a. Arrastró la silla con una mano y luego se sentó. Bebió el contenido del v
es cumplido con tu promesa,
dolor que aunque creía haber supera
perando quedar embarazada para que nuestra fami
él-. Ya te he dicho q
que le impedía respirar con normalidad. Se apoy
ue si le ocurre algo al
cómo te atreves a culparme de lo que le ocurra a nuestro hijo, cuand
ón se fue volviendo cada vez más superficial. Empezó a echar
s? -pregunt
respirar. -Estaba sufri
acó el teléfono de su bolsillo y con
r favor. -la ayudó a
sobre la camilla y la trasladaron al interior del vehículo. Ya dentro, le
da giro. Comenzó a sentirse mareada. Nada de aquello debía estar ocurriendo, y menos cuando faltaba tan pocos días para
misma carrera –Derecho Penal– trabajaban juntos en el mismo bufete. ¿Cómo pudo, luego de siete años, h
n a Claudia de emergencia, era necesario ver la co
cómo se encontraba la criatura,l médico no
no. Debemos intervenir de inmediato -ordenó e
, Thiago se acercó angustiado hasta la entrada del c
ujer y mi hijo? -pregunt
e ambos estén con vida; sin embargo -hizo un breve silencio, lo miró con preocupación y luego continuó dici
actamente a lo
sonrió l
bien, ¿verda
ento, su esposa se encuentra en la sala de recuperación y el niño, en el área de cuidado neo
esto claro de frustración. Lo que estaba ocurri
estén vivos. -dijo colocándole la mano sobr
cias por salvar a mi
lteó a verlo
rio vio a su hijo dentro de la incubadora. Era tan pequeño y se veía tan
ampeón, te lo asegur
su primer amor, eso era innegable. La pasión intensa que sintió por ella en un comienzo –la misma pasión que un día lo llevó a jurar ante un altar, amarla por siempre– se había ido apagando, poc
ece un tercero dispuesto a llenar el vacío. Thiago buscó en Verónica
carne, había tri
e ser padre. Y, aun así, algo en su interior no terminaba de encajar. Su mente divagaba, traicionera, llevándolo de un sentimiento a otro. Por momentos se aferraba
A pesar de que antes de salir de la clínica habían hablado y habían
, esa que ellos mismos no habían tenido d
propias mentiras, él terminó confesando que "las amaba a las dos". Claudia lo escuchó sin interrumpirlo. Aquellas palabras, lejos de
entiras, Claudia tomó las maletas
. Vete con tu maldita a
riste verdad: él ya no la amaba, so
a existir posibilidad alguna de reconciliación. El s
laudia reaccionó sobresaltada y retiró la bandeja del horno. Aun así

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