sta de Dant
tación del hospital apesta
engullida por las sábanas blancas
veredicto: una falsa alar
el estacionamiento donde mi reflejo se proyectaba contra
a Serena en
rta como a un salvavidas, con los ojos llenos
ico se apretó detrá
taba v
? -susu
vol
su mano temblando con
a tan asustada. Pensé q
m
ia, el deber, y r
lo de cálcul
ba hacia su manicura inclus
entí
cción. N
ado que se asentaba en
dije, mi
enes que quedarte conmigo e
eras están
a puerta, alar
itaré. ¡Le diré a la a
lo -
portaba
ortaba el
i esposa. Mi ve
ando que la pesada puerta
chirriando mientras me pasaba los semáforos en rojo, mi co
sio esta
rto, dejando solo u
rían los tristes
brazo, quizás con demasiada brusquedad
azul? Se fue hace hora
je a
cerniéndose contra el ciel
s en dos, la desesperaci
ena!
cio me r
la puerta de
io estab
abrigos de piel, los zapatos que le había c
ja bolsa de lona que usaba para s
al b
u cepillo de dientes, e
captó la luz
cía
ndo
o rompió e
o para vigilar al Señor Obregón, el capo rival
el investigador, su tono carente d
fijos en el anillo abandonad
Mia, Jefe.
det
Qu
ante de Obregón. Acaba de recib
rodú
cobró vida co
ia. Frenéti
importa el bebé. Necesito el dinero ahor
regón, suave
dero Vitiello en tu vientre. Ere
ada por la estática pero las palabras cristalinas-. ¡Es tuyo, imbécil! Y si
se me resbal
alfombra con u
inclinó so
b
deb
a que había ro
había destruido lo ú
na me
o
a, un sonido primario de rabia y
había esta
. ahora esta
ambriento

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