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La Humana del Príncipe Dragón

La Humana del Príncipe Dragón

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No sabía que la vida podía cambiar en un segundo. Perdí todo ese aciago día, mis padres, mis hermanos, mis amigos, mi casa. ¡Todo! Solo por que era bella, tuve que escapar y esconderme como la peor de las criminales. Jamás imaginé que mi destino fuera a ser tan cruel, por mi culpa perdí a todo lo que amo, desde esa noche trato de escapar infructuosamente, siempre me encuentran. Hasta que soy levantada por unas enormes garras en medio de la noche, y transportada a lugares lejanos y extraños, cada vez que me encuentran, este ser me salva. ¿Quién es? No tengo idea. ¿Miedo? Sí, mucho. Sin embargo, lo espero cada día con ansias para que me salve.

Capítulo 1 ESCAPE

La puerta resuena con golpes agitados en medio de la noche. Dominico Cruz corre junto a su hijo mayor Lotha a abrir, para encontrarse con el aterrado rostro de su mejor amigo Aldus que le grita.

—¡Corran ya vienen, ya vienen!

—¿Quién?

—¡Los caballeros con Florian, está encaprichado con tu hija Esthela desde que la vio y viene por ella! ¡Tienen que escapar, son muchos!

—¡Lotha vete con ella, escóndete en casa de tus abuelos! —ordena su padre, al tiempo que da voces. —¡Esthela corre hija, corre! ¡Tienes que escapar! ¡Maurin, Dustin, ayúdenla! ¡Anora, ayúdala!

Todos corren, su mamá Anora la cubre con varios chal, y sale con ella al patio donde ya su hermano mayor Lotha, la espera en su caballo. Su madre le da un abrazo llorando, una bolsa con todo lo que pudo recoger y la ayuda a subir a la grupa del animal. Los tres caballos salen a todo lo que pueden dar sus patas.

—No se pueden quedar aquí —les dice Aldus— vayamos a mi casa. Mejor que piensen que están en uno de sus viajes buscando mercancía.

Dominico coloca el cartel que ponen siempre que hacen aquellos viajes, y salen a esconderse entre los matorrales al otro lado de su casa. No han acabado de hacerlo, cuando ven a unos cuantos caballeros llegar y derrumbar la puerta en lo que dan voces. Entre ellos pueden distinguir muy claro a Florian, el hijo de uno de los caballeros más temibles del condado y que descubrió la belleza de Esthela apenas en la iglesia. Están seguros que no descansará hasta hacerla suya.

—¡Tienen que estar cerca! ¡No pueden estar lejos! —gritaba mientras tiraba con furia el cartel que habían dejado ellos indicando que estaban de viaje. —¡No se han ido, lo sé! ¡Encuéntralos! ¡Esthela es mía, mía!

—Ellos acostumbran a hacer eso Florian, se van por días en busca de mercancías y demoran en regresar. —Le dice otro que se empina de una botella de vino que encuentra —, vámonos, a su regreso será tuya la chica.

—¡Que no se han ido! ¡Alguien les debe haber avisado! ¡Mira, todas sus cosas están aquí! ¡Tú! —dice señalando a uno de los sirvientes que se había despertado con la algarabía. —¿Dónde están tus dueños y la señorita Esthela? ¡No me mientas o te cortaré la cabeza!

—Se fueron de viaje, señor —contestó el viejo sirviente entendiendo la situación con solo mirar el cartel en el piso.

—¿De viaje? ¿Cuándo? ¡No hace mucho los vi en la misa, no pueden haberse ido!

Gritó fuera de control Florian, rabiando por creer durante todos estos años que ella se cubría el rostro, por tenerlo desfigurado como le hicieron creer. El sirviente aunque era viejo, sabía la suerte que le esperaba a la pobre señorita si la delataba. Además, no tenía idea de dónde estaba. Por lo que persistió con su historia.

—Esta noche como hacen siempre que van por mercancía, salen cuando anochece. Van a misa para pedirle al señor que los cuide y luego se van.

—¿A dónde?

—Al reinado.

—¿Y por qué se llevaron a Esthela? ¡Nunca la llevan!

—No lo sé señor, hace días escuché que se la habían prometido a no sé qué Duquesa, para dama de compañía.

—¿Duquesa? ¿Qué Duquesa? ¡No lo permitiré! ¡Esthela me pertenece! ¡Vamos, iremos tras ellos, no deben ir muy lejos! ¡Prendan candela a todo!

—¡No haga eso señor, no haga eso! —Trató infructuosamente el sirviente de impedir tamaña atrocidad, pero de un solo golpe de su espada Florian le cortó la cabeza.

