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Renina del infierno.

Renina del infierno.

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Seis hombres que cargan más defectos que virtudes, una mujer en busca de venganza dispuesta a todo, un giro inesperado, un secreto bien guardado, el amor y el odio se enfrentaran y ni Dios se atrevería a apostar por quien ganara. Solo una cosa es segura, ella es … La reina de Chicago. — Lo único que puede impedir una guerra en la ciudad es unir a las familias. Por lo que si no hay otra opción… niña, tú tendrás que unirte a nosotros. — Serás la afortunada señora De Luca… De los seis De Luca. — Los reyes de Chicago. — Y no te preocupes, hermosa, te cuidaremos bien. — Se están olvidando de un pequeño detalle… mi hermana es Valentina Constantini, si llegará a necesitar que alguien la cuide… serian mis padres, o nosotros sus hermanos… después de todo…somos los hijos de Emma. — ¿Qué quieres decir con eso? — Que comience la guerra.

Capítulo 1 Los De Lucca.

Me remuevo en la silla de la salas de juntas, observando la gran mesa que frente a mí se expande, veo a John caminar por el lugar, puedo sentir su estrés e inquietud, Bianca trata de calmarlo, acaricia su rostro y me pierdo en ese detalle, es lindo tener a quien amar, en quien confiar y de donde sacar fuerzas cuando quieres enviar todo al diablo… a no ser que te vuelvas un idiota como sucede con mi mellizo o que cause tu muerte como sucedió con Eliot.

— Debes dejar de exponerte de esa manera o no llegaras a conocer a tus nietos.

— Me conformo con conocer a nuestro hijo, te amo Tina.

— No más de lo que yo te amo Chicco.

A mi mente llegan tantos recuerdos de cuando el amor no fue solo un sueño para mí, un suspiro involuntario sale de entre mis labios, ¿estoy nerviosa? No, claro que no, estoy… aburrida, esa es la palabra, aunque debería sentirme eufórica, al fin hoy después de tres años, tendré a esos hijos de puta frente a frente, vere sus rostros y ellos verán el mío, me gustaría matarlos, pero sé que no puedo, hoy nos reuniremos para tratar de llegar a un acuerdo, antes que las calles de Chicago se cubran más y más de sangre, con víctimas inocentes y otros no tan inocentes, como sucedió con mi Eliot, mi amor, mi todo… el mundo como lo conocía se terminó ese día, y por más que Donato o Lion quisieron hacerme sonreír una vez más, no pudieron y lo peor es que no podrán, cuando mataron a Eliot, también me mataron a mí. Pero pronto conoceré el rostro de esos malditos y sin importar que suceda aquí, tarde o temprano los matare, uno por uno, con mis propias manos, los exterminare como la apestosa plaga que son.

— Donato tendría que estar aquí, ¿dónde rayos se metió ese muchacho? — mis labios forman una línea recta, pero solo es para ocultar mi sonrisa, si tío John supiera donde está metido en este momento mi mellizo, le sería más fácil comprender porque está descuidando el negocio de la familia.

— ¿Acaso crees que no puedo manejar esto sola? — sus ojos cafés chocan con los aguamarina que son míos, y veo el arrepentimiento surcar su rostro, sin embargo, Prieto me ve con orgullo, como siempre que hago notar o valer mi presencia, soy una digna Constantini, de eso no hay dudas, mi abuelo Marco estaría orgulloso también.

— Sé que puedes con todo Tina, pero ellos son seis y tu una…

— Soy Valentina Constantini, soy la hija de Emma Jonhson y Prieto Constantini, criada por Noha Zabrek… créeme cuando digo que puedo con todo tío. — sé que puedo manejar esto, llevo años preparándome para cualquier situación, al igual que Donato, me jode que me subestimen, y no es por tener 21 años, es por ser mujer, y me parece patético, el mundo está cambiando, la mafia también es hora de que los reyes tomen asiento y dejen a las reinas guiar, que observen y aprendan lo que una mujer puede hacer.

