Libros y Cuentos de Shui Qing Ying
Mi Muerte, Su Ruina
La heredera de una fortuna, Sofía Valderrama, creyó haber encontrado el amor y la salvación para su familia al casarse con Mateo Reyes. Pero su apuesto esposo, a quien ella había salvado de la ruina, resultó ser un depredador implacable. Con información confidencial de mi propia familia, él nos destrozó sistemáticamente. Mis padres murieron de dolor, mi hermano fue encarcelado con acusaciones falsas planeadas por él. De heredera, me convertí en su sirvienta personal en mi propia casa, humillada a diario por él y su harén. Mientras tanto, un terrible secreto me consumía por dentro: un fragmento de obsidiana del cuchillo que usé para salvar su vida se alojaba peligrosamente cerca de mi corazón, moviéndose con cada golpe de su crueldad. ¿Podía haber mayor ironía, morir por su mano después de haberle dado la vida? Él quería verme suplicar, pero mi silencio era mi último acto de dignidad. Y mi muerte, mi venganza más calculada. En la subasta de mis propias reliquias familiares, donde Mateo intentaba destruir mi último gramo de honor, compré el mango del cuchillo roto con mis últimas monedas. Un gesto que desató su furia final... y mi plan perfecto. No le di el gusto de verme llorar. Le di el arte de mi adiós: una muerte inexplicable para él, una justicia definitiva para mí. Porque mi padre, el gran Valderrama, desde la tumba, había tejido una trampa de la que Mateo no podría escapar jamás.
Entre Copas y Secretos: La Verdadera Heredera
La radio crepitaba en el Festival del Vino, una voz estridente acusándome de ser una impostora. «Soy la verdadera hija de Isabel. Sofía es la impostora». De repente, yo, Sofía, la princesa de la enología, la heredera de la bodega, fui la ladrona. Todos se giraron, las miradas convertidas en cuchillos. Mi madre, Carmen, la humilde trabajadora del viñedo, se abalanzó sobre Lucía, suplicándome que la perdonara mientras la golpeaba. Su extraña "protección" solo reforzó las acusaciones, convirtiéndome en el monstruo. Los susurros, las acusaciones, los empujones, la humillación pública se convirtieron en mi día a día. Mis muestras de levadura, años de investigación, fueron destruidas. Fui acusada de vandalismo y expulsada de mi propia carrera. Cuando mi madre, Isabel, apareció con los resultados de un ADN, mi mundo se desmoronó. «Usted no es la hija de Isabel. Y la probabilidad de que Lucía sea su hija es del 99.9%». ¿Toda mi vida había sido una farsa? ¿La mujer que me amaba no era mi madre? Pero Isabel se negó a creerlo, exigiendo una segunda prueba. Mientras, una desesperada llamada de Carmen, la madre de Lucía, reveló una verdad aún más oscura. Mi madre biológica, la misma que me maltrató toda la vida por creer que era un error, planeaba venderme. Armada con una verdad irrefutable y la fuerza de mi madre, era hora de desenterrar el pasado y recuperar mi futuro.
