O
hacía creer que la tierra desprendía una energía especial, un operativo policial rodeaba por completo un edif
estaba saliendo en comerciales y revistas. Tenía solo cuatro escoltas para su seguridad; inclusive eran más de lo habitual que usaba en la ciudad, donde le gustaba tener un perfil bajo; muchas veces se vestía con harapos y recorría las calles de la ciudad sin compañía. De esta manera se sentía l
llo, hablando entre ellos. Jefferson, el más antiguo, un ex-m
n y ganan mucho dinero. Pero descubrí que no hay cosa más complicada que hacer ejercicio para bajar de peso. Era más sencillo
ro pretendía estafarlo, por eso el capo lo nombró escolta. Es que ni porte tenía, era flaco y bajito, aunque muy d
, llamado John. Este llegó al puesto porque era el hijo de una comadre del jefe. Intento ser amable reponiéndole mejor. -Don Jeff
ambién fue policía, pero echado debido a que fue video grabado recibiendo sobornos; le agrego esto a la charla: -Don Jefferson, lo que tiene que hacer es mentalizarse; recuerde que todo está en la mente. No suponga que puede adelgazar de un día para otro; de igual que no engordó en un instan
en voz baja: -¡Huy, se nos metieron! Observen con disimul
del oscuro panorama, y exclamó: -¡También están b
os, ya nos metieron, no tenemos posibilidad de salvarlo. Debemos tratar de salvarnos nosotro
altanero: -¿Qué sucede, mequetrefe? Les dije muy claro que no que
lo le pudo exponer:
das las habitaciones, encontrando lujo en exceso, ropa en el suelo y un par de botellas
el cual los policías no pudieron correr ni abrir, hasta que uno de ellos lo golpeó con la culata de su arma para romperlo en astillas. Como la falsa pared detrás de eso, que tenía un túnel pequeño que llevaba a una escalera pequeña, desde donde varios po
a familia para que fingieran que vivían con ellos, hasta que se pudieron marchar. Jefferson, quien era el líder por su experienc
o observándole: -Espere, socio, no es justo lo que usted está planeando, usted se quie
ese dinero no lo merecemos todos, sería como nuestra liquidación, lo vamos a re
oz bajita: -Es que ese dinero es del jefe, qué tal salga y
i lo dejamos aquí, de seguro que tarde o temprano la policía lo encontrará. Mejor sugiero que lo repartamos en p
pacto de cesantes en lugar de verlo
el dinero en un sitio seguro. Y todo iba bien hasta que a Juan se le dio por hacer una fabulosa propuesta: -Compañeros, tengo sed, vamos, nos tomamos algo para celebrar
ar, la policía nos puede estar buscando; además, cogi
ntramos una iglesia abierta en el camino, rezaremos por el gran jefe para que lo liberen pronto. Mejor relajémonos y vamos
es esperaba otra aventura, incluso se

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