Ríos
elto invisi
ntasma, guardando mis pertenencias e
furruñamiento. Creía que finalmen
o sobre la puerta del estudio, cuando
, su tono despectivo-. Sí, sé lo del
con
gua-, Elena aceptó ir a la hacienda en Querétaro por unas
madre. O quizás, Isabel
legó débilmente desde el altavoz, metálica pe
a un ritmo frenético
bía firmado el ac
oscuro y rico que solí
segurar la pensión, Madre. No va a ninguna p
nte lo
ncia era
s sombras, silenci
e, dio u
ano. Dentro había unos aretes de diamantes, fríos y pes
sada. El mismo día que me aban
cante, lleno de los mismos buitres que
raba, sus voces como el
mantenida. El c
sesiva en la parte baja d
puertas dobl
a en
apó de los pulmon
bordado con delicadas enredaderas plat
diseño
había visto a
regresar, cuando no podía ver nada más que sombras y
ndo las líneas. *Cuando pueda ver
ía lo llev
ón, la multitud se apartó
ctamente ha
ulzura-. Dante me dijo que diseñó este vestido. Es exquisito
redador mostra
ncómodo. No me m
ngo un regalo
dedos de mani
lantó, llevando una
n cachorro. Un
rguidas, sus dientes
acia atrás. Se me c
do en las dependencias de los sirvientes. Uno de ellos me había desgarra
lo s
o *s
pujando la canasta hacia mi p
ladró, un ch
mente, chocando con u
ó Sofía, sus ojos brill
tamudeé, mis palmas
fía, volviéndose hacia él-
observando. Esperando a ver si la
ensa de advertencia-. Toma e
urré, suplicándole que
el maldito p
s manos te
ntiendo mi terr
alió frenéticamen
disp
ia una imponente pirámi
ra
dor mientras cientos de
movió al
, protegiéndola de lo
vió como gran
cortó el antebrazo. O
gre brotando en mi pi
a. Sus brazos
le preguntó, su
ella, enterrando s
tonces
por mi brazo, goteando s
arrepentimiento b
es la multi
un soldado cercano, su máscara volvie
ió haci
suavemente-. S
s
nue
ta, sangrando, mientras los invit
ró mi brazo ile
señori
roto que brilla
exactamente
erando mi braz
yo
la noch
ías res
a uno de ellos contar

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