VI
noción del tiempo, hasta que Mariela vuelve a entrar y le dice: -Hija, tengo buenas noticias: M
si fuera algo normal para él, como si estuviera haciendo un sacrificio o un favor. En caso de que sea cierto, te ofrezco hospedarte en mi modesta c
ija atendiera la cantina; interviene añadiendo: -Si ves, hija, te dije que todo saldría perf
furiosa, reclamándole: -Mamá, no sé cómo es posible que apoyes a este animal. A quien deberías denunciar ante las autoridades para que lo cojan preso po
pasan en las esquinas, consumiendo porquerías y con las orejas llenas de a
aprovecha la oportunidad que le estoy dando, para que quede con su honra intacta
Lo único con lo que pudo descargar su rabia fue gritándole: -¡Asqueroso, usted se aprovechó de mí, usted me violentó, no me puedo ir a
cas, eso sí, te portas bien. También deja de decirme violador, que cuando pasó lo de nosotros ni te quejaste. Aparte de todo, que lo único que me puede decir que la niña es mi hija es por el color de piel, pero
amilla hallando algo de un metal helado, que se lo arroja sin ni siquiera pensar qué era, y resultó ser un recipiente que recibe los fluidos corporales. Lástima que estaba medio vacío, porque le da a Moncho en la cara y el contenido le llena la cabeza y le ensucia la camisa,
l ver esa carita hermosa la abraza tranquilizándose, y mejor piensa en buscar otras soluciones; supone que le tendrá que salir a tocar puertas, qu
que llame a un familiar. -Era lo que le decían las enfermeras a
No, señorita, no tengo a nadie, mis padres me echa
y acariciando al bebé: -Señorita, me pareció escuchar eso, es terrible. Cálmese, que yo la puedo ayudar por unos días, aunque sea. Yo vi
o, que el sol sale después de la tormenta y cont
dole: -Las personas estamos para servir; el que no vive para servir no sir
un ángel, el cielo me la envió. Yo sabía que no podía ser tan salada; le acepto su ayuda,
uridad de su desgracia, aunque después se estrellaría con un muro de mentiras que

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