— Tranquila hija, no demuestres ninguna emoción, recuerda que no debes dejar nada a la vista o sabrán donde atacar. — Noha no debería estar aquí, él no pertenece a esta mafia, no será bien visto por nadie que reciba el apoyo de la mafia de Grecia en un problema de territorio, no es ético, aun así, agradezco que este a mi lado, aun descuidando sus propios negocios.

— Lo se papá, pero ahora estamos en familia, puedo dejar saber cuánto me molesta que me subestimen por ser mujer, después de todo… nadie sería capaz de traicionarme ¿verdad? — Noha, él hombre que me crio y que se ganó a pulso que lo llamemos papá asiente con su cabeza, por dos razones, número uno, esta es mi familia y nadie traiciona a su sangre, número dos, si alguien se atreviera a hacerlo, estaría cavando su propia tumba, ya que aprendí bien de los errores de mi abuelo, a un traidor nunca hay que dejarlo con vida, aunque sea familia.

— Nadie te subestima hija… — Prieto intervine, nuestros ojos chocan y dejo salir mi sonrisa más burlona.

— Padre, dejaste este mundo oscuro y repleto de ilegalidades hace años, sin embargo, aquí estas y eso es solo porque temes que no pueda manejar la situación, aun cuando se suponía que Don estaría aquí. — mi verdadero padre busca ayuda con la mirada, pero solo recibe el silencio como respuesta, incluso su hermana Bianca no dice nada.

— Tina, no es eso, solo quiero apoyar a mis hijos…

Dejo de prestar atención, sé que dirá lo mismo de siempre, creo que todo era más fácil cuando era pequeña, cuando podía contar con Donato, o después, cuando Eliot cumplió su promesa y fue por mi… lo extraño, siempre lo hare, mi corazón se fue con él, los recuerdos del pequeño que nos ayudó cuando el loco de mi tío Demetri Constantini nos secuestró, su valentía y amor por mi lo llevo a enfrentarse al gemelo de mi padre, a un Constantini, siendo solo un niño, que estúpido, lo supe ese día, su valentía y locura lo llevaría a su muerte, y… no me equivoque.

— Esto es muy importante Eliot.

— Mierda, lo se Tina, solo me llamas por mi nombre cuando las cosas no están bien.

— Entonces…

— Nada, ¿me oyes Valentina?, basta de excusas, si por pedido de tu abuelo no puedo desposarte hasta que cumplas 21 años, por lo menos, dejare mi semilla en ti, solo así te atrapare mi amor.

— Eres un idiota Chicco, tú ya me atrapaste, desde que cumpliste tu promesa de buscarme, te amo.

— No tanto como lo hago yo, eres mi mundo Tina.

— Tina ¿estas bien? — Bianca toca mi mano que reposa sobre la carpeta que contiene la poca información que mi gente pudo recaudar de “Los reyes de Chicago” por favor, si más parecen una pandilla que mafiosos.

— Siempre, tía, no lo dudes jamás. — veo como la pena de sus ojos se clava en mi persona y lo detesto, odio que se preocupen por mí, no cometeré ese error dos veces, o por lo menos no aun, primero debo vengar a Eliot.

— Tina, sabes que lo que sucedió con Eliot…

— Perdón por la demora. — Donato irrumpe en la sala de conferencias, siempre me salvas hermano, aun después de tantos años seguimos conectados.

Noha queda en silencio, pero sus ojos se clavan en mí, me conoce, por Dios, él me crio, él se ocupó de nosotros, cuando aún no éramos los Constantini, cuando él solo era el dueño de un restaurant de comida italiana y no el líder del clan Zabrek, sonrió para mis adentros y le regalo una mirada cargada de orgullo que lo hace enrojecer por un momento, Noha puede ser un gigante de casi dos metros y aun con su edad sus músculos están bien definidos, pero para nosotros solo es papá, un huérfano que aprendió a valerse por sí solo, y no solo eso, él se hizo responsable de John, Tommy y por supuesto mi madre y nosotros, ellos se conocieron en el orfanato, quien diría que la familia que formaron cuando estaban solos y se auto proclamaban “los cuatro mosqueteros”, se convertiría en lo que son ahora.

