Libros y Cuentos de AlisTae
El Duelo del Alma
El frío de la habitación me golpeaba el rostro, un recordatorio gélido de mi último aliento en esa otra vida, la que acababa de terminar. El dolor en mi pecho no era físico, era el peso de la traición de mi propia sangre, mi prima Isabella. Su sonrisa triunfante, la expulsión, la falsa acusación, el honor robado por el diseño de mi abuela... todo se repetía como una pesadilla interminable. Caí en la oscuridad, el fin. Pero reabrí los ojos, el corazón como un tambor. La luz solar en mi viejo cuarto de la academia, la fecha del concurso. No estaba muerta, había regresado. Al instante previo de la catástrofe. Los recuerdos inundaron mi mente: los ojos de serpiente de Isabella, la espalda de Marco, la soledad y desesperación. ¿Cómo pudieron esos a quienes amaba y confiaba, destruirme tan fríamente? En mi vieja vida, ¿fui tan ingenua, tan ciega, para no ver la manipulación, el veneno disfrazado de miel? Esta vez, no. Esta vez, el conocimiento es mi arma y el dolor mi combustible. La puerta se abrió suavemente. ¡Ahí estaba ella, Isabella, con la misma sonrisa falsa, la bandeja de té y la mirada codiciosa! Se acercaba a mi escritorio, a mi boceto. Pero esta vez, la ingenua Sofía había muerto. No permitiré que este destino se repita. Se acabó el juego. La venganza es un plato que se sirve frío, y yo tengo un banquete esperando.
El Corazón Traicionado Regresa
En mi cumpleaños número veinticinco, mi mejor amiga Elena y mi novio Ricardo me entregaron un regalo que lo cambió todo. Era una cámara instantánea de color azul pastel, aparentemente inocente. En mi vida pasada, esa cámara fue el inicio de mi infierno. La usé felizmente para fotografiar a mis padres, sin saber que era un objeto maldito que robaba la vida y la suerte de los fotografiados para dársela a la familia del fotógrafo. Pocos días después, mi madre murió en un accidente, y mi padre sufrió un derrame cerebral que lo dejó paralizado y sin habla. Nuestra empresa familiar se fue a la quiebra y Ricardo, aduciendo mala suerte, me abandonó. Desesperada y sin un centavo, busqué a Elena, mi "hermana del alma". La encontré celebrando con Ricardo, ambos enriquecidos repentinamente, mientras sus padres, antes enfermos crónicos, ahora lucían sanos y rejuvenecidos. La traición me abrumó; ciega de dolor, corrí sin rumbo y un coche me atropelló. Mi último pensamiento fue la cámara; todo había empezado con ella. Pero ahora, he vuelto. Renací el día de mi cumpleaños, con la misma cámara en mis manos y el recuerdo vívido de mi trágica vida pasada. No es para perdonar. Es para vengarme. El universo, o quien sea que maneje los hilos, me ha dado una segunda oportunidad, y esta vez, yo pongo las reglas.
Venganza a Mi Esposo Cruél
La música de la fiesta retumbaba, pero mi corazón solo podía escuchar el eco de una década, diez años con Miguel, el hombre que me quitó todo. Frente a todos, Miguel levantó su copa, y soltó la bomba: "¡Isabel y yo vamos a tener un bebé!" . Mi mundo se hizo pedazos. Luego, con una frialdad que helaba la sangre, me ordenó: "Isabel está embarazada, así que necesito que empieces a preparar nuestra boda. Recoge tus cosas y vete de la casa esta misma noche, ya no hay lugar para ti" . Como si eso no fuera suficiente, exigió el collar de mi madre, "ese collar le quedará mejor a Isabel, dámelo" , y su madre añadió que necesitaban mi sangre para el bebé, "es tu deber ayudar" . Fui un objeto, una bolsa de sangre con patas. ¿Por qué siempre fui yo la que pagó? ¿Por qué, después de todo, seguían sacando de mí lo poco que quedaba? ¿Por qué esta humillación interminable? Pero en el fondo de ese infierno, una chispa se encendió: mi escape, mi "muerte" y mi renacimiento. Mi historia no es de víctima, es de cómo Sofía rompió las cadenas para ser dueña de su destino.
