Libros y Cuentos de Hei Bai Dong
La Malicia Bajo Los Ojos Llorosos
El sudor frío me empapaba mientras la multitud celebraba mi cumpleaños dieciocho. No era el calor del salón lo que me asfixiaba, sino el terror de un recuerdo tan vívido que me ahogaba: acababa de renacer. Hacía un momento, estaba tirada en un hospital solitario, abandonada por todos después de la ruina de mi familia. Ahora, observaba a Valeria, mi prima, la "invitada" que mis padres acogieron por caridad. Ella, sonriente y dulce, presentaba un collar de diseñador como regalo, una pieza reluciente que, en mi vida pasada, resultó ser una burda falsificación. Ese collar fue la primera ficha de dominó que Valeria empujó, una mentira que usamos con orgullo, sólo para descubrir su engaño cuando nuestra fortuna se desmoronaba. Esa humillación fue sólo el inicio de sus intrigas. Un nudo de amargura se formó en mi estómago. ¿Cómo pude haber sido tan ciega? Pero ya no más. Esta vez, el juego había cambiado, y la que movería las piezas sería yo.
Morí, Pero Volví a Bailar
Morí en la noche de bodas, golpeada brutalmente por El Tuerto, el hombre al que mi propia madre me obligó a desposar. La sangre, el vino barato y el crujido de mis huesos fueron lo último que sentí. Pero contra toda lógica, abrí los ojos para encontrarme en mi pequeña habitación de Sevilla, con el sol de la tarde entrando por la ventana, exactamente el mismo día en que mi infierno comenzó. Escuché los pasos sigilosos de mi hermano Javier, a punto de robar mis zapatos de flamenco, aquellos zapatos que habían sido el detonante de mi desgracia. En mi vida anterior, mi pasión por el baile y esos tacones duros me costaron todo: el desprecio de mi madre, la envidia retorcida de mi hermano, la humillación pública y, finalmente, mi vida. Mi familia, que debía protegerme, me arrojó a la boca del lobo, vendiéndome para "salvar" un honor que nunca existió para mí. ¿Por qué fui yo la sacrificada? ¿Qué poder tan maligno tenían unos simples zapatos para destruir mi existencia? Pero esta vez, no hubo pánico, ni ira, ni miedo. Solo una sonrisa fría y calculadora se dibujó en mis labios. He vuelto. Y esta vez, la historia y la venganza, las escribiré yo.
El Regreso de La Bailaora
Mis cinco años de amor con Javier, por los que lo sacrifiqué todo, se hicieron cenizas en un instante cuando me abandonó sin piedad por la sobrina del dueño de la bodega. Llegué de Granada, dejando mi vida atrás, solo para que él me dijera que soy "una simple bailaora" que no encajaba en su nuevo mundo de ambición y poder. Intenté hablar, buscar respuestas, pero en la Feria de Abril, Isabel, su nueva prometida, me humilló públicamente, empapándome en rebujito ante las burlas de todos, mientras Javier me miraba con desprecio. ¿Cómo era posible que el hombre al que di mi alma me tratara como basura, y la mujer por la que me dejó se regocijara en mi dolor? Esa noche, salí de Sevilla jurando que volvería, no con lágrimas, sino con el peso implacable de mi fuerza. Tres años después, como Directora de Marketing de la prestigiosa Bodega "Sol de Andalucía", regresé al mismo escenario de mi humillación. Y allí estaba él, mi antiguo amor, Javier, paralizado al descubrir que ahora era su superiora. Esto no era solo sobre ambición; era sobre justicia.
Amiga Venenoosa Fatal
El sonido de WhatsApp me despertó. Era un mensaje de Camila, mi "mejor amiga", invitándome a una cata de vinos. Esa invitación, tan inocente en apariencia, detonó el terror más profundo en mi alma. Fue el inicio de mi perdición en mi vida anterior. Recordé la bodega fría y húmeda, el vino carísimo que supuestamente robé, la cara de desprecio del Señor Morales. Vi de nuevo la sonrisa triunfante y oculta de Camila, mi supuesta confidente. Mi familia quedó arruinada pagando abogados, Javier, mi prometido, vio su reputación destrozada por el escándalo. Y yo... yo terminé muerta, asesinada por un coleccionista fanático que me creía una profanadora. La injusticia, la traición, el dolor insoportable. Todo me golpeó de nuevo como una ola helada, un bucle sin fin. ¿Cómo era posible estar aquí otra vez, con el mismo mensaje en el móvil? ¿La misma trampa? Pero no. Esta vez no. Esta pesadilla no se repetiría. Había vuelto, y esta vez, no habría tragedia para mí. Esta vez, yo controlaría mi destino y reescribiría la historia.
