eta y dijo con un tono gélido y cortante: "Esto no
se momento era que el hom
mento demasiado largo. Los callos de sus yemas eran ásperos, lo que delataba un desgaste mayor que e
Fernanda descartó cualquier cu
ina de un coche rompió el silencio.
ía desabrochado la camisa, aunque lo
arrojó algo a Fernanda. "Disculpa las molestias. Considera
sión de una pantera,
tenue luz de las farolas, lo observó escalar la pared sin esfue
objeto que había dejado: u
la noche, pensó. Fernanda se guardó la tar
ón grabada en el rostro. "Señorita Morgan, espero que pudiera descansa
ros con indiferencia y
a por el retrovisor. Reclinada en su asiento, contemplaba el paisaje
campo. Su serena sofisticación y sus elegantes modales la distinguían, realzand
Fernanda llegó a las bul
reada, con calles llenas de vida
gada se deslizó en la exclusiva urbanización de Villas del Alba
gancia. Sus ojos recorrieron la gran
io de una vasta riqueza. Sus labios se curvaron en u
rigen humilde, había ascendido a la riqueza y
o la había dejado de lado fría
correspondía a la madre de Fernanda. Se deleitaba con los lujos y el respeto que nunca le pertenecieron. Peor aún, Michelle se había atrevido a alar
ncanto. Incluso tuvo la audacia de afirmar que era la verdadera madre de Fernanda. Pero Ferna
cieron por un momento, y un destello d
car justicia, pero ella juró q
mansión se abrió, revelando a la pa
a medida acentuaban su estatura. Sus gafas con montura dorada refl
ancia. Su vestido entallado se ajustaba a la perfecc
calidez, con una sonrisa en los labios mientra
nta de emociones que se arremolinaba en su
tura de Michelle, la presentó con un
hacia el salón, comentó: "
ró los ojos con aire crítico al ver el sencillo vestido de Fernanda, y su rostro se contorsionó en una mueca de despr
brazo. "Oh, Fernanda, Erika solo bromea. No le hagas caso. Te he
tó de su brazo y se dirigió
confusión cruzó su rostro. Se volvió hacia Roberto y l
voz, dijo: "Fernanda se crio en el campo. Es un poco arisca,
o. "No te preocupes", murmuró, con firmeza. "La guiaré mientras se adapta, le
yo en la espalda, con una expresi
chelle se sentó j
sistió, colocando una tierna loncha en el pl
a dejó caer en otro vacío con una clara mirada de disgusto. "Qué asco"

GOOGLE PLAY