tormenta antes de que el grito que a
la piel de ella se grabó en la
n, dejando que la lluvia me golpeara, esperando
tra primera
uerpo como si fuer
llaba en otro al
dearon y se apagaron, y hasta que mis temblores se c
habitaciones de servicio, me
peó; me aplastó como un
dí
cin
rio, la voz profunda de
a ley
corrió todo el
e había prometido le
midades hasta la puerta, a
la habitación de Sofía, leyendo a la madera
u mirada se
a mi frente, el brillo vid
a, colocando una
l y completamente de
a", afirmó, s
consuelo. N
có una llave
en cuarentena", d
garnos a que el he
mi p
clic de l
la tapa de un a
ta demasiado irritada e hinc
or. Era una ame
e convirtie
rsonal que dejara
dejas eran un "vec
o del baño, entrando y sali
as paredes, los sonido
sa
o de los cubiertos
a, apoyándome en el alféiza
una cena a la l
ita. Risotto co
e so
eía
a... c
se escuchaban claramente e
ño", dijo Sofía, girando ociosame
izo una
ura, aunque sabía que no
a",
ón dejó
u
mbre que habí
sábanas, soñando con un niño con sus
obando el peso del nombre en su le
la mesa, cubriendo la
no se
ó sus
rindó, levant
rrucándome en una bola apret
abía robado
abía robado
uestros sueños y se lo había regalado, envu
no era nada comparada con el va
s y susurré e
s, Da
a vez, lo di

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