Libros y Cuentos de Lucia Love
Sombras de un Amor Pasado
El doctor Morales me entregó mi sentencia de muerte: una enfermedad rara y degenerativa, de avance rápido. Ese mismo día, nuestro décimo aniversario, regresé a casa para encontrar las copas de vino puestas, pero Ricardo no estaba. En Instagram, vi las fotos: Ricardo, sonriente, abrazando a la influencer Sofía, mi anillo de turquesa brillando en su dedo. Llamé, y su voz impaciente me confirmó la traición: "No seas dramática, Ximena. Mírate, siempre cansada, siempre enferma. Necesito a alguien con vida." Me dejó tirada, sola, en el suelo. Pero la vida me dio un respiro, un pequeño milagro: Mezcal, un gatito callejero que me recordó que aún podía luchar. Cuidarlo me dio un propósito, hasta que el destino nos jugó otra mala pasada: un mural en un hotel de lujo me puso cara a cara con Ricardo y Sofía. Ella se burló de mi arte, y Ricardo, su cómplice, me humilló frente a todos: "Es demasiado oscuro. Tienes que hacer algo más alegre, más… como Sofía." Luego, Sofía dejó caer la bomba: "Entiendo que lo de ustedes siempre fue más… discreto, ¿no? Casi un secreto. Debe ser difícil para ti." ¿Secreto? Entendí que su "privacidad" era para tenerme oculta. Entonces, mi hermana me llamó: "Mamá sufrió una caída. Necesitamos cien mil pesos para la cirugía." Solo Ricardo podía ayudarme. A cambio, me exigió disculparme con Sofía, públicamente, en su restaurante. La humillación fue insoportable, pero el dolor físico que me dobló en el suelo de su restaurante, mientras él se iba con ella, fue aún peor. Días después, Ricardo vino por sus cosas y vio a Mezcal: "¿Un gato callejero? ¿Metiste a un animal sarnoso en mi casa? Sácalo de aquí. Ahora." No me importaba ya su desprecio; lo que hizo después fue imperdonable. Fui a buscar a Mezcal, con una rabia creciente, hasta el apartamento de Sofía. "¿Dónde está mi gato?" , le grité, y ella sonrió: "Creo que se escapó. Ricardo estaba muy molesto, dijo que dejó la puerta abierta por accidente." Pero su mentira se desmoronó cuando vi la bolsa de basura… y la pequeña pata gris. "¡Lo mataste! ¡Asesina!" , grité, abalanzándome sobre ella. Ricardo llegó, me apartó y me llamó loca. "¡Es solo un pinche animal! Si tanto te importa, te doy dinero. ¿Cuánto quieres por el estúpido gato? ¡Te lo pago!" En ese momento, mi cuerpo me traicionó. Tosí y la sangre manchó mi mano. "Me estoy muriendo, Ricardo," dije. "Tengo cáncer. Terminal." Su rostro se paralizó.
El Fénix Renace: Amor y Traición
Soy Sofía Ramírez, "La Fénix" de las carreras clandestinas en la Ciudad de México, y hoy debía elegir a mi sucesor y esposo. En mi vida pasada, elegí a Ricardo "El Halcón" Solís, mi amor de la infancia, a quien le di todo, incluso el "Alma del Fénix". Él ganó el campeonato con mi auto, pero en lugar de pedirme matrimonio, me acusó de sabotaje ante las cámaras, me humilló y, junto a Lucía, su nueva amante y mi falsa amiga, me entregó a la policía mientras sonreía. Morí sola y olvidada en una celda fría, sin entender por qué me hizo esto. Pero desperté, y hoy es el día de la elección, la segunda oportunidad que el destino me ha dado. Y de pronto, lo veo: Ricardo, arrodillado ante mi abuelo, con la misma sonrisa cínica, declarando que mi corazón le pertenece, pero que el suyo ahora es de Lucía. Propone casarse conmigo bajo la condición de que Lucía sea su copiloto principal, un desafío descarado a la tradición familiar. Lo miro a los ojos y lo sé: él también ha renacido, lo recuerda todo y está aquí para jugar la misma partida, creyendo que tiene las cartas ganadoras. Pero él no tiene idea del infierno que está a punto de desatarse sobre él.
La Resurrección de Difunto
Mi hermano Leo, de diez años, necesitaba un trasplante de corazón que costaba 150 millones de pesos, una cifra imposible para mí, Sofía, una inmigrante venezolana sin papeles. Desesperada, acepté la oferta de mi colega Camila: pasar la noche "velando a un santo" por 200 millones. Pero al entrar en la sombría mansión de Don Eladio, el olor a cera quemada y la mirada fría de los anfitriones auguraban algo más siniestro. Descubrí al "difunto" en la habitación: no era un cadáver, sino un hombre vivo, aturdido y gravemente herido, la víctima de un brutal intento de asesinato y mi coartada perfecta. Encerrada con un "muerto" que respiraba, entendí que no solo era una virgen para un ritual, sino la chiva expiatoria en un plan macabro. ¿Cómo iba a escapar de esta trampa mortal, salvar mi vida y, con ello, la única esperanza de futuro para mi hermano?