Justicia para mi hijo
El olor a cloro y a desinfectante barato se había vuelto mi perfume diario, un recordatorio constante de mi nueva realidad, muy lejos de la vida que conocía como la esposa de un respetado arqueólogo, Mateo. Hace un año, Mateo desapareció en una expedición, dejándome ahogada en deudas y con nuestro hijo, Leo, gravemente enfermo, necesitando medicinas que el seguro no cubría. Me desvivía, de guía turística por las mañanas a limpiadora por las tardes y vendiendo mis últimos objetos de valor por las noches, cada centavo para mantener a Leo con vida, mientras mi cuerpo y alma se desmoronaban. Un día, limpiando un auto de lujo, vi una foto en el portarretratos digital de una camioneta: era Mateo, sonriendo junto a una mujer rubia, en una playa paradisíaca que nunca habíamos visitado. La siguiente vez, la vi a ella, la "Sra. Valdés", bajando de la misma camioneta, mostrando la foto con una sonrisa, y un mal presentimiento me invadió. La sospecha se volvió horror cuando, en la billetera olvidada de esa camioneta, encontré la licencia de Mateo y una foto de él con la Sra. Valdés y su hijo: eran una familia feliz, con la misma mujer que le había estafado diciendo ser inversionista. Todo fue una farsa: Mateo no desapareció, nos abandonó, a mí y a su hijo enfermo, mientras construía una nueva vida de lujos con otra mujer, usándonos para su plan, su "inversión fallida" era un cruel engaño. Me dejó en la miseria, mi hogar embargado, el futuro de Leo pendiendo de un hilo, todo para vivir su opulencia, comprando vestidos de diseñador para su amante mientras yo luchaba por cada dosis de mi hijo. El dolor de su traición era tan físico, tan visceral, que me dejó sin aliento, una ola glacial de injusticia me recorrió, mi mundo explotó, revelando una verdad podrida. ¿Cómo pudo hacernos esto? ¿Cómo pudo ver a Leo, su propio hijo, como un "error"? La rabia y la desesperación me consumieron. Pero la palabra "error" no rebotaría en vano; mi hijo no sería un peón, y ellos pagarían por cada lágrima, cada humillación, y por la vida que me arrebataron.
El Secreto de La Esposa Torpe
El olor a cempasúchil y copal en el aire debía ser festivo, pero para mí se sentía como un presagio. En el festival de Día de Muertos de mi hija, creía ser una esposa feliz, una restauradora de arte que había elegido una vida sencilla con el hombre que amaba. Entonces lo vi. Mi esposo, Iván, no solo estaba allí sino que posaba como un padre de familia con su joven interna, Scarlett, y su hijo. Mi corazón se hizo pedazos al instante. Intenté ignorarlo, pero la humillación pública apenas acababa de empezar. En un juego de costales, Scarlett me hizo tropezar deliberadamente, y ante los ojos de todos, Iván la ayudó a ella, me acusó de hacer trampa y consiguió mi descalificación. La gente a nuestro alrededor murmuraba, elogiando su "amabilidad" con su empleada y tildándome de "torpe esposa". Esa noche, mientras mi hija Luciana ardía en fiebre, incapaz de conducirla al hospital por mi tobillo lesionado, llamé a Iván. Fríamente, me dijo que Luciana era solo una excusa para "llamar la atención", que antes de ayudarme, debía disculparme con Scarlett, quien "había llorado todo el camino a casa". Escuché la voz melosa de Scarlett de fondo, llamándolo "cariño" y pidiéndole que le diera la cena a su hijo. Iván, con una ternura que nunca me había mostrado, le respondió con amor antes de volver a mí con una voz de acero: "Tengo cosas más importantes que hacer. Ocúpate de tus propios problemas". Me colgó. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo pude no ver que mi propia vida se desmoronaba mientras él construía otra, paralela, con otra mujer y un hijo? En ese momento, el amor que sentía por Iván murió, ¡y en su lugar nació una fría y dura resolución!
De Esposa Ignorada a Reina del Vino
Mi vida en la imponente mansión Vega Torres era una sinfonía de viñedos y la pasión por el vino que yo cultivaba con devoción. Yo, Sofía Martín, era la silenciosa fuerza y la verdadera gestora detrás del éxito de la aclamada bodega familiar. Pero una tarde teñida de luto y cera de abeja, la voz de mi tía Carmen, calculadora y fría, clavó una daga en mi corazón. Mi pobre prima Isabel, viuda joven, hermosa y, lo más importante, sin hijos, necesitaba un heredero. Y el elegido para esa "noble causa" y para asegurar la herencia del torero muerto, era mi propio marido, Javier. Él evitó mi mirada, concentrado en la alfombra persa, cómplice de la aberración más indignante. El frío subió por mi espalda, el aire era denso con la expectativa de mi forzoso "consentimiento". Poco después, con una sonrisa triunfante que destilaba veneno, Isabel entró a mi cocina y anunció su embarazo. El amor que sentía por Javier se pudrió, dejando un vacío inmenso, un desierto en mi alma. Pero el golpe final, el que transformó el dolor en una furia incontrolable, sucedió cuando mi hija Valentina, de seis años, intentó defenderme de la incesante humillación pública. Javier, en un arrebato de ira y para proteger su frágil masculinidad ante su amante, le propinó una bofetada que resonó en el gran salón como un disparo. En ese instante de brutalidad insondable, todo dentro de mí se rompió para siempre, y la calma se convirtió en un fuego abrasador. ¿Cómo pudieron osar mis propios supuestos seres queridos -mi marido, su familia- exigir tal sacrificio, llegando a humillar y dañar a una niña inocente por la obsesión con un apellido y una falsa herencia? La esposa sumisa Sofía había muerto en ese preciso momento. En su lugar, nació una estratega implacable, con la mente clara y un único objetivo inquebrantable: no solo me iría, sino que me aseguraría de arrasar con todo lo que valoraban. Su arrogancia les haría firmar su propia ruina. Mi venganza había comenzado, y no pararía hasta ver el prestigioso nombre de Vega Torres reducido a cenizas, y el mío, Sofía Martín, erguirse triunfante.
