img EL HIJO SECRETO DEL MAFIOSO  /  Capítulo 2 La cárcel me transformó en lo que soy.  | 1.20%
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Historia

Capítulo 2 La cárcel me transformó en lo que soy. 

Palabras:1608    |    Actualizado en: 27/01/2023

olo propósito, sin dejar de tener en la mira a mi objetivo y aunque hubiera

chacho que fui una vez; ese iluso murió tras las rejas de esa cárcel, en el momento que tuvo que manchar sus manos de sangre, y todo gracias a esa conden

erido que todos sepan que soy: un hombre vanidoso, audaz, ego

que el mundo suponga que tiene tantas cualidades que no son para nada

a ver cómo se convierte en una gelatina temblorosa, la canija, víbora ponzoñosa que donde pica mata. Me secó el cora

hasta tocarme los labios. Como porciones de invierno, me refrescaron la boca justo ante

r, ya que es lo único que

abrón no había aparecido. Probablemente, alguna preciosidad le había llama

ce, el que se enamora embrutece, pero debo reconocer que los cuerpos calientes

o derecha. Y sonreí pensando en cómo luché para llevar hoy en día una joya tan única que no me quitaba ni para

su significado e

untaba si alguien me reconocía por lo que

da día más; sin embargo, no me arrepiento de esto que soy, porque a este Mat

incluso aquellos que al principio renegaron de mí, justo como mi hermano y las mujeres que no esperaba que quisieran mezclar

er y aunque muchas aceptaban, con el tiempo cambiaban de opinión, volvi

del aire acondicionado en la nuca, acariciando los mechones de mi pelo casi invisibles que sobresalen p

abierta y por ella entraron dos mujeres, una rubia y una morena. Ambas de pequeñ

as morenas, sino que evitaba a las mujeres rubias en mi cama para no

la garganta me llamaban la atención, y fantaseé de inmediato con agarrarle los muslos y subir las manos len

eseo. Mis fantasías no la podían cumplir ninguna que no sea la dueña de ellas, por lo tanto, no me interesaba buscar mujeres con el fin de cumplirlas, sino para sosegar la necesidad de correr haci

guiarla de arriba abajo sobre mi miembro, con mis manos posadas en sus caderas. Sus pechos respingones están apretados con firmeza c

tacones de trece centímetros y los movía como si fueran sandalias, y p

dida que movía la cabeza de arriba a abajo. - No quiero sorpresas a última hora - le guiño un ojo- no

n placer, sé que es el mejor conducto para la traición y

cas se pasan de inteligentes, saben que no podrán sumar nunca en sus vidas ¿Cierto, morras? -, él le dio un

on cada mujer con la que me acuesto suelen tene

con cinturas estilizadas que podía rodear dos veces con mis brazos. A veces tení

mándole a Tobías sin apartar la vista de las mujeres como un halcón a

fresca, ¿eso no cuenta? - l

que eres mi perro fiel, cabrón-,

is piernas y empezó a acariciarme con sus dedos la nuca, mientras me daba besos, en

a miré con ojos entre

decirme don John-, a ella no le simp

La sostuve de las caderas indicando que se sentara sobre el e

o pueden ser mamita, ¡andas lenta! - Esta era mi mane

que muchas quisiéramos tener el honor de servirle a don John, lástima que no le

ue le hemos negado, dice que no sé irá hasta hablar con usted-m

r es una verdadera espina de esas que se clavan y hasta que no crean infección

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