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Historia
El hijo bastardo de él, la fortuna robada de ella

El hijo bastardo de él, la fortuna robada de ella

Autor: rabbit
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Capítulo 1

Palabras:2149    |    Actualizado en: 27/08/2025

uscando los viejos aretes de mi madre en la caja fuerte, cuando mis d

inmensa fortuna de Aiden no era yo, su esposa desde hacía siete años, sino un niño de cinco años llamado Leo Herrera. Además,

rás. Al enterarme de eso, el celular se me resbaló de las manos, y un entumecimiento se apoderó de mí. Me había pasado siete años justificando

tas de cristal, los vi: Aiden tenía a Leo sentando en su rodilla, y Haven estaba a su lado, con la cabeza sobre su hom

ctivos de los Knox al fideicomiso de Leo", dijo su padre,

nero de la familia de Charlotte siempre le pe

ra asegurar el futuro del resultado de su traición. Y todos lo sabían; de hecho, lo habían ayudado a conspirar en mi contra. Además, me

recámara, esa que habíamos compartido por siete años, y cerré la puerta. Miré mi reflejo, a

nunca te volveré

ítu

jos aretes de mi mamá en la caja fuerte, los que él insistía en guardar por "

Familiar Herrera". La abrí y, aunque el lenguaje legal del documento era denso, los nombres est

a desde hacía siete años, sino un niño de cinco años llamado Leo Herrera. Y

que la familia de mi es

eso tenía sentido. Llamé al abogado de nuest

un documento de fid

documento era real, estaba blindado, y

menzaba en mi pecho y llegaba hasta la punta de mis dedos, me invadía. Siete a

so. También era un hombre con una enfermedad que crecía en su mente. Los doctores lo llamaban Trastorno explosivo intermi

mbre se me quedara viendo un segundo más de lo que era prudente. Jamás me golpeó en el rostro, pues era demasiado inteligente para eso. En cambio, me agarraba de los brazos y clavaba sus dedos e

e pasó a centímetros de mi cabeza y se rompió contra la pared. Un fragmento de vidrio

Veía el terror en mis ojos, el daño que me había causado, y su expresión se volvía tormentosa. Luego, golpeaba

truo. Lo siento. Per

mía. Y lo justificaba diciendo que no era malvado, solo estaba enfermo. Me decía a mí m

ltraba sus llamadas, manejaba su agenda, y aprendí a leer los sutiles cambios en su estado de ánimo, como un marin

aranoia creció, las explosiones se volvieron más frecuen

a cenar que él pensó que acepté solo para desafiarlo, se encerró en el baño. Cuando escuché

dé nuestra infancia. Crecimos juntos. Él siempre fue un chico intenso y callado que me cuidaba. Golpeaba a cualquier matón que se atreviera a

ó al baile de graduación y lo amenazó con tal seriedad que lo hizo cambiarse de escuela. En ese momento, me dab

iera en su órbita. Su atención era un sol que me calentaba o me quemaba viva. Sin embargo, cr

la idea de que él sufriera solo era peor. No podía abando

ro tenía que mantenerlas alejadas de mí. Además, comenzaría a recibir terapia. Y la regla más importante, la que le hice jurar por su vida: sin

lecí. Se enfureció, rogó, trató de manipularme,

, y yo creí que habíamos encontrado una forma de sobrevivir. Pensé que su amor por mí era imperfecto, p

promesa que mantenía unido nuestro frágil mundo.

adoptara hace años, y a quien le doné un riñón cuando uno de los suyos fal

con la mente en blanco, y avancé por la silenciosa y fría mansión. Caminé, sin ser p

n de la terraza acristalada. Me acerqué sigilosamente, con el

a allí, meciendo al pequeño niño sentado en su rodilla. Haven estaba a su lado, con la cabeza apoyada sobre el homb

agen de una fam

tra la puerta y cont

ideicomiso de Leo está completa", le informó su padre, alzando

"El dinero de la familia de Charlotte siempre

i propio dinero, usado para asegurar el futuro del resultado de su tra

un puñado de pastel de chocolate sobre l

desencadenante clásico: un desorden inesperado, una interrupci

nte soltó una risa baja y gentil, agarró una servilleta y cuidadosamente, cas

¿verdad?", murmuró, antes de da

ra veía la verdad: su ira, su paranoia, su enfermedad, no eran para

tido común de ocultarle esto a Charlotte hasta que Leo fuera lo su

heredero. Nada puede cambiar eso", contestó

. Mi esposo, al que me había pasado años tratando de salvar,

lo. Luego, corrí de vuelta a nuestra habitación, esa que

da y tenía los ojos vacíos. Abrí el grifo y me lavé las manos, tratando de borrar la sensación d

bía ter

mujer que solía ser, mientras una prom

volveré a ver", susurré

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