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iendo un hombre casado, la despojó de su pureza y, como si fuera poco, todas esas fotos y videos están en el internet. Es que toda mi familia no deja de llamarme para criticarme; inclusive el cura del pueblo me regañó esta mañana, y como si fuera poco, su pobre esposa,
odos veremos su rostro desde acostados; pocos son los que se van de pie o sentados, como los fusilados. Mi mente siempre divagaba, incluso en estos momentos tan complicados, aunque en esta
erida y lo peor fue que me pusieron puntos en una ceja; experimenté la aguja entrando y saliendo, fueron unos instantes de dolor interminables y de pensar que tendría una cicatriz horrible. Desde luego que todo esto lo soporté gracias a don Morales, que siempre estuvo conmigo, cogiéndome las manos, dándome la fuerza para aguantar. A pesar de que su celular no le par
ue me recorren y un ligero punzón como de miedo en la boca del estómago que casi no me deja conte
e agradecerme; al contrario, me tienes que disculpa
mirándome la boca; yo le estiro mis labios preparándome para lo que sea qu
alegando, y le pega un coscorrón a mi jefe. Y de la nada aparece mi padrastro para sujetarlo por el
ue un malentendido. Es cierto que tengo parte de la culpa, pero no se preocupen, intentaré reparar esta
ra a mi madre con una expresión de satisfacción; al levanta
e no, señor, es que esto no se arregla con dinero, esto es un asunto de honor. El
soy una víctima; mi imagen se vio seriamente afectada, las acciones de mis empresas se están desvalorizando, mi esposa ya me pidió el divorcio, en donde ella se quedará con la
a apareciera de forma enigmática, enviándome no en una carroza hecha con calabaza, sino en una camilla de ambulancia. Mi madre se calmó después de una pausa y dejó caer su r
na risa nerviosa, expuso: -Tocaría esperar a que se acabe todo este escándalo, a ver qué
s. Estoy seguro de que estaba por elevar una oración al cielo, pero mi padrastro la interr
de un empujón: -No, señor, la honra de mi niñ
an los bancos. Yo vestía un vestido blanco resplandeciente, con una larga cola que lleva mi prima envidiosa. Entré al ritmo de la música del órgano
revolcada, harapienta, con una botella de bebida barata desocupada en la mano y, en medio de sus alegatos, sería sacada por la seguridad. O de pronto
r a la novia" -y lo haríamos al compás de la gente qu
liva, ¿te sientes bien? -Morales me pregunta sacándome de m
dejes. -Yo le hablo haciendo pucheros como una bebé; vuelvo a considerar que esto no es real, que es un sueño del que no quiero despertar. Entretanto, él me acaricia la cara con a

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