Libros y Cuentos de Silver Dusk
Mi Hermana, Mi Peor Dolor
El dulce y espeso olor a gas llenaba mis pulmones. Mis padres yacían inconscientes. Yo era la última en caer, una víctima más de la obsesión de mi hermana Elena por las narconovelas. Ella, sonriendo, nos había encerrado y abierto las llaves de la estufa, convencida de que así nos libraría de las deudas que ella misma había causado. Su delirio por ser la esposa del capo, la reina de un imperio, había culminado en este cruel sacrificio familiar. Cerré los ojos, sintiendo la oscuridad, mi último pensamiento fue un arrepentimiento profundo. "Debimos haberla detenido… haberla abandonado a su locura mucho antes." Entonces, desperté. El aroma era a huevos con chorizo, no a gas. El calendario marcaba el 15 de abril, un año antes de nuestra horrible muerte. Mis padres sonreían, pero sus ojos delataban un cansancio que no debía existir. "¿Ustedes también…?" Mi madre, con lágrimas en los ojos pero una expresión firme, confirmó: "Sí, Sofía. Lo recordamos todo." Mi padre dobló el periódico, su voz grave: "Esta vez, no haremos nada. Que se hunda sola." Un pacto silencioso se selló. Esa tarde, Elena entró corriendo, sus ojos brillando de emoción: "¡El Patrón dará una fiesta hoy! ¡Es mi oportunidad!" Mis padres y yo permanecimos mudos. Ya no había apoyo, solo un frío y pesado silencio. Esa noche no dormimos, esperamos. Y, como estaba escrito, el teléfono sonó en la madrugada. Era la policía.
Corazón Traicionado
Elvira nunca imaginó que el amor por su esposo, un héroe de guerra, y el sacrificio por su hermana, Isabella, la llevarían a la ruina. Su vida se convirtió en una pesadilla cuando Isabella, influenciada por su tío, un capo despiadado, le arrebató hasta el último centavo y desapareció. Cuando Elvira buscó respuestas, fue brutalmente golpeada por los secuaces de su tío, quienes pisotearon las fotos de su familia y destrozaron la medalla de honor de su padre, dejándola al borde de la muerte. Con su alma destrozada y la esperanza desvanecida, no podía entender tanta traición y maldad. ¿Por qué la hermana a la que lo había dado todo la había apuñalado por la espalda? Arrastrándose entre las sombras, Elvira recordó una promesa y encontró fuerzas para buscar justicia, dando los primeros pasos en un camino de venganza y redención, donde el amor se transformaría en una furia implacable.
El Monstruo en Casa
Mi matrimonio no era de amor, sino un contrato para salvar a mi familia de la ruina, convertida en el trofeo de una ambición ajena. Tras tres años de lujos vacíos y noches solitarias, la noticia del divorcio no me sorprendió, me alivió, un boleto a la libertad y a mi sueño de un estudio de arquitectura. Pero Ricardo no me entregó libertad, sino a Leo, su hermano -o algo más-, cuya enfermiza devoción por él se tradujo en celos tóxicos y actos crueles. Su maldad escaló cuando, bajo la mirada pasiva de Ricardo, me forzó a tomar pastillas que arrancaron de mi vientre al bebé que habíamos concebido, un hijo cuya existencia él ni siquiera conocía. La indiferencia de Ricardo ante mi dolor, su elección de proteger al monstruo que me arrebató a mi bebé por encima de mí, fue la traición final que destrozó lo poco que quedaba de mi alma. ¿Acaso la vida me traicionaría doblemente, primero con un matrimonio sin alma y luego con la pérdida más atroz? No, esta vez no me quedaría de brazos cruzados, llorando mi destino. Mi dolor se transformó en una furia fría y mi silencio, en una promesa. Me levantaré de las cenizas, no solo para reconstruir mi vida, sino para enfrentar a quienes me han lastimado, reclamando lo que me fue injustamente arrebatado.
