img EL CEO QUE ME EMBARAZO  /  Capítulo 3 RUMBO AL CIELO | 15.00%
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Historia

Capítulo 3 RUMBO AL CIELO

Palabras:1840    |    Actualizado en: 12/02/2026

n

partes nobles con mi sujetador, empujo a los mirones con la mano desocupada, para luego cerr

regunta: - ¿Qué fue lo que sucedió?, ¿Cómo es que tú y yo terminamos en esta situación?,

orque no sé cómo explicarle lo que pas

e golpe, después de que dormimos juntos, fue una bomba que no me esperaba, es que yo no sabía

ico es que le sonrió suave, con ganas de que por accidente se me resbalen las prendas con las que me arropo, para que

cara mientras usted se viste. Hágale con confianza, más tarde hablaremos de lo que sucedió anoche. Por favor recuerde, yo

catarse que yo lo devoro con la mirada, es que me encanta

cho de que estaban pendientes del chisme. Cruzo por una fila de honor de mis compañeros a quienes no les veo los rostros, tampoco logro entender lo que me hablan, incluso tropiezo con la detestable de She

ue no me quite el maquillaje, enseguida mis amigas entran a hacerme la encerrona

e siempre me presumía con su larga cabellera y de cómo su ropa de marca costosa le ornaba su exuberante cuerpo tropical. Además de salir con un novio millonario que le daba dinero para to

agua del lavamanos, originando una pausa dramática donde todas ella me contemplan con las bocas y ojos abiertos. Muevo la lengua para empezar a contarles algo, pero me interrumpe un esc

go cachetea a don Morales y el choque suena como un trueno. Luego se co

s presentes, fijándola en mí, en ese momento siento el verdadero terror, pues ella se me viene como un toro en las corralejas, con las garras listas. Cuando ya está cerca, puedo s

dirige, es a mi bella amiga Paola, quien la frena estirando las manos y mirándo

ra que pueda ser cierto. Desconcertada, se da media vuelta marchándose, pero con un movimiento repentino se detiene jalándose el pelo, saltando, también cabecea la pared, p

dan, las veo que están ocupadas grabando mi paliza con sus lujosos celulares de fundas adornadas con piedras brillantes. No les importa que ella parece que no se detendrá, hasta mí me par

ntendido. -era don Morales, quien la levanto abrazándola, la aparto de mí. Ella

como esto, -eres de lo peor, no me cabe en la cabeza que te metas con un adefesio de esos. Al menos me hubieras traicionado con tu bella secretaria Sheila, me sentiría menos humillada. Qué verg

interpone entre ambas para evitar que me siga dando una paliza. Eso es algo que ya no me importa debido a sus palabras hirientes de ella, que fueron como agujas que atravesaron mi corazón, y como un jabón me escurro, p

la nariz, esa mujer a pesar de verse tan delgada es muy ágil, pues me

tela, porque antes de caer contra el suelo le vocifero con rabia,

es, para luego conectarle un rodillazo en sus partes nobles. Eso es lo que alcanzo a ver con claridad, porque después la veo de frente que salta para embestirme co

os, similar a una estrella de lucha libre. Diviso a mis amigas que tienen las caras atónitas, que están emocionadas sin moverse de la salida del baño y sin dejar de grabar

aredes y le grito: -¿señora, eso es todo

envidia y supongo que es debido a cirugías estéticas. Ella deshace mis pensamientos con un puñetazo que lo conecta en mi mentón que me levanta, haciéndome sentir que me eleva por los cielos, traspasando cada piso del edificio, saliendo por la terraza, donde puedo observar como tod

e doy de cuenta como me sacan por la salida del edificio, en una camilla, rumbo a una ambulancia donde a

ecer yo

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