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Fürsten

Fürsten

5.0
10 Capítulo
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Los príncipes reales. Gemelos, el milagro de sus padres los Reyes. Siempre han estado juntos, comparten una conexión especial, calculadores y centrados. Pero lo que no esperaban esque compartirian mucho más de ahora en adelante. Una misma Luna. ¿Estarán preparados para eso? ¿Los peligros que se avecinan? O incluso, ¿Controlar su temperamento?

Contenido

Fürsten Capítulo 1 ★

OLIVIA

Puedo sentir como los rayos de sol golpean mi rostro al escabullirse entre las cortinas de mi ventana, pero me rehuso a levantarme, pese a que sé que tendré que hacerlo en cualquier momento.

El que haya salido el sol, solo indica que debo comenzar con mis quehaceres y así no tener problemas.

Apreto con fuerzas la delgada frazada contra mi cuerpo y suelto un suspiro dándome ánimos para poder comenzar el nuevo día. Abro sin muchas ganas mis ojos y el sonido de los primeros pajaros cantando comienza a hacerse escuchar atraves de las paredes.

A regañadientes me desprendo de mi frazada y me levanto del delgado colchón que tengo en el suelo restregándome un ojo para intentar quitarme de encima el cansancio, pero es inutil.

Los musculos me duelen y el cansancio siempre está presente. No hay forma de que no lo esté, menos con la vida que me tocó.

Me levanto y voy hacia el pequeño baño que tengo dentro de mi habitación. Me miro con pesar en el espejo, viendo mi cabello sin brillo y las ojeras permanentes bajo mis ojos miel que carecen de felicidad.

Suelto otro suspiro y comienzo a lavarme los dientes, el rostro y finalmente saco de mi cajón los supresores que me obligan a tomar.

–Odio tomar estas cosas –murmuro para mí misma.

Con una mueca meto la pastilla en mi boca y me la trago con asco. Me vuelvo a mirar en el espejo y la sensacion de pesar se afirma en mi pecho al verme, pero no hay mucho que pueda hacer al respecto.

–Vamos por otro día.

Vuelvo a mi cuarto y me visto con el uniforme de empleada que se me asignó.

Apenas termino de acomodar mi pelo en una coleta mi puerta se abre de golpe dejándome ver la figura de Pamela, la jefa de los empleados.

–Bien estás lista –me mira de arriba abajo con desprecio–. El desayuno se servirá antes, así que sube a colocar la mesa y limpiar.

Asiento una vez y camino detrás de ella cerrando rapidamente mi puerta para no atrasarme, el pasillo hacia la escalera se encuentra silencioso y solo se escuchan nuestras pisadas mientras subimos antes de adentrarnos en la cocina con el sonido de los platos y utensilios sonando.

–Apresurate –me dice Pamela–. No queremos que el desayuno se enfrie por tu incompetencia al colocar la mesa con lentitud.

No digo nada, porque no tiene sentido y me pongo a trabajar en silencio.

Me escabullo por la puerta y me adentro en el silencioso comedor, por las ventanas puedo ver a los jardineros cortando el césped y quitando malezas con tranquilidad bajo los primeros rayos de sol.

Suelto un suspiro envidiandolos levemente por ellos sí poder estar ahí afuera mientras yo debo estar aquí aguantando todo lo que se vendrá durante el día, con una última mirada me acerco finalmente al mueble donde se encuentran todas las cosas y saco el mantel de tela rojo para comenzar con mi tarea.

Coloco meticulosamente cada plato y los cubiertos a sus lados, las servilletas, las tazas y los arreglos florales que le gustan tanto a la que se hace llamar mi madre.

Los minutos pasan y las cocineras poco a poco comienzan a ingresar con las bandejas de comida para colocarlas en la mesa. Y como si todo estuviera sincronizado los pasos del segundo piso indicando que ya todos están despiertos se hace notar.

Inhalo hondo una última vez impregnandome de la poca paz que hay antes de que comience todo el show que conlleva vivir aquí.

