Libros y Cuentos de Da Cao Mei
Dulce Venganza Mexicana
Mi nombre era Ximena, y mi vida era una sinfonía de azúcar y harina, cada postre una obra de arte, cada día, una dulce melodía compartida con Ricardo, el hombre al que di mi corazón y construí un imperio. Pero la melodía se rompió, el sabor se volvió amargo cuando la enfermedad, la traición y una foto con la socialité Isabella me arrebataron el último aliento, anclando mi alma, en lugar de liberarla, a la pesadilla de una mansión que fue nuestro hogar, ahora su reino. Convertida en una sombra invisible, fui testigo de cómo Ricardo, sin rastro de duelo, arrojaba mis libros de recetas como basura, escuchaba sus desprecios hacia mi legado y mi memoria, mientras Isabella, con su dulzura empalagosa, reacomodaba nuestra vida con frialdad, borrando cada rastro de mi existencia. ¿Cómo era posible que el amor se transformara en esta crueldad visceral? ¿Por qué la verdad de mi hijo, Mateo, una tragedia médica que creí fue mía, se revelaba ahora como una monstruosidad gestada en la indiferencia de Ricardo y el veneno de Isabella? Atrapada en este purgatorio, la injusticia encendió una llama helada en mi alma, la impotencia se convirtió en furia, y por primera vez, sentí un propósito: no partiría, no descansaría, hasta que la verdad saliera a la luz y Ricardo pagara por cada pedazo de mi vida que destruyó.
No Necesito Novio que No Me Confia
Durante diez años, el sudor y el linimento fueron mi perfume, el aroma de mi sacrificio. Invertí cada gramo de mi energía y cada centavo para convertir a Mateo, mi novio, en un campeón de boxeo. Pero mientras él se preparaba para la pelea más importante de su vida, su "amiguita de la infancia", Carla, le ofreció un té de hierbas que contenía una sustancia ilegal, dispuesta a arruinar su carrera. Intenté advertirle, grité, supliqué. Pero ante mis ojos, Mateo me abofeteó, destrozando diez años de amor y dedicación. Esa noche, Mateo perdió el combate, y Carla, la víctima perfecta, orquestó una campaña de desprestigio contra mí. Me convertí en la villana de México, fui humillada públicamente, perdí mi negocio, a mis amigos, y mi vida, hasta que una fanática desquiciada me apuñaló en la calle. Mientras la oscuridad me envolvía, Carla se cernía sobre mí, sonriendo, y susurrando: "Gracias por todo, Sofía. Con tu muerte, todos creerán que te suicidaste por la culpa. Y yo podré consolar a Mateo y disfrutar de todo lo que construiste para él". Pero entonces, mis ojos se abrieron. Estaba de pie en el vestidor, y frente a mí, Carla ofrecía a Mateo la misma taza humeante. El tiempo había retrocedido. Esta vez, la historia sería diferente. Esta vez, solo habría justicia.
No eres inculpable
Mi esposo, Mateo, el magnate de bienes raíces que conquistó Buenos Aires, me prometió el collar de diamantes vintage que tanto deseaba en una subasta de caridad. Pero en la gala anual de su fundación, vi esa misma joya, que él decía "perfecta" para mí, brillando ostentosamente en el cuello de una joven arquitecta de su empresa, Isabela Fuentes. Lo que siguió fue una serie de humillaciones: me abandonó en la noche para consolar a Isabela, me tildó de "dura" y, al exponer su traición familiarmente, Isabela lo acusó de abuso con falsas lágrimas, convirtiéndolo en víctima y a mí en la villana sin corazón. Aunque una investigación posterior probó que Mateo fue víctima de una conspiración y no me engañó físicamente, ¿cómo perdonar su ceguera, su deslealtad, los incontables momentos en que eligió desconfiar de mí y validar el engaño, destrozando la esencia misma de nuestra unión? Con una calma forjada en el dolor, le entregué los papeles de divorcio, aceptando que la "verdad" no podía reconstruir la confianza que él mismo había demolido, sellando el fin de un amor que se había vuelto tan irreconocible como el vino convertido en vinagre.
