Libros y Cuentos de Bill Zerbini
No Soy la Luciana que Rompiste
El auditorio vibraba, los focos cegaban y, en el escenario, Máximo Lawrence, el hombre que me destrozó, se preparaba para su gran acto. Siete años después de que me echara al abismo, me buscó con la mirada entre la multitud y, con una sonrisa estudiada, anunció: "Hay una persona especial aquí esta noche... una mujer que me prometió gloria con sus pasos." Sacó una caja de terciopelo, el público jadeó, y mi nombre, Luciana, resonó con una falsa emoción. "Cásate conmigo", me pidió, un broche de plata con castañuelas, idéntico al que perdí el día que me acusó, brillando en sus manos. Pero en mi mente, no veía al héroe romántico, sino al verdugo de hace siete años, señalándome ante los mismos periodistas. "¡Ella es una plagiaria! ¡Una ladrona!", gritó entonces, cerrándome las puertas al Ballet Nacional y al mundo del flamenco. Hoy, mi pasado regresaba con un show patético, ignorando que aquella Luciana que un día lo amó con locura ya no existe. Ahora yo era Luciana Castillo, la bailaora de flamenco que había conquistado Europa y que no le debía absolutamente nada. Me levanté sin una palabra, dispuesta a marcharme, a borrarlo de mi vida, cuando una diminuta voz rasgó el aire: "¡Mamá!" Y entonces, en el aparcamiento, mientras Máximo me acosaba, mi hija Sofía corrió hacia mí, y mi marido, Ivan, salió del coche para rodearme con su brazo. Su rostro se paralizó, palideció al entender que lo que vio era mi familia, mi vida, mi nueva felicidad construida sobre las cenizas que él dejó. "Máximo", le dije, mirándolo sin una pizca de la chica que una vez le suplicó amor. "Él es Ivan, mi marido. Ella es Sofía, nuestra hija." "Tú y todo lo que pasó entre nosotros… fue un error. Desaparece de mi vida. Para siempre." Pero, ¿qué puede hacer un hombre cuando su pasado, su mentira y su orgullo se derrumban ante la innegable verdad de tu triunfo?
El Silencio de mi Adiós: No Hay Regreso
Diez años de matrimonio con Javier. Diez años de engaños, humillaciones y promesas vacías, mientras yo me aferraba a la esperanza de nuestro futuro hijo. Pero la realidad me golpeó de forma brutal cuando la amante de Javier, Isabela, me atropelló con su coche, dejándome tirada en el asfalto. Mi esposo, en lugar de ayudarme, me despreció con una crueldad helada y se marchó con ella. El impacto me arrebató lo único que me quedaba: mi bebé. Y la noticia fue un golpe tan demoledor que mi abuela, la única persona que siempre me apoyó, no lo resistió y también falleció. En un único y devastador día, perdí a mi hijo, a mi abuela y toda la poca esperanza que me quedaba en la vida. Javier no solo se mostró indiferente ante la tragedia, sino que intentó manipularme, me agredió y me acusó de fingir. ¿Cómo podía ser tan ciego, tan monstruoso, después de todo el dolor que me había causado? ¿Cómo alguien podía hundirse tan bajo? Pero cuando yacía herida, el dolor me abrió los ojos. Mi mundo se había derrumbado, pero era la oportunidad de reconstruirlo desde cero. Era hora de dejar el pasado atrás y recuperar mi libertad, costara lo que costara.
El Despertar de la Reina de los Ladrillos
Soy Sofía Romero, una arquitecta prometedora, y la noche de la inauguración de la majestuosa Torre Solara, mi obra cumbre que mi prometido, Mateo, se atribuía, sentía que había tocado el cielo. Esos tres años de dedicación finalmente daban sus frutos. Pero la felicidad se desvaneció al instante cuando Isabel, la asistente de Mateo, me expuso ante cientos de invitados como una "trepadora inmoral", proyectando fotos y un video manipulado que pintaban una imagen falsa y repugnante. Mateo, con una falsedad repugnante, rompió nuestro compromiso y me despidió en medio del estruendo de la multitud. Mis colegas, antes admiradores, ahora me miraban con desprecio. Él e Isabel se reían, revelando su traición. Mi móvil, lleno de recuerdos y pruebas, fue brutalmente destrozado. Encerrada y sola, Isabel fingió un embarazo y me acusó de agresión, asegurándose Mateo de que esas mentiras se difundieran por toda la prensa. El dolor de la humillación se mezclaba con una furia helada. Me habían despojado de mi carrera, reputación y futuro por la ambición de un hombre y su amante. ¿Cómo podía la justicia estar tan ciega? ¿Podrían realmente salirse con la suya, dejándome arruinada para siempre mientras se burlaban de mí como una "huérfana sin contactos" ? Pero una chispa se encendió cuando la escuché. ¡Yo era Sofía Romero, de la poderosa familia Romero de Jerez de la Frontera! Con una furia inquebrantable, envié un mensaje a mi primo Alejandro desde mi viejo portátil, dispuesta a desatar una tormenta que les haría arrepentirse de haber nacido.