El bullicio cada vez se escucha más fuerte mientras los pasos en la escalera se hacen notar y en segundos puedo ver a toda la familia del Alpha entrando en el comedor.

Las miradas de burla de mis hermanos y despectiva de mi madre se hacen notar apenas me ven en mi lugar habitual junto a la puerta que conecta la cocina para poder atenderlos. Mi corazón duele, no tanto como hace años atrás, pero aún así sigue siendo una astilla en mi corazón el trato que me han dado sin razón alguna.

No sé qué les hice ó el porqué de su actuar, quizas simplemente es por ser diferente.

Porque mientras ellos son todos Alphas, yo nací Omega.

No sé qué sucedió conmigo, porque los genes me abandonaron pese a ser un linaje de siglos, pero simplemente nací así.

No me molesta mi naturaleza, jamás lo ha hecho; independiente del trato que he recibido especialmente de mi propia familia, pero sí me da curiosidad el porqué no nací Alpha.

–¿Comenzarás a servir o te quedarás de pie ahí como una inutil? –gruñó mi madre–. Cada año eres más incompetente.

Ignorando el insulto y las risas contenidas de mis hermanos, comienzo a servir el agua y los platos. La misma rutina cada mañana y si tengo suerte saldrá sin ningun inconveniente.

Todos comienzan a comer y charlas animicamente sobre las cosas que deben hacer durante el día, los planes de compras de mamá, las clases de mis hermanos y el cumpleaños cercano de uno de ellos.

Vuelvo a mi lugar junto a la puerta una vez está todo servido y miro mis pies mientras los escucho hablar con el corazón doliendome levemente.

No siempre fue así, mi infancia fue tranquila, llena de amor por parte de mis padres y hermanos, pero apenas mi loba se hizo presente como una Omega las cosas cambiaron drasticamente.

Un par de comentarios externos sobre como una Loba sirvienta y destinada a solo procrear habia entrado en el linaje Alpha de años y bastó para que poco a poco comenzaron a repudiarme.

No entendía que sucedía al principio, pensé que quizas era una broma, pero con los días comprendí que las cosas habian cambiado.

Sobre todo cuando llegó la primera golpiza.

–Terminé –mi madré limpió la comisura de su boca con una servilleta–. Retira esto, ahora.

Me acerqué a ella sin mirarla y retiré el plato con cuidado, la loza era nueva y ya habíamos recibido la instruccion de tratarla con delicadeza. Retiré un par de platos más y me dispuse a caminar hacia el carrito donde dejaba lo sucio, para luego llevarme todo a la cocina.

Tres pasos logré dar, antes de que uno de mis hermanos pusiera su pie directamente en los míos haciéndome tropezar. No pude evitarlo, me pilló totalmente desprevenida y por aquello perdí todo el equilibrio cayendome de bruces en el suelo junto con la losa en mis manos.

El chasquido del material haciéndose trizas contra el piso de manera resonó haciendo eco, inmediatamente mis ojos dieron con las pierzas esparcidas por el suelo frente a mí.

Mis piernas temblaron cuando el silenció llenó la habitación y sentia la silla de alguien ser arrastrada por el suelo de madera.

–L-lo lamento –mencioné colocandome de rodillas viendo al suelo–. No fue mi intención,

Estiré las manos para recoger los trozos y un pie se posó en mi mano con fuerza pisandola y logrando que los trozos de ceramica se enterrarán en mi piel.

Mordí el interior de mi mejilla y no grité ni suplique.

–Te dije que era loza era nueva y mira lo que hiciste –escupió mi madre–. ¿Cuándo dejarás de ser tan estupida?

–Lo lamento –susurré aguantándome el dolor en mi mano.

–Necesitas una lección.

Mis musculos se tensaron y cerré brevemente los ojos ante aquellas palabras porque sabía lo que vendría.

El sonido de una silla arrastrandose por el suelo hizo que mi cuerpo doliera antes de cualquier cosa y en menos de un minuto una mano se afirmó en mi cabello con fuerza y comenzaron a arrastrarme por el comedor hacia el ventanal.

–No volverá a ocurrir –dije intentando prevenir lo que venía mientras afirmaba mi propio cabello desde el agarre para disminuir el dolor–. Lo prometo.

–No me interesan tus promesas –dijo mi padre abriendo el ventanal–. Nunca aprendes.

Trague saliva cuando las piedras del patio comenzaron a incrustarse en mis piernas desnudas y caí con fuerza cuando me lanzó hacia adelante.

–Papá...por favor.

–No me digas así –gruñó cuando volteé a verlo–. No eres nada mío.

La cachetada golpéo mi rostro con fuerza y la sangre inmediatamente llenó mi boca, las patadas llegaron después quitándome el aliento y los combos por todo mi cuerpo me dejaron en posicion fetal mientras intentaba proteger lo más que podía de mi rostro.

Mi cuerpo ardía con cada golpe, tanto por la fuerza como por ser recibidos por mi propia sangre, por aquel que de pequeña juraba que me daría el mundo, pero ya nada era así.

En poco tiempo los golpes cesaron dejándome tirada en el suelo sin poder moverme.

Me dolía respirar por las patadas en las costillas y cada fibra de mi cuerpo temblaba, los oídos me pitaban y las lágrimas amenazaban por salir de mis ojos, pero las contuve.

No les daría la satisfacción de verme llorar.

–Llevenla a su cuarto –la voz agitada de mi padre llegó a mis oídos–. Dejenla ahí sin almuerzo, solo cena.

Escuché pasos y supe que eran los jardineros que estaban ahí, presenciando todo, como cada vez que esto sucedia. Cuando escuché sus pasos cerca respiré hondo y me arme de valor cuando me tomaron de los brazos logrando que todo mi cuerpo doliera como nunca antes y me arrastraran dentro de la mansión.

No lloré, no me quejé ni miré a nadie.

Una vez que pasamos por la cocina hacia las escaleras sentí como el agarre de ellos en mis brazos se soltaba y con delicadeza uno de ellos me tomaba en brazos.

–Aquí ya nadie nos ve –susurró el hombre–. Con cuidado.

Me alzaron en brazos y mis ojos inmediatamente comenzarón a derramar las lágrimas contenidas, mi cabeza daba vueltas y deseaba con todo el corazón morir mientras durmiera para librarme de todo este maltrato.

Caminamos por el pasillo hacia mi cuarto y con la misma delicadeza que me alzó me dejo en mi pequeño colchón en el piso. Abri mis ojos con esfuerzo y vi la mirada de lastima que siempre he odiado en Miguel, nuestro jardinero de toda la vida.

–Con cuidado pequeña –susurró tapandome y quitando el pelo de mi rostro golpeado–. Lo lamento, lamento todo el daño que te hacen.

Le sonreí forzosamente y negué.

–Estoy bien –mentí.

No quería la lastima de nadie ni problemas para ellos por mi culpa.

–Vayase, no quiero que tenga problemas –susurré aguantandome las ganas de llorar y gritar–. Gracias.

–¿Tienes algun remedio para beber? –preguntó viendo mi habitacion carente de muebles–. ¿Quizas en el baño?

Negué suavemente y suspiré.

–Solo quiero dormir –cerré mis ojos–. Gracias por traerme.

–Está bien, la dejaré dormir –cedió–. Descanse y recuperese.

Sonreí con los ojos cerrados y lo escuche moverse por la habitacion antes de cerrar mi puerta, finalmente las lágrimas abandonaron mis ojos y sollocé en silencio para que nadie pudiera escucharme botando toda la tristeza y rabia que habia en mi interior.

Debia hacer algo, intentar escapar o cualquier cosa, pero quién querría una Omega sin manada. Nadie.

Así que solo me quedaba aguantar y aceptar mi destino.

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