esa casa, ni esta ciudad, ni este país, nunca más. No lo odio (al menos eso piensa), pero el resentimiento que siente al tener que pasar por esto todos los días, no lo considera normal.

—Agustín, come rápido que en cinco minutos debes estar en el colegio.

—Ale, hago todo lo que puedo, no me apures.

—¿Qué no te apure? Pues fíjate que no me queda de otra que hacerlo, porque si fuera por ti, no irías nunca al colegio.

—Es que a mí no me gusta el colegio.

—A mí tampoco, pero uno se acostumbra, y te tocará acostumbrarte por una buena cantidad de años más. Apúrate, ya tenemos que irnos.

—Voy, voy. —lo dijo con el sándwich en la boca, mientras se trataba de atar las trenzas de los zapatos.

Su hermano menor, Agustín, es lo único que en la vida puede traerle felicidad y molestia al mismo tiempo, siente que actúa más como su mamá que su hermana a veces.

El lugar donde viven, ¿cómo describirlo? No es el más bonito y no a todo el mundo le gusta pasar por ahí, ya en sus propias palabras... Entiende porque dicen eso, no es el lugar más seguro del mundo, pero aquí todos se las arreglan a su manera al igual que su familia, y no todos allí son personas malas como quieren hacerlo ver.

Lo que más le fastidiaba era tener que montarse en el autobús público y que estuviera repleto de gente, por favor ¿estas personas no sabrán lo que es el espacio personal? Parece que no, al menos Agustín consiguió un asiento, ella tuvo que quedarse parada a su lado, mientras él estuviera cómodo no le molestaba tener que estar así por media hora. Hay gente que soporta más.

Lo peor es que el colegio donde estudian no está en una zona por donde pasen directamente los autobuses públicos, así que les toca caminar desde donde los dejen hasta llegar. El pantalón escolar que estaba utilizando en estos momentos le incomodaba, ya no le servía y le quedaba demasiado ajustado, tenía tres pantalones del uniforme y todos los lleva usando desde el séptimo grado, no ha tenido el suficiente dinero para comprarme otros.

Pueden notar que hay muchos aspectos de su vida que a Alexandria no le gustan.

—¡Rápido! Entra, entra.

Ambos corrieron hasta la entrada del colegio, ya estaba cerrado el portón y el guardia era el único que estaba afuera, pero como él los conocía y les agradaba, cada que puede los deja pasar.

—Me van a regañar cuando entre al salón. —Agustín agarró fuertemente la mano de su hermana, estaba nervioso.

—Pues que le avisen a mamá y ya.

—Pero, no me gusta que la maestra me regañe.

—Ay, Agustín, es primera vez en el año que llegas tarde, solo te va a dar una advertencia y ya, no es para tanto.

—Está bien, pero si mamá me regaña, será tu culpa. —le advirtió, arrugando la cara.

—Ajá, claro, ¿y mí besito de despedida? —hizo una mueca de fastidio y Alexandria le sonrió.

—Ale, aquí no.

—¿Qué? ¿Te doy mucha penaa? —comenzó a fastidiarlo— ¿Te da pena que tu hermana te amee y te quiera muchisisisiiiimo?

—¡Ay, ya! Fastidiosa, chao. —se despidió.

Sabía que si lo regañaban y le avisaban a su mamá, ella no le prestaría mucha atención, menos mal que Agustín es un niño bastante tranquilo, porque si se metiera en problemas aquí la que tendría que ir a rescatarlo tendría que ser Alexandria, como siempre.

Llegar tarde para él no causaría tantos problemas

Ahora, para ella sí es diferente, porque los profesores de bachillerato de su colegio se toman demasiado en serio cuando alguien llega tarde, y ya eso le ha pasado demasiadas veces.

Llegar al salón era fácil, y al menos no había ningún profesor a la vista que le fuera a decir algo. Subió las escaleras con cuidado para dirigirse a su salón, ya Diego debía estar allí porque siempre llegaba temprano, son mejores amigos desde el séptimo grado, y estaban juntos en la misma sección, en décimo grado. Por los momentos estaba tranquila porque no había ningún profesor a la vista, hasta que se distrajo y chocó con la directora de la institución, Minerva Ruiz.

Mala manera de iniciar el segundo lapso de décimo grado.

—Señorita Rey, muy buenos días. —la saludó— ¿Puedo hablar con usted? Es un momentico, nada más.

Alexandria sabía de qué iba esta conversación, ni siquiera había comenzado y ya quería que terminara.

—Mire, yo sé que usted y su hermano tienen ciertos... Problemas familiares, todos aquí estamos conscientes de su situación y siempre tratamos de ayudarla lo más posible, lo sabe, ¿cierto?

—Sí, profesora.

—Y usted tiene una beca del 70 %, muy bien merecida porque usted es una muy buena alumna. —aclaró, pero aquí venía la otra parte— Pero... Usted sabe que la beca no es completa, y su hermano no está becado tampoco, lo que significa que su mamá debe seguir pagando el colegio.

—Sí, yo sé profe, pero es que...

—Tres meses atrasada, Rey, tres meses. —dijo seria— Sabes cómo se ponen los del comité de padres con eso, y ya va desde el año pasado, pagaste la inscripción, pero no le que te faltaba del año anterior.

—Este mes sí termina de pagar, de verdad. —respondió— Yo hablo con ella.

Hablar de dinero no era algo que le agradara, más bien la estresa demasiado, porque sabía que su mamá no recibe la misma cantidad de dinero que antes como para lograr pagar completo, apenas pudo pagar la inscripción con algunos ahorros que tenía guardados en dólares, porque si no hubiera sido as, Alexandria ni siquiera podría haber inscrito a su hermano.

Necesitaba resolver este problema, y rápido.

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