e vista
on me puso al corriente sob
a Vincent, y Victor Smith y el difunto padre ado
cent, en la práctica yo era la accionista
stado administrando los bienes
tivamente: eran la esposa y el hijastro
las palabras, ninguno de los dos esta
onocerte como es debido -dijo Harrison-. Quería ponerse e
Sy
neutral, aunque percibí
tá... adaptándose a
ión: me
ierro. Una construcción de piedra y cristal se extendía entre céspe
ones. En el centro del camino circular de e
s el umbral, algo
me abrió
a casa, se
a todavía me re
no pude evitar pensar que quizá aquel era exact
ada cuando una ma
rita
os, el cabello entreverado de plata y vestía un impecable traje a medida. H
tor Smit
reché
a Sm
sus ojos contenían una advertencia inequívoca-. Quería hablar contigo antes de que entraras. Sylvia y Nathan llevan mu
una p
es pleno derecho legal a estar aquí. V
est
ayudas? Apena
ci
en todo lo que de verdad impo
comisuras de mis labi
por la ad
bros de cristal, suelos de mármol y pinturas al óleo que valían más qu
a señora Smith y el se
daban a unos jardines perfectamente cuidados y los cos
y las muñecas, y dos sirvientes apostados detrás de ella. Nathan, un hombre de poco más de treinta años, est
nes y se retiró. El silencio
ntó Sylvia, aunque era e
S
en casa. No tienes po
quello no se parecía ni
mientras tomaba asiento frente a mí-
umento grueso sobr
en confiarse a alguien sin experiencia en nuestro mundo. Estamos dispuestos a ofrecerte cien millones de dólares en efecti
había imaginado, pero ni de lejos lo q
acciones y participaciones de la familia Smith, al
bió un so
saste la infancia en un orfanato. Cien millones es
ilaba falsa
úblicamente como heredera a una hija ilegítima. Llevas la sangre de
recer un ac
ó una pluma s
avor,
cumento so
ni
cayó como u
medio camino de sus labios.
midad, sino la sangre. Vincent dejó un testamento, contrató a un abogado y encargó
ció. Su taza chocó contra el
, pero no tienes capacidad para
rresponde
inclinó ha
das. Nuestras relaciones son delicadas y se han construido durante décadas. Un solo paso en
edo luchar por lo que m
una risa fría
mundo. ¿De verdad crees que la
l docu
es superan los ochocientos millones. Me ofrecen cien millones: apenas el uno por ciento de lo
caminé haci
ley o a las reglas familiares, estoy dispuesta. Pero no permi
ve en e
y, sus derechos hereditarios están por detrás de los míos. ¿De verdad sugiere que u
io abs
ión se endureció hasta volverse fría
la -orden
las sombras. Eran enormes, tenían rostros pétreos y se movían con
calma-. Te sugiero que cooperes
itación hasta plant
forme con la ofe
gué a retroceder, aunque
ent me dejó diez mil millones de dól
de Nathan se
emos que hacerl
mesa. El otro me obligó a sentarme y me inmovilizó por los hombros. Forcejeé, pero l
tanas y me dio la espalda, com
el documento
rma
al inf
no hacia el papel. Intenté apartarme, pero el
an a forzar mi firma, a fa
me arañó l
é-. ¡No pueden hace
via llegó desde las ventanas-. Ca
athan estaba a segundos de
as del salón estal
dor: la madera se astilló
quedaron
dia docena de hombres con equipo táctico oscuro. La tem
a y tres, con hombros anchos y una co
rtado de un rostro que parecía tallado en granito
y recorrieron la habitación con un cálculo tan frí
tante y retrocedieron tambaleán
n pal
antes de posarse en mí. Algo destelló en sus oj
nstante, me
ajo y letal que me recorrió la
a es
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