Y habían salido montados en sus caballos a todo galope, luego de incendiar la casa de Esthela. Al salir sus padres a tratar de salvar todo, fueron asesinados por los guardias de Florian, que corría a todo dar por el mismo camino en que iban escapando ella con sus hermanos. Que comenzaron a escuchar la algarabía de los que los perseguían.

—Lotha, no podemos dejarla con los abuelos o la encontrarán, andan con sus perros —advirtió Maurin.

—Ya se acercan, sus caballos son mejores que los nuestros —dijo Dustin asustado sin dejar de apurar su bestia. — ¿Qué vamos a hacer Lotha?

El llamado Lotha, hermano mayor de todos, muy serio y responsable poseedor de una extraordinaria inteligencia. Se quedó pensativo por un momento, hasta que hizo girar su caballo hacía un sendero que los llevaba a las tierras de nadie.

—¿Lotha?

—Es la única solución. Conozco una cabaña en medio de la nada. Allí nadie la encontrará. La esconderemos y nos turnaremos para cuidarla. Esthela no te asustes, no dejaré que Florian te atrape, ¡ese desalmado brujo, lo voy a matar en la primera oportunidad que encuentre!

Ya casi los alcanzaban los perseguidores y aunque temían adentrarse en aquel angosto oscuro y temido camino, se adentraba en el virgen y tupido bosque. Al cual eran muy pocos los que se decidían a visitar, por las temibles leyendas de animales que devoraban a los humanos que entraban en él, enfilaron hacia allá.

—No tengan miedo hermanos —se escuchó la voz clara y firme de Esthela— prefiero una y mil veces que me devore un ser de esos, que caer en las manos de Florian. Estoy segura que son solo leyendas.

Y sin más, aunque los caballos se encabritaban negándose a adentrarse en el bosque, ellos decididos entraron. Los perros de los perseguidores enseguida se dieron cuenta y los siguieron también, ya casi los alcanzaban.

—Nosotros los detendremos, mi hermana escapa tú, sigue este camino hasta llegar a un río avanza hasta el norte y vas a ir a dar a una cabaña, escóndete ahí. Era de un cazador que murió hace tiempo. Fue el que me trajo cuando era joven, por eso la conozco. Allí estarás segura, trata de no salir mucho ni de deambular por el bosque, hasta que nosotros podamos ir por ti. ¿De acuerdo?

—¡Vamos juntos! —pidió aterrada—¡Florian los matará! ¡Es un salvaje!

—No, no podemos. Sus caballos son mejores que los nuestros, tenemos que tratar de despistarlos en lo que tu te pones a salvo. Escapa Esthela, no hagas que esto que hacemos sea en vano. ¡Vete! ¡Nunca te dejes atrapar por Florian, sabes muy bien lo que es y lo que te hará!

Y sin más, le había dado una palmada al caballo haciendo que saliera al galope en lo que ellos retrocedían por otro camino tratando de alejar a los perseguidores de su adorada hermana. Esthela corría agarrada en medio de la oscuridad de la montura de su caballo, cuando de pronto se comenzaron a escuchar gritos estridentes, como si fueran atacados por algún animal salvaje. Miró para atrás aterrada, sus ojos verdes fulminaban en la oscuridad, y le pareció chocar con unos rojos.

Presa del más puro terror, no se detuvo a averiguar qué era lo que pasaba, siguió avanzando durante toda la noche sin que le pasara nada, hasta llegar a la cabaña al amanecer. Quedaba en un montículo, en la parte alta de un río. Cruzó las aguas y se desmontó asustada, mirando insistentemente para ver si sus hermanos la seguían.

La cabaña estaba hecha de gruesos troncos de madera, y poseía solo una estancia, con una enorme chimenea central, una gran cama en una esquina. Esthela se asustó al divisar unas botas en una esquina. Estaba tan aterrada que apenas si podía mantenerse en pie, aunque trataba con todas sus fuerzas de no llorar al ver que sus hermanos no aparecían por ningún lugar. ¿Qué les había pasado? ¿Los agarraría Florian? Se hacían de él y su padre historias terroríficas. ¿Y sus padres, habrán escapado a su furia?

Todo eso se preguntaba parada en la entrada de la cabaña, cuando una enorme sombra le pareció de un inmenso pájaro cruzó por delante de ella en el piso. Miró al cielo y no vio nada, ¿qué sería ese animal? Asustada entró y cerró la puerta con la enorme madera que poseía para tal caso, se acurrucó en una esquina cerca de la chimenea en espera de ver si sus hermanos llegaban. ¿Serían verdad todas las historias y leyendas que corrían por el pueblo? Decían que en este lugar habitaban enormes dragones, junto a no sé qué otra cantidad de extraños seres que devoraban a todos los humanos. ¿Qué iba a hacer si era verdad ella sola?

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