amián Mo
l motor del Ferrari gritaba, un eco mecán
ordo al estruendo de las bocinas. Cada segu
ía hac
ar suave donde aterrizaba cuando la sangre y los negocios se volvían demasiado. No se casaría
ero hasta que mis nudil
El. Solo
do contra el asfalto. Las agujas góticas de la Catedral Metropoli
idad de Mateo pulu
metal chirriando contra el concreto. Abrí la puerta
ardias, interponiéndose en mi
un hombrazo en el pecho, haciéndolo tropezar, e
primero. Un acorde profundo y r
ncienso y miles
trasera de la nave. Mi alien
ión de Monterrey estaba aquí. Los patrones
del largo pasil
Alto, ancho, irradiando un poder frío
hacia él e
sin espalda, escotado, exponiendo la piel crem
se enganchar
en su omóplato.
arcado por el encaje, exhibi
as bancas mientras yo
a la amante de Mateo todo el tiemp
tro. "Mírala. Camina hacia el Don
staban retorciendo alreded
o. No miró hacia a
na!",
ncio sagrado. El organi
ron. Cientos de ojo
se d
Solo hizo una pausa
do por el pasillo. "¡No pu
hacia el altar cuando un
e él, los principale
s. Su rostro estaba morado de rabia. "Ya has av
de empujarlo. "Está come
do de la primera banca. Sus ojos eran esquir
ndo más allá de ellos la espal
oso. "Si das un paso más, Damián, haré que s
con
. Fue lo único que pudo perforar
junto a Mateo ahora. No se h
xpresión era de abs
e dijo Mateo
enido por el agarre de mi padre, y vi a la mujer que

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