no frío y cortante. De hecho
alzaron la vista
la bailarina de porcelana, levantó la barbilla, y respondió: "No
e", objeté, avanzand
la alejó de mí. Mientras lo hacía, aflojó su agarre de la figura de porcelana
ba en silencio. Todo lo que pude ver fueron fragmentos blancos esparcidos por el suelo
mbros. No me percaté de que el niño lloraba de dolor, ni que Aide
terminó cayéndose, raspándose la rodilla en el proceso.
ó! ¡La tía Lott
, gritó Haven, cor
solo un niño!", exclamó mi sueg
a. Yo estaba en el suelo, rodeada de porcelana rota,
estello de algo, que podía ser reconocimi
de enojo, espetó: "Te dije que lo vigilaras. Qu
a, poniéndose a llorar. Luego, cargó a Leo y se apresu
dillándose a mi lado. Luego intentó tocarme el hombro, pero yo me aparté, así qu
tía que las palabras me raspaban
a...?", comenzó, con un
rré, recogiendo un pequeño y afila
dores del mundo, así que quedará como nueva. Lo prome
propósito. Y tú... simplemente lo permitiste", respondí, mie
años! ¿Quieres que le pegue?", inquir
que se di
voz que adoptaba durante sus ataques de ira salía a flote. "¿Por
cómo veneno. Luego, mirándolo directamente a lo
se instaló
porque sus padres murieron en un accident
de sarcasmo. "¿Y tú, por tu enorme bondad, decidist
usó su viejo truco de voltear mis sospechas contra mí, para hacerme quedar como la villa
s a Leo porque era lo correcto. Somos una familia", int
encia, a pesar de que intentaban sofocarme con sus mentiras. Sentí unas náu
uno por uno en mis manos ahuecadas. Cada borde afilado era un dolor fresco, un recordatorio de algo que se había destrozad
, lo miré, le dediqué una sonrisa fría y declaré: "Gracias por rega
nos y mirándolo a los ojos, le dije suavemente: "Sin e
fui, dejándolo de pie entre las
rofundamente en mis huesos, que me irí
caja de música. Desafortunadamente, mis esfuerzos fueron inútiles, pues las grietas eran visibles.
No mostraba su habitual expresión frágil y dependien
n una voz desprovista de calidez. "Quiero que f