Libros y Cuentos de Dong Shengxue
Corazón Arrancado: El Regreso de Ella
El dolor en mi pecho era un vacío familiar, un eco helado que me recordaba la parte vital que me habían arrancado. Mi tía Marta me miraba con desprecio desde la celda húmeda, usándome solo como una herramienta. Cada luna llena, me arrancaba el corazón para alimentar el poder de mi prima Valentina, la "Joya del Clan". Hoy, en la ceremonia de nombramiento de la próxima líder, me arrojaron al centro del salón, escuchando los susurros de asco y las acusaciones de ser una "vergüenza". Pero Marta fue más allá, declarando frente a todos: "Esta basura que ven ahí… ¡es mi hija! Una decepción sin valor, porque Valentina... ¡ella es la verdadera heredera del antiguo líder!" Luego, añadió la estocada final: "¡Su padre era un miembro del Clan del Sol Poniente! ¡Es una mestiza, una abominación!" La multitud, convertida en una turba, pedía mi muerte. "¡Mátenla!" Mientras los guerreros desenvainaban sus armas y Marta sonreía triunfante, yo hice algo que nadie esperaba. Me reí. Una risa fría, llena de desprecio, que detuvo a todos. Subí a la plataforma, cojeando, cubierta de sangre y lodo, y les solté: "Qué actuación tan conmovedora. Has hecho un trabajo maravilloso... preparando el escenario para mí." "Ha llegado el momento de que me devuelvan todo lo que me han quitado." "Con intereses." Ante la atónita mirada de todos, hundí mi mano en el pecho de Valentina, no para matarla, sino para reclamar lo que era mío. Arranqué no solo el núcleo de Garra Espectral que le daba poder, sino también mi propio corazón, la esfera de luz pálida que mi tía me había robado. Cuando la esfera pálida volvió a mi pecho, un torrente de poder dorado recorrió mis venas. Mis heridas se curaron, mis huesos rotos crepitaron, y la debilidad desapareció. Mi cabello se volvió blanquecino, mis ojos dorados, y de mi espalda surgieron magníficas alas de energía solar. Ya no era la paria Sofía. Era la heredera del Clan del Sol Poniente. "¿Alguien más?"
La Sombra de la Envidia
El chirrido de las llantas fue lo último que escuché. Luego, un golpe seco y un dolor que me atravesó antes de la oscuridad total. Mi último pensamiento: Javier, mi novio, con quien apenas horas antes había compartido nuestra felicidad en redes sociales. Pero su imagen se mezcló con la cara de Daniela, mi mejor amiga, gritándome por teléfono: "¡Sofía, eres una tonta! ¿No te das cuenta de que Javier solo juega contigo? ¡Te está engañando!" Ella me envió un video borroso, un supuesto Javier entrando a un hotel con otra mujer. Mi mundo se derrumbó. Sin hablar con él, sin darle oportunidad de explicarse, terminé mi relación, ahogándome en el dolor de una traición orquestada por quien más confiaba. Días después, Daniela, enfurecida porque Javier ni siquiera la miraba, me atacó. "¡Si no es mío, no será de nadie, y tú me lo quitaste!" Fue lo último que gritó antes de acelerar su coche y arrollarme. Me dejó morir sola en el frío asfalto. La traición, el dolor, el arrepentimiento… todo se mezcló en un último suspiro. ¿Cómo pude ser tan ingenua? ¿Cómo no vi el odio y la envidia en los ojos de quien consideraba mi hermana? El engaño fue burdo, pero funcionó con mi mente nublada por la inseguridad. Sentía una profunda injusticia, una confusión. ¿Por qué yo? ¿Por qué ella? ¿Por qué la vida me arrancó de esa manera? Y entonces, desperté. En mi cama, junto a Javier, en el mismo día del anuncio de nuestro noviazgo. El universo, por alguna razón, me había dado una segunda oportunidad. Esta vez, no sería la tonta ingenua. Esta vez, yo tomaría el control de mi destino.
Mi Suegra: El Veneno en Casa
El olor a cera quemada y el llanto débil de mi hijo Leo me arrancaron de una pesadilla: mi suegra Soledad, con una veladora encendida, intentaba "curar" la ictericia de mi bebé peligrosamente cerca de su rostro. En mi vida pasada, esta misma superstición había asfixiado a Leo. Esta vez, no lo permitiría. Apagué la vela, el ardor en mi mano era nada comparado con el horror de ver morir a mi hijo de nuevo. Mi grito de "¡Vas a matar a mi hijo!" fue respondido con insultos y la llegada de mi esposo Máximo, quien, ciego de obediencia, me acusó de irrespetuosa. Ellos creyeron que, siendo huérfana, me sometería a sus locuras, y que mi dolor por la quemadura me haría ceder. Pero lo que no sabían es que no soy la Luciana sumisa de antes. Esta es mi segunda oportunidad, y esta vez, mi bebé y yo sobreviviríamos a su ignorancia a cualquier costo. Mi venganza estaba a punto de comenzar.