La empleada ingresa para dar aviso que nuestra competencia acaba de ingresar en el edificio y por un segundo me imagino abriendo fuego apenas ingresen por la puerta, pero luego recuerdo que las armas están prohibidas hoy, tanto para nosotros como para ellos, suspiro y me coloco de pie, le doy una mirada rápida a Donato, quien está a mi lado, así es, esta mesa no tiene un lugar en su cabecera, sino dos, somos mellizos, somos los herederos del clan Constantini, mi padre Prieto está a la derecha a su lado papá Noha y mi hermano Lion, el futuro jefe de la mafia de Grecia, él hijo de sangre de papá Noha y Emma mi madre, mi tía Bianca a nuestra izquierda, a su lado su esposo John, observo como quedan a la derecha dos sillas vacías, una en la otra punta y tres del lado izquierdo, me pregunto si ellos también tiene alguna regla para tomar asiento como nosotros, si su lugar establece algo o solo son unos idiotas con ambiciones demasiadas altas, aunque estoy más que segura que es la última opción.

— Aquí están los señores De Luca. — informa Matilda, y sé que mi rostro debe ser aún más serio que el habitual, ya que Donato me da un leve apretón en la mano, lo que hace que lo mire a él en lugar de a los seis hombres que están ingresando, respiro con lentitud, sé que Don me prometió dar con los culpables del homicidio de Eliot, después de todo eran amigos, pero ya han pasado tres años y aun no obtengo mi venganza y yo a diferencia de él, estoy convencida que fueron los De Luca.

— Son niños. — el comentario de uno de ellos, que pretendió ser bajo lleno mis oídos, de echo todos lo escuchamos, lo que provoca que clave mi vista en ellos, tratando de ver quien fue el imbécil que hablo, aunque solo puedo ver a cuatro, los otros dos están detrás de ellos, tengo ganas de hacer una mueca de disgusto, parecen una maldita pandilla de un vecindario cualquiera, con sus pantalones de jeans y camisas remangadas y mal abotonadas, es una falta de respeto hacia nosotros, a lo que representamos.

— Cuando se es un Constantini, tu edad no interesa, nacimos para gobernar. — la voz de Donato es seria, pero una sonrisa burlona adorna su rostro, lo que provoca que una leve sonrisa tire de mis labios, pero esa Tina que usaba sus dotes actorales y sonrisa de niña para manipular a las personas a su alrededor ya no está y eso se lo debo a ellos, me arrancaron lo que más amaba y yo arrancare sus corazones.

— Lastima niño, porque esta cuidad merece ser reinada y no gobernada y ya sabes, nosotros somos los De Luca, somo los reyes de Chicago. — observo a quien habla, es uno de los mayores, tiene un poco de barba, un par de tatuajes asoman en su cuello, y sus manos, al igual que los demás, ¿acaso cree que puede intimidarnos por estar lleno de tinta?

— Esta reunión fue pactada para tratar de llegar a un acuerdo, no para ver quien mea más lejos. — el comentario de papá casi me hace reír, por lo que disimulo llevando una mano a mi mejilla como si me rascara, cubriendo mis labios en el proceso, crecer con Noha como figura paterna te anestesia de cualquier tipo de intimidación, solo basta con verlo y cualquiera se pondría a temblar, menos nosotros, sus niños.

— Tienes razón Papá, por favor si no es mucho para “los reyes” tomen asiento. — Donato y su sarcasmo, ha dejado ver algo que muchos desconocen y es que llamamos papá a Noha. — Pero antes dejen que nos presente, para que comprendan con quienes tratan, mi nombre es Donato Constantini, y el de mi hermana es Valentina Constantini, sean bienvenidos a nuestro territorio. — los De Luca nos observan, de hecho, lo han hecho desde que ingresaron.

— Mi nombre es Leonzio De Luca. — se presenta quien parece ser el líder. — Ellos son mis hermanos, Rocco De Luca y el menor Salvatore De Luca. — veo como los dos que ya fueron presentados y que continúan en silencio toman asiento a la derecha y Leonzio en la cabecera contraria a nosotros.

