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resoras. Apagué mi luz y oculté mi identidad como la hija del
sería suficiente.
que llevaba al hijo de su difunto Beta. Pero la forma en que la tocaba, la forma en
gí respeto, n
bofe
con desdén, burlándose de mí por ser una hembra débil, sin familia y sin poder. Incluso le di
sin mi prote
ía idea de que estaba parado en tierras compradas con
ojos cambiaron de un suave café a
antiguo vínculo mental que
rdia Real que esperaba en l
na guerra? Yo le d
ítu
Vista d
e mi mano. Parecía inofensiva, pero era lo ún
upre
un compañero que amara a Alessia, no a la Princesa. Había fracasado. Durante tres años, había tragado esta amargura cada mañana.
is persistió mientras bajaba la gr
Es donde el Alfa gobierna, donde viven los miembros de alto rango y donde
a a podr
ás ir, Alessia. Ten
fa de esta manada, estaba en el vestíbulo. A su lado había una
barato, podía olerlo. El distintivo y almizclado olor de una Errante: una l
el torbellino en mis entrañas-. ¿Estás trayendo a una Errante
mbros anchos de un Alfa, pero sus ojos siempre tenían un destello de a
la es Valentina. Era la compañera de mi difun
vientre, mirándome con
ro que mi bebé nazca en un lugar segu
as, se agitó. Dejó escapar un gruñido bajo y de adv
Es una señal de sumisión, un reconocimiento instintivo de la jerarquía. Valentina no expuso su cuello. En
e en los cuartos de los Omega -dije, tratando de mantener e
retumbando-. Se queda aquí. En el
ara oficiales de al
una ola de dominio destinada a forzar la sumisión-. Y yo digo que se queda donde pueda proteger el
Las pastillas me hacían físicamente más débil que
ees, Alfa
tierra, el aroma de nuestro territorio. Pero para la cena, el olor de Valentina estaba
la sala, leyendo un libro, tra
llo -la voz de Valentin
ondió la voz prof
en silencio hacia el
tada en una silla, con la pierna extendida. Sus grandes manos
edé h
do. El tacto lo es todo. Al frotar su piel, estaba mezclando su aroma con el de ella. Esto era
marcando c
rco de madera de la puerta ha
lamé a través de
miembros de una manada. Permite una comunicación instantánea, per
aba molesta. Ni siquiera levant
cortejando
r, Alessia. Deja de ser tan celosa e
lla. Valentina echó la cabeza ligeramente hacia atrás, de
ura física, sino algo más profundo. El víncul
ntal de golpe. Lo
era se d
los sonidos de la casa. Oí sus pasos subir las escaleras horas después.
vez cuando le pregunté por qué pasaba tiempo c
o. La pastilla supresora estaba en mi buró, int
estaba allí, sentada en la ca
relajado. Pero no fue su ubicación l
ue lleva
nca. Le quedaba demasiado grande
amisa de
ada en sus fer

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