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ue caminaba de un lado a otro al otro lado del cristal. Mi amiga me dijo que era Dante Montenegro, el
destrozó más rápid
a Valeria -la viuda de un sicario por el que se sentía culpable-, dejándome para que me quemar
una maldición, pero fue un regal
e quitaba mi trabajo y mi lugar. Cuando ella incendió una habitación para culparme, Dante la salvó de nuevo, dejándo
ría ahí, la estatua obedi
quiv
su enemigo jurado, Enzo Alcázar. Un hombre que no solo prometi
erdad y se arrastró de vuelta a mí bajo la lluvia, rogando p
e la única pa
ndo que Dante viera exacta
ó que eres un error que
ítu
a Var
brara al Presidente, el añ
de un lado a otro tras el cristal como un tigre enjaulado, no
o, sincronizado perfectamente con el pi
hombre d
iaba ese poder oscuro y contenido que suele v
más que el sueldo anual de un cirujano, pero estaba a
a cono
or, o el miedo, o la adrenalina. Cualquier c
garganta me ardía, como si h
go en su portapapeles,
en conexiones emocionales especí
e golpe antes de que
s salvajes y las mejillas mancha
ios mío, est
tocar las vendas que envolvían mis costil
se tensó instintivame
nombre flotó desde la n
ojos muy abiertos,
recue
stado-. Eres Julieta Montenegro. Estuvimos juntas en el inte
iviada, limpiándose la nar
ensé que te habías
la pared de cristal, donde
. sabes q
su m
¿Quié
ó, una mezcla de lástima e incredu
te. Mi
significaba
-susurró, acercándose como si las par
amente a
omet
tua perfecta para él. Te aprendiste sus enemigos, sus preferencias de tequila, su lista
ero se sentían como la
raña pa
gunté, señalando la estéri
bajó a un susurro-. Un ataque al convo
el cristal-. ¿É
iéndose el labio has
xacta
im
esaban en el aire-. El coche estaba girando sin control. Tú es
ale
a de un sicario con e
quilleo de advert
ojos-. El coche se incendió antes de que pudiera volver por ti. L
é las
, con las uñas r
ejó en un coche en llamas
me agarr
enna. Tiene un complejo de sal
ba comp
ue yo era
agrietado que estaba
contraseña?
ta as
leaños. 14
eé 1
lla se d
olvió el
a foto casual de él mirando
la bilis me subi
n san
tomando café. Él entrando a
ación, un manifiesto de
color amaril
los mariscos. Revi
adre de Dante: comp
de mi propi
te
egándome ante un hombre que
por la garganta
amor por e
pruebas de la escena de un cr
ó Julieta en voz b
ra por primera vez en
e, mi voz inquie
é la prim
rr
seg
rr
ración y selecci
o por un instante, luego se
través del crista
nar y me mir
como la superficie d
ecía a
ue me estaba tardand
arté
Julieta -dije-. Neces
e vas a
a sigue en pie -dije, mira
eta
decir que no
o el fantasma de un dolor de ca
ompe un contrato. Me cas
s dedos rozando la
no voy

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