— Mi nombre es Lupo De Luca, él es Ángelo De Luca y mi hermano menor Ezzio De Luca. — terminada la presentación, aunque casi no pude prestar atención a lo que dijo o quien es quien, de sus hermanos, ya que mi vista se fue a Matilda, que trajo café, ¿en verdad debíamos servirles? En fin, toman asiento, pero me sorprendo al ver que Lupo toma la silla y la coloca al lado de Leonzio, ellos son los cabecillas, y por su forma de presentarse, ahora sabemos que son primos.

— Tengo entendido que fueron expulsados de sus tierras y que perdieron gran parte del clan De Luca, gracias a la sombra italiana, pero para su desgracia no encontraran un lugar aquí en Chicago…

John nos sirve de representante, como si fuéramos de mundos diferentes, cuando en realidad no es así, vivimos bajo las mismas reglas, trabajamos de lo mismo, claro que esta reunión se lleva a cabo, por el hecho de que tanto los Constantini como los De Luca somos de descendencia italiana, pero a diferencia de ellos, mis abuelos Marco Constantini y Greco Jonhson se ganaron Chicago, estas tierras son nuestras desde hace generaciones, y a mis abuelos no los corrió ningún otro mafioso, ellos eligieron inmigrar aquí, este es nuestro territorio y lo defenderemos, cueste lo que cueste.

Mientras mi tío sigue con su argumento, del por qué ellos deben buscar otra ciudad para “reinar” yo los observo. Sus edades deben rondar entre los 25 y 30 años, Leonzio es de su tez clara, sus ojos celestes, de cabello negro rapado a los lados y más largo arriba, por un segundo clava su vista en mí y una de sus cejas se levanta con intriga, no dejo de verlo, carente de cualquier emoción, mientras él trata de intimidarme o someterme con su mirada, la cual retira de mi en el momento que su primo Lupo le susurra algo al oído, secretos en reunión es de mala educación, dice la pequeña Tina de mi cabeza, por lo que antes de decir alguna estupidez, sigo con mi recorrido, llevo mi vista a Rocco, su corte de cabello es igual al del mayor, solo que su color es más claro, castaño con unos toques de dorado, inclusive el tono de piel guarda cierto parecido, debe tener solo un par de años menos que Leonzio, sus ojos son claros, verdes quizás o celestes, no, son grises, si, lo puedo saber con certeza porque al igual que paso con su hermano él también me ve, mostrando una enorme sonrisa y mi reacción es la misma, aburrimiento de todo esto, decido dejar de verlo cuando me dedica una sonrisa más coqueta, acompañada de un giño de ojo, ¿Qué clase de bufones son? me centro en el menor, mismo corte de cabello, color negro como el de Leonzio, pero sus ojos no son claros, los de Salvatore son negros, unos pozos negros que por un segundo casi me hacen caer en ellos.

Una carcajada de Lupo hace que centre mi atención en él, casi hago una mueca de reprobación, casi, pero logro mantener mi cara de póker, su cabello es castaño claro, piel clara, y ojos celestes, es el que más barba tiene, además de aros adornando sus orejas y nariz, parece más un motociclista rebelde que un mafioso italiano, observo a Ángelo, quien tiene su nombre tatuado en el cuello y él está haciendo lo mismo, está observándome, es muy parecido a su hermano mayor, solo que más joven y con una barba bien recortada y unos aretes pequeños, no como los que ostenta Lupo, sus ojos son tan oscuros como los de su primo Salvatore, no me arriesgo a continuar viéndolo, por alguna razón la oscuridad que poseen ambos primos me incomoda. El último en fijar mi atención es Ezzio y me sorprendo, no puedo creer que no me di cuenta cuando entraron, aunque claro que tenía mis motivos, solo estaba fijando mi atención en los mayores no en ellos, lo conozco, maldición, no puede ser… Chicco.

— Hola Tina. — dice el menor a modo de saludo, mientras hace un asentamiento de cabeza y John deja de hablar. En menos de un segundo siento la mirada de mis padres y hermanos sobre mí, al igual que los malditos De Luca.

— Para un De Luca, mi nombre es Valentina. — respondo apretando mis dientes, no puede estar pasándome esto, aunque en parte es mi culpa, le dije que no me interesaba saber su nombre. Siento la mano de Don sobre la mía y nuestros ojos se encuentran, solemos hacer esto, es como hablar sin palabras, nos conocemos, somos mellizos, y en este momento Don me está interrogando los cómo dóndes y porques. Y aun sin quererlo sé que obtuvo lo que quería en el momento que achica sus ojos y tensa su mandíbula, para girar y ver el rostro del menor de los De Luca.

— Gracias John por tus palabras, pero esto ya se está extendiendo demasiado. — las palabras de mi mellizo suenan aceradas, está enojado, yo lo estoy, Lion se tensa en su sitio y solo es porque todos los De Luca siguen con la vista fija en mí. — Vamos a tratar de llevar la fiesta en paz, ya que la idea de que se larguen de aquí solo los va a incitar a quedarse. — las deducciones de Don los toman desprevenidos, si idiotas, los estábamos analizando. — Les proponemos una tregua, ustedes se quedan del lado este y nosotros del oeste…

— Comprendo como piensas pequeño y estoy de acuerdo. — ahora es mi turno de colocar una mano sobre la de mi hermano, Lupo está jugando con fuego y se quemara si vuelve a tratar de pequeño a mi hermano. — Pero tendrías que casarte con mi hermana, la única mujer De Luca solo así habrá paz, formando una lazo indestructible, un heredero, un descendiente de ambas familias. — suspiro, aun siendo consiente que muchas miradas están sobre nosotros, Lupo pide algo imposible.

— Me siento honrado a tu oferta. — Donato lo único que consigue con su sarcasmo es que los seis De Luca se tensen, molestos por el rostro burlón de Don. — Pero ya estoy comprometido y todo mi esperma es para ella. — coloco mi mano esta vez en mi nariz, como si me picara, al tiempo que cruzo la vista con Lion, quien está mordiendo su labio para no reír, maldito Donato sí que eres un idiota.

— Lo único que puede impedir una guerra en la ciudad es unir a las familias. Por lo que si no hay otra opción… niña, tú te tendrás que unir a nosotros. — la voz segura de Leonzio se esparce por la sala de juntas, mientras sus ojos celestes me observan… ¿esperanzado?

— Serás la afortunada señora De Luca… De los seis De Luca. — Lupo agrega esa información y no puedo evitar levantar una ceja en su dirección, mientras veo como pasa la mano por su larga barba, como preparándose para comer un delicioso platillo.

— Los reyes de Chicago. — acota Rocco con una enorme sonrisa, como si eso fuera un hecho y yo debería brincar agradecida.

— Y no te preocupes, hermosa, te cuidaremos bien. — informa Ángelo, también está sonriendo, ¿realmente me veo preocupada? ¿O es que se drogaron antes de venir?

— Si muy interesante, pero… se están olvidando de un pequeño detalle. — Donato se pone de pie y como si nos uniera un hilo invisible lo imito. — Mi hermana es Valentina Constantini, si llegará a necesitar que alguien la cuide… serian mis padres, o nosotros sus hermanos… después de todo…somos los hijos de Emma.

— ¿Qué quieres decir con eso? — Ezzio es el que pregunta, su preocupación parece verdadera, sus ojos color miel no se despegan de mi en ningún momento, pero es al único que evito ver.

— Que comience la guerra. — ni a mí, ni a los De Luca se nos pasa desapercibido como mi familia asiente con la cabeza, están con Donato, por obvias razones.

— ¿Por qué no dejas que la niña hable? — Lupo está acabando no solo con la paciencia de Donato, la mía está en su límite.

— No veo ninguna niña aquí, a no ser que la única De Luca este de rodillas gateando por debajo de la mesa. — veo la intención de Lupo al levantarse de su sitio con los dichos de mi hermano Donato y no es el único.

— Basta Donato, ya es suficiente, compórtate. — mi voz es firme y al ver los ojos avellanas de mi hermano este baja la cabeza apenado, sabe que no se está comportando a la altura, no importa a que par de idiotas tengamos en frente, somos los hijos de Emma, los modales, son una parte fundamental de nosotros. — En cuanto a ustedes… señores De Luca, se les agradece la oferta, pero no soy moneda de intercambio, que tengan buena tarde. — término con todo esto con la misma cara que tenía cuando comenzó, estoy aburrida.

— ¿Y eso quiere decir? — Leonzio sabe muy bien lo que quiero decir, solo está provocando, pero ¿para qué?

— ¿Qué es lo que tu cabecita de matón barato no comprende? — mi hermano Lion está de pie, al igual que Salvatore, no quiero esos ojos negros clavados en el tierno rostro de mi hermano menor.

— Lion, siéntate. — ordeno con voz neutra, mi hermano menor bufa, pero me obedece.

— ¿Tienes miedo de que puedan lastimar a tus hermanitos preciosa? — Rocco, me ve sonriente, pero mientras él mide mi rección yo observo de reojo a mis padres, Prieto tiene esa mirada asesina que hace años no veía en sus pupilas, después de todo Lion es su ahijado y nosotros sus hijos, y Noha, Dios, ya está de pie.

— Le vuelves a decir preciosa a mi hija y …

— No sabía que la verdad lo ofendiera, ya que es así, tiene una hijastra preciosa. — Noha salta sobre la mesa y Rocco retrocede dos pasos, así es matón de pacotilla, te estas jugando la vida con lo que dijiste.

— Papá regresa a tu lugar. — Noha me ve apenado, pero lo hace. — Padre ni se te ocurra. — digo cuando veo el brilló bajo la mesa.

— Tina. — dice en forma de protesta Prieto.

— Dame eso… ahora. — Prieto bufa al igual que lo hizo Donato, pero me entrega su revolver, uno pequeño que siempre lleva amarrado a su tobillo. Observo como los De Luca protestan con la mirada, se suponía que no debía haber armas en la habitación, debo solucionar esto, el mayor poder que posee el clan Constantini es su palabra, la cumplimos, cueste lo que cueste. — Les pido disculpa en nombre de mi familia, pero ustedes los están provocando, ahora si son tan amables, los acompañare a la salida. — les informo mientras comienzo a caminar.

— ¡Valentina! — el grito de Noha es acompañado de toda su altura al ponerse de pie nuevamente.

— Noha. — los ojos de papá se agrandan, y me odio por ello, la última vez que lo llame por su nombre tenía cinco años y fue porqué lastimo a mamá por no controlar su carácter, pero a mi favor, nos está dejando como niños que no sabemos solucionar nuestros problemas y ese es un lujo que no me puedo permitir.

— Lo siento hija. — baja su cabeza y mis manos se cierran en puños, todo esto es culpa de ellos.

— Es la última vez que se lo pido, síganme. — veo los ojos de cada uno de “los reyes de Chicago” y al fin comienzan a caminar a la puerta.

Se sorprenden al ver que realmente los acompañare, aunque se mantienen en silencio, mientras esperamos el ascensor varias personas de la empresa nos observan, saben que no son empresarios, claro que no, si parecen motoqueros o pandilleros por cómo están vestidos, odio tener que involucrar la empresa de la tía Bianca con lo ilegal, pero era necesario un lugar neutro y este lo es. Las puertas del ascensor al fin se abren y cuando los De Luca ingresan observo que Donato y Lion están en el pasillo, hablando, no, planeando, maldición, hombres debían de ser, en un acto estúpido, ingreso al ascensor y mi mellizo me ve con sorpresa y enojo. Suspiro cuando las puertas se cierran y solo entonces reparo en la presencia de los seis hombres que están a mi espalda, viéndome como si fuera un pequeño conejito y ellos fueran seis lobos hambrientos, aún no saben que tan equivocados están.

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