iendole en la garg
Er
te, como si él hubiera estado esp
ado. ¿Nos veremos estas fiestas? Después de cuatr
a pasado, como si los cuatro años de silencio no existieran, c
. Las mariposas en el estómago, esas que creía muertas y enterradas, habían vuelto a revo
oda la familia reunida. Era una tradición sagrada para ellos. Y este año tocaba volver. Lo que significaba
un negocio disfrazado de boda. Nadie lo sabía, salvo los suyos. Para el resto del mundo para sus amigas del pueblo, para Erik, para todos Nancy era simplemente una chica que se había ido a vivir a la ciudad. Nadie sabía que
le explicaría que la chica con la que él soña
ándola de sus pensamientos. Pero Jack seguía en el baño; Nancy oía el agua corriendo y la músic
iándose por el sonido, encontró el móvil de Jack sobre la cómoda d
partó un poco la cortina, por instinto, para mirar a la calle. A veces venían a buscar a Jack los chóferes de la empresa, sin a
ono dejó
lly la sobresaltó. La asistenta estaba en el um
oltando la cortina y apartándose de la ventan
nsación incómoda de que había cosas en aquella casa que se le escapaban. Pero no le dio más vueltas. Aún no sabía que aquel número oc
había llegado. Cogió su teléfono, miró la pantalla un segundo con el ceño fruncido, y luego sacó
e silencio educado al que ya estaban acostumbrados, el silencio de dos personas q
, Nancy reunió va
te ha i
a de vino sobre
ado de que tengo un vuelo a las seis de la madrugada. A Los Ángeles
con el tenedor
mañana? Pero... ¿y la Navidad? ¿Te dará tiempo a
con esa frialdad que a Nancy ya no le sorprendí
ro oculto, a las nueve de la noche, justo antes de que Jack anunciara un vuelo a las
ó a sonarle el móvil en el bolsillo. Era Erik, lo sabía, lo sentía. Pero antes de que pudiera sacarlo,
a voz cansada . Te iré informan
eléfono ardiendo en el bolsillo y una sensación extraña en el pecho. Su marido se ib
a lib

GOOGLE PLAY