labios. Era obvio que esperaba que gritara, que me quebrar
qué el impecable documento que mi abogado ya había red
e divorcio", dije. "Pero él no lo fi
que ser él quien terminara las cosas, a su manera. Desde su perspectiva,
o los ojos, antes de recuperar la compostura,
ero". Luego, se inclinó hacia mí y soltó en un susurro: "¿Te digo algo? Hemos estado juntos por mucho tie
que entendía sus demonios. Habló de una noche hace siete años, cuando
donante era una joven anónima que era compatible conmigo, pero en el último minuto hubo una compli
ágil cuñada, era compatible. Insistió en hacerse la prueba, pues
ado perfecto y conveniente. Ellos habían estado juntos desde ese entonces. Y la "complicación" con la donante original p
sa. Lo suyo no era una aventura reciente,
con una voz carente de em
la desconcertó, pues esa no era la
título. Quiero todo lo que fue tuyo". Luego, me miró de pies a cabeza y agregó con desprecio: "No me basta con que
a de mi recámara se
te. Soltó un grito de dolor, se tambaleó hacia
su rostro. "¡Charlotte, por favor! ¡Lo sien
alabras ante la auda
y mirándome con furia,
ió Haven. "¡Y aun así me empujó!
a, tan completamente infund
. "Aiden, hay cámaras en esta c
arido ni siquiera estaba escuchando. Estaba atrapado en su pro
ara. ¡Confío en mi hijo! ¡Y conf
var cada uno de mis movimientos, ahora se negaba a mirar lo único que demostraría mi inocencia. Por años, había afirmado qu
en, jalando del brazo a Aiden y re
con frialdad: "Charlotte, ya no sé quién eres. Has cambiado. Solías ser
on, dejándome sola en la habitación. El clic d
so y empecé a reírme. El
icado todo por él. Lo que había cambiado era nuestra relación. Se